Año del Señor 2018
20 de julio 
 
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              
 
A FLOR DE PIEL
 
Ayer vinieron unos amigos de visita y, como ya nos conocen, nada más vernos, la pequeña nos preguntó casi a modo de saludo: “¿Me podéis traer una de las tortugas?”  
 
Me hizo un mucha gracia, porque se acordaba de que, alguna de las veces que ha venido antes, se la llevamos al locutorio para que la viera. Aquel detalle se le quedó grabado. 
 
O, por ejemplo, cuando vienen mis sobrinos, me piden que les saque las espadas que Lety aún conserva de su etapa de esgrimista. 
 
Y es que los niños son geniales, ¡siempre se quedan con lo que más les ha gustado! En ellos hay todavía un asombro por las cosas, y cualquier nuevo acontecimiento se convierte para ellos en motivo de alegría, de felicidad. 
 
Me doy cuenta de que, conforme nos vamos haciendo mayores, vamos dejando a un lado esa capacidad para asombrarnos, y puede que incluso pasen días y días por nuestra vida como si nada nuevo hubiera sucedido. Pero, ¿acaso esto es real?
 
Todos sabemos que no, que cada día es nuevo, es un regalo lleno de sorpresas, de nuevas aventuras, de encuentros con personas que no son indiferentes para nosotros. 
 
Entonces, ¿qué nos diferencia de los niños? 
 
Que ellos viven mucho más con el corazón a flor de piel, viven con mucha intensidad. Pero, al ir creciendo, los tropiezos de la vida, las preocupaciones por las “cosas importantes”, nos hacen ir escondiendo el corazón en lo más, más, más profundo de nosotros. 
 
Pero nada es imposible para el Señor, porque el corazón, aunque a veces no lo sintamos, sigue ahí, latiendo. Tan solo necesitamos una cosa para oírlo: parar. Pararse a orar, a reflexionar, a preguntarLe al Señor: “¿En qué me has sorprendido hoy?” o “¿En qué momento del día te he podido vislumbrar?” 
 
Las cosas realmente suceden, y nos tocan, pero vamos muy rápido; si no paramos y volvemos sobre nuestro corazón, no sabremos ni ponerle palabras. 
 
Hoy el reto del amor es parar. Hoy el Señor te va a buscar la oportunidad de parar con Él unos minutos: quizá cuando vayas solo en el coche, en el despacho, en la capilla o incluso en la tumbona de la playa. No dejes que los días te vivan a ti; para con Él y permíteLe que vuelva a poner tu corazón a flor de piel. 
 
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¡Feliz día!
 
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