Está claro que todo el mundo relaciona la práctica deportiva con los valores. A los clubes se les llena la boca hablando del tema; la gente suele decir, quedando más que satisfecha, que practicar un deporte es bueno para los jóvenes porque así no salen por la noche; un deporte de equipo infunde valores… Ahora, cuando se toca el tema en profundidad, es muy difícil definir con claridad los valores que se promueven y la forma de hacerlo.

El pasado domingo se vivió la Super Bowl más apasionante de las 49 que se han disputado. Fue apasionante por lo incierto de su resultado, porque fue el programa más visto en la historia de la televisión de los Estados Unidos con una media superior a 114 millones de telespectadores, porque Tom Brady empató el récord de más victorias logradas por un quarterback en una gran final de la NFL (4), sólido argumento (lo siento Joe Montana) para ser considerado el mejor jugador de todos los tiempos… Pero también lo fue porque pudimos palpar, en la gran disputa entre New England Patriots y Seattle Seahawks que acabaron ganando los primeros 28-24, una serie de valores que no deberíamos dejar pasar por alto.

Planificación  

Para mí Bill Belichick no es el mejor entrenador de la historia (el sitio se lo reservo a Vince Lombardi), sin embargo no hay nadie que le supere como estratega. Este admirador de Winston Churchill salió al campo con un plan, con una idea claramente trazada que le permitió dominar con claridad la primera mitad, aunque el marcador, debido a la magia de Russell Wilson, quarterback de los Seahawks, indicara 1414 al descanso.

Tenacidad

Era fácil claudicar después de no haber completado un solo pase en el primer cuarto y que la defensa de New England detuviera una y otra vez al corredor de Seattle, Marshawn Lynch. Sin embargo, el ataque de los Seahawks perseveró, siguió dándole la pelota a este jugador al que apodan La Bestia y obtuvo grandes resultados. Tales que, con el marcador 2414 al final del tercer periodo, parecía que Seattle repetía como campeón de la NFL.

Humildad  

Es de sabios, pero sobre todo de humildes, corregir sobre la marcha y Belichick, a pesar de haber ganado tres campeonatos, se remangó y se puso a explicar pacientemente a su defensa la estrategia para detener al demoledor Lynch y al habilidoso Wilson. En ataque, el entrenador de los Patriots también hizo un par de ajustes que funcionaron a la perfección, destacando sobre todo el abrir la posición del gigantesco Rob Gronkowski, haciendo su marca prácticamente imposible para la defensa de los Seahawks.

No rendirse

Era muy fácil dejarlo todo. Había hecho un buen partido, pero perdía por diez puntos y delante tenía a la mejor defensa de toda la NFL. Pero Tom Brady es un ganador nato, un hombre altamente competitivo que supo responder y jugar mejor cuando las cosas iban peor. Condujo a su ataque a dos nuevos touchdowns que acabarían dando la victoria final a los Patriots. Brady también tuvo su premio individual, siendo reconocido como Jugador Más Valioso del partido.

Aprovechar la oportunidad

Las oportunidades muchas veces pasan solo una vez en la vida y Malcolm Butler, que trabajaba como camarero en la cadena de restaurantes Popeyes hace solo cuatro años, la supo aprovechar. Es cierto que el error en la decisión del entrenador de Seattle, Pete Carroll, fue enorme. Con toda probabilidad, una carrera de Lynch hubiera dado el título a los Seahawks, pero Butler anticipó el momento, jugó su carta y se quedó con el balón, sentenciando el triunfo de New England. Un hombre que nadie quiso en el pasado draft (selección de jugadores) y que los Patriots firmaron como agente libre fue, junto a Brady, el gran héroe de la gran final. En agradecimiento, el quarterback le regaló el 4 x 4 que otorga la NFL al Jugador Más Valioso de la Super Bowl.

Honestidad

¿Cuántos entrenadores vemos cada semana en ruedas de prensa echándole la culpa a otros: al árbitro, al calendario, a la mala suerte, al clima, al terreno de juego…? Carroll fue honesto y admitió su error. “Ha sido culpa mía y de nadie más; asumo la responsabilidad totalmente”, dijo al finalizar el partido el entrenador de los Seahawks.

Sin duda, las palabras de Carroll son un excelente colofón a una noche magnífica, llena de emoción y pasión. La alegría se desbordó en la zona de Boston y la tristeza bañó las aguas del Pacífico Noroeste. A los demás, seamos del equipo que seamos, esta Super Bowl nos ha dejado un gratísimo sabor de boca y muchas lecciones para meditar.