“La vida religiosa es la consagración a Dios, en cuerpo y alma, por amor a Él. Es una vida de paz, de serenidad, de amor. Una vida que debe ser ecuánime y coherente.

El fanatismo religioso es todo lo contrario: es un amor a sí mismo, un aferrarse a algo para cubrir otras necesidades y llenar la vida de ‘un algo’ que tenga sentido. En ellos no hay paz, sino discordia y hasta agresividad. No hay ecuanimidad ni coherencia. Y, por supuesto, no hay amor al prójimo ni a Dios”

Papa Francisco

EL FANATISMO EN GENERAL

El fanatismo se manifiesta como una exaltación o entrega apasionada y desmedida a una idea o a unas convicciones consideradas como absolutas y que, por ello, hay que imponerlas a los demás por cualquier medio. El fanático es terco y obcecado, intolerante y agresivo, rígido e incapaz de dialogar, con una visión distorsionada de la realidad y una radicalidad ideológica muy intensa.

Desde el punto de vista epistemológico, o sea, de la doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico, el fanático se asemeja curiosamente al relativista, o sea, a quien considera que el conocimiento humano solo tiene por objeto relaciones, sin llegar nunca al de lo absoluto, en la medida en que para ambos no cabe el debate o la búsqueda común de la verdad. El fanático cree poseer la verdad de manera tajante y afirma tener todas las respuestas y, en consecuencia, no necesita seguir buscando a través del cuestionamiento de las propias ideas qué representa la crítica del otro.

El fanatismo defiende un punto de vista que es muchas veces totalmente irracional. Las opiniones de un fanático son consideradas por las demás personas como algo imposible de cuestionar, pues las creencias arraigadas del fanático no lo permiten. El precio a pagar por la cristalización del pensamiento engendrada por el fanatismo resulta caro. El alejamiento de la verdad es una de ellas, porque para profundizar en el conocimiento debemos estar abiertos al descubrimiento de la parte de verdad presente en los demás, dentro de una humildad intelectual.

Psicológicamente hablando, el punto de vista del fanático es desarrollado por la ansiedad de estar seguros de algo de lo cual se sienten inseguros. En cierta manera, el fanatismo es una especie de mecanismo de defensa. La persona fanática no duda ni un momento el hecho de poseer la verdad en su poder, y no necesita por ello cuestionarse esa verdad tal como lo haría el relativista. Al fanático no le importan las críticas aunque éstas sean constructivas; simplemente no le interesan. Se une al grupo al cual pertenece y se encierra en sus creencias, y los demás le tienen sin cuidado.

Por lo general el fanático es una persona ignorante e ingenua, con un razonamiento apenas suficiente para justificar y defender sus creencias. Es muy difícil, y a veces hasta imposible, que el fanático acepte consejos, lo cual hace extremadamente difícil su evolución y cambio de mentalidad.

Las características de la persona fanática son las siguientes:

Cree tener la verdad, sin poder ser cuestionada por nada ni por nadie. No razona y tampoco admite una discusión sobre lo que considera dogmas no debatibles. Trata de imponer sus propias creencias sobre los demás y forzarles a que crean tal como la persona fanática cree. No cree en la diversidad de pensamientos ni en la posibilidad de abrirse a nuevas ideas. Las diferencias las considera de manera radical y no admite los matices. Dentro del fanatismo pueden nacer nuevas ideas, igualmente fanáticas, reformadas por la persona que cree tener la verdad.

EL FANATISMO RELIGIOSO

El término religión deriva de la palabra latina religare, que significa unir, y en el caso religioso expresa el unir al creyente con Dios. Religión puede definirse como un conjunto de creencias, dogmas y prácticas relativas a lo que el individuo considera como divino o sagrado. En la actualidad una gran gama de religiones están presentes en nuestra sociedad y en nuestras vidas, cosa que para algunas personas no reviste de trascendental importancia ya que ellas cuentan ya con una determinada religión y es con ella con la que comulgan. Hay otras personas que piensan que el hecho de que existan diversas religiones es algo absurdo, ya que todas las religiones tienen un fin común que es, como mencionamos antes, unir al hombre con Dios.

El fanático religioso se identifica con un individuo de conducta ciega dentro de una religión en particular, la cual le lleva a la intransigencia hacia otras personas que no son fanáticas, mediante una lógica inflexible. En realidad la diferencia entre una persona religiosa y otra fanática radica en el hecho de que la persona religiosa ve la religión como un medio para conocer a Dios y creer en Él, mientras que la persona fanática ve la religión como algo incuestionable, como si fuera el propio Dios.

Es precisamente en este contexto donde aparecen algunas manifestaciones religiosas con una fuerte carga de fanatismo, lo cual orienta la experiencia religiosa de una manera destructiva, pues se trata de verdaderas patologías o enfermedades. El fanatismo es como un virus que, cuando ingresa éste al universo religioso de una persona o de un grupo, produce una serie de trastornos psicológicos y sociológicos con una fachada religiosa. Voltaire, en su Tratado sobre la tolerancia, lo define como una locura religiosa, sombría y cruel; una enfermedad que se contagia como la viruela.

La raíz del fanatismo religioso es la angustia de la persona ante la presencia del Misterio. La religiosidad auténtica supera esta angustia mediante la fe y la confianza que abre al hombre ante Dios en una total disponibilidad para hacer Su voluntad, percibida ésta siempre con temor ante una revelación. La persona auténticamente religiosa nunca tiene una seguridad absoluta de conocer con exactitud la voluntad de Dios, como fue el caso de Abraham, Moisés, Isaías o Jeremías, que sintieron temor e incluso vacilación ante la abrumadora presencia de Dios. Esto quiere decir que el Misterio divino nunca es totalmente comprensible o abarcable por el entendimiento y la voluntad humana, tan limitada e imperfecta.

Pero aquellos con un denotado fanatismo religioso creen tener la verdad absoluta y no se cuestionan la existencia de ninguna otra creencia mas que la suya propia, no siendo capaces incluso de razonar de una forma civilizada ni lógica cuando alguien pone en duda algunos valores de la religión que practican, con lo cual están perdiendo su capacidad crítica y un lógico discernimiento de los temas religiosos. Una idea fundamental suele alimentar la intolerancia y la falta de respeto de la persona fanática en materia de religión: que las demás personas no conocen cómo adorar a Dios de una forma que a Él le complazca; sólo ellos saben cómo debe hacerse y por qué medios.

Pero la persona fanática debe tener siempre presente que cuando se combina la religión con otros factores de carácter económico, político e ideológico, puede tener consecuencias desastrosas para la humanidad. Este puede ser un ingrediente muy presente en algunos de los movimientos terroristas que se han puesto en el centro de la escena mundial; de ahí que sea necesario identificar y caracterizar la naturaleza de estas patologías religiosas, capaces de las acciones más perversas en el supuesto nombre de Dios.

CONCLUSION

Analízate a ti mismo y sé tú mismo en el contexto de tu religión. Escucha otras ideas y, sobre todo, no trates de imponer tus creencias bajo ninguna circunstancia.

Acude a tu Iglesia y practica sus rituales, pero no frecuentes sectas o personas fanáticas que puedan introducirte en una de ellas.

La mejor receta contra el fanatismo es ser abierto y permeable a los distintos temas y opiniones, así como saber perdonar y ser tolerante. Acepta los diferentes matices que se te presentan y analízalos, tanto en tu comportamiento como en tu actitud hacia los demás.

Pero jamás impongas tu forma de pensar o de actuar, ya que si lo haces estarás propiciando que el virus del fanatismo se apodere de ti.