Seguro que a todos Vds. les suena. Son las primeras palabras de una canción que cantaban los Payasos de la Tele, mejor conocidos, si cabe, como Gabi, Fofó y Miliki, en la que relataban la curiosa historia de una niña sin nombre ni apellidos que quería salir a jugar con sus amiguitos pero no podía hacerlo porque tenía una serie de trabajos domésticos que llevar a cabo antes de poder permitirse semejante expansión.
 
            Yo tengo que confesarles que cuando a principios de los setenta oía esta canción, el tema se me hacía raro. Por muy vivo que estuviera Franco, autor y responsable de todos los males de España desde mucho antes de la invasión de los romanos, lo cierto es que en mi entorno, ni creo que en entorno alguno dentro de nuestro suelo patrio, ninguna niña dejaba de salir a la calle a jugar con sus amiguitos por tener que llevar a cabo en su casa semejante tipo de labores domésticas, -lavar, planchar, coser, cocinar y no sé cuántas otras-, y eran muy pocas las que ni siquiera sabían hacerlo en tan temprana edad como la que la canción refería (puede que sí en la generación de sus madres, pero no en la de las que la compartían conmigo). Tal vez algo así ocurría en otras sociedades contemporáneas de la mía española, y desde tal punto de vista, no ha de olvidarse que antes de triunfar en el modo arrollador que lo hicieron en España, los famosos payasos de la Tele lo habían hecho varios años antes en Cuba y Argentina, en donde tal vez la letra de la canción tuviera mayor vigencia, me cuesta creerlo, pero quien sabe…
 
            No dejaba, con todo, la canción, de encerrar una pequeña moraleja en modo alguno desdeñable, a lo mejor mal expresada, pero en todo caso, aprovechable, cual es la de que todos los niños tienen que ayudar en su casa a las labores domésticas, y también la de que ningún niño (ni nadie) debe anteponer la devoción a la obligación, el juego al estudio, el ocio al trabajo. Interpretémoslo así si les parece a Vds..
 
            Cual es mi sorpresa cuando más de treinta años después, me vuelvo a encontrar la cancioncita de marras cantada por los payasos, mejor dicho por alguno de los payasos, Miliki, Fofito, -ya no estaban entre nosotros, por desgracia, ni Fofó ni Gabi-, en una nueva versión. Ahora bien, la letra ya no es la misma, la niña ha desaparecido y ha sido sustituída por un extraño “marido”, y dice cosas así como “lunes antes de almorzar, un marido fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que… (lavar, planchar, coser, cocinar y no sé cuántas otras cosas)”, etc. etc. etc. Pero por Dios ¿de quién ha sido la idea?
 
            “Un marido fue a jugar, un marido fue a planchar, un marido fue a coser, un marido fue a lavar, un marido fue a guisar”… ¿pero quién ha pronunciado jamás frase semejante? De verdad, ¿ha escuchado Vd. alguna vez en su vida de un “marido” que se haya ido de viaje, de un “marido” que lea un libro, de un “marido” que haga su cama, o de un “marido” que coma, que duerma o que haga pompitas? Los “maridos” no hacen esas cosas, tampoco las “esposas”, por cierto, ni los “cuñados”… las hacen las personas, las hacen los hombres, las hacen las mujeres, las hacen (como lo hacía en la antigua versión de la canción) una niña o un niño… ¡pero “un marido” (?)!
 
            La intención es más que evidente: un canto de cisne a las nuevas corrientes de la ideología de género y del feminismo que lo impregnan todo, pero por favor… de una grosería zafia en exceso, de un oportunismo en demasía evidente.
 
            La canción, como insinúo al principio, no es imprescindible en el repertorio de los payasos mágicos que fueron Gabi, Fofó y Miliki. Al lado de “La Gallina Turuleta”, “El coche de Papá”, “Susanita tiene un ratón”, “Un barquito de cáscara de nuez” palidece como palidecería el “Baila el chiqui-chiqui” del Chiquilicuatre en el repertorio de Mozart si después de una mala pesadilla, hubiera sido éste su compositor. En un remake de las mejores canciones de los Payasos yo habría votado por suprimirla por su escasa calidad y en todo caso, por su mensaje de difícil comprensión y de incompleta explicación en los tiempos actuales. Ahora bien, si por cualquier razón que escapa de las que puedo imaginar, hubiera tenido que incluírla, lo habría hecho en su versión original… La que nos ofrece Miliki sonroja, pone los pelos de punta, avergüenza… produce, a decir verdad, congoja... congoja y pena... pero poco más.
 
            Y sin más por hoy, me despido de Vds. deseándoles, como siempre, que hagan Vds. mucho bien y no reciban menos.
 
                Dedicado a mi gran amiga Bea, cuya siempre amena e interesantísima conversación se halla en la base de la gestación  de este artículo.
 
 
            ©L.A.
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