Poco se sabe de San José a primera vista. Los Evangelios apenas nos ofrecen datos, ni siquiera una palabra de su boca. Hay silencio en la vida de San José narrada en la Sagrada Escritura. No por ello se ha dejado de lado el interés por el conocimiento del padre de Jesús y esposo de María. Mucho se ha trabajado sobre él. Desde los albores de la Iglesia allá por los siglos II y III hasta nuestros días en los inicios del siglo XXI diversos autores, santos, investigadores y papas han querido acercarse de verdad a San José.

Por eso es fácil encontrar publicaciones de diverso tipo al alcance de todos los devotos de San José. Entre ellas podemos descubrir una biografía especial: Josefina. Es antigua, del siglo XVII, pero se puede leer sin problema tal cual es escrita por su autor, el carmelita descalzo compañero aguerrido de Santa Teresa de Jesús, el P. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios. Nos ayuda a conocer con detalle espiritual la figura de San José y crecer en su amor para querer cada día más y mejor al que también nos abre su corazón para escuchar todo lo que presentemos ante él, porque no sólo hay un Corazón de Jesús, también hay un Corazón de San José.

La estancia del P. Gracián en Roma da lugar a la génesis de esta obra dedicada a profundizar en el conocimiento de San José. Corre el año 1596, es la fiesta de Santa Catalina, y se encuentra en conversación con el Maestro del Palacio Sacro. Mientras dialogan llegan dos carpinteros que son los mayordomos de la cofradía de San José. Quieren publicar un libro de alabanzas y oraciones a su santo patrón, San José. El Maestro les niega el permiso y lloran. Sus deseos no se ven colmados. Se van tristes y llorosos. Este llanto de dos carpinteros devotos de San José emociona al Maestro del Palacio y al P. Gracián. Entre esas lágrimas y los sentimientos que producen se gesta Josefina. El Maestro pide al P. Jerónimo Gracián que sea él el que prepare y publique ese libro.

El P. Gracián acepta con gran alegría dicha invitación. Para él es una señal clara de que Dios no le abandona y le pone como compañero de camino en su vida al glorioso patriarca San José. Como fiel discípulo y a la vez confesor de la Madre Teresa de Jesús, cuya causa de canonización se prepara en Roma en esos años, el P. Gracián es un gran devoto de San José. Para Santa Teresa era el de mayor devoción según se lee en un papel que recoge a los santos más cercanos en su vida espiritual. Esos diálogos que han tenido los dos, fray Jerónimo de la Madre de Dios y la Madre Teresa de Jesús, han hecho de este escogido fraile un gran difusor de la figura de San José. Él mismo en el prólogo de Josefina lo confiesa, dice textualmente: “Fue el primer Santo que me cupo en suertes por devoto”.

No veamos sólo al P. Gracián conmovido por las lágrimas de unos carpinteros o con gran devoción a San José, sino que además hay que tener en cuenta que es un gran hombre de Dios: ferviente sacerdote de Jesucristo, modelo trabajado de vida religiosa, predicador insigne y virtuoso, espejo donde se refleja la vida del espíritu,  buscador constante de la Verdad,  pastor incansable de aquellos que se encaminan a Dios, guía de almas que quieren ser santas,… ¡Este es el P. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios! La historia ha querido silenciar a este modelo de carmelita descalzo heredero y transmisor apasionado del carisma que deja Santa Teresa. Empieza a moverse ahora un poco el interés por él, pero no basta, sino que es hora de presentarlo como ejemplo de vida santa y promover el proceso de beatificación de aquel que dedica su vida a estimular el provecho de las almas.

Si ahora unimos todas estas realidades nos encontramos cara a cara con la motivación profunda y sincera por la que el P. Gracián escribe su Josefina. El inicio del prólogo lo confirma con lucidez: “La devoción del glorioso San José, el provecho de las almas, y la ternura que me causaron las lágrimas de unos carpinteros, benigno lector, me movió a escribir este sumario de sus excelencias”.

Este año es muy especial, estamos en el 150 aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Católica. Así lo declara el Papa Pío IX en 1870. Más tarde Pío XII lo presenta como Patrono de los trabajadores y el gran Santo y Papa, San Juan Pablo II, nos invita a acercarnos a él como Custodio del Redentor. Y además en el pueblo fiel San José siempre es invocado como el Patrono de la buena muerte. Para recordar este aniversario de San José, el Papa Francisco nos ha regalado un año jubilar de San José y nos ha escrito una carta apostólica, Patris Corde (Corazón de Padre), para saber aprovechar bien las gracias que se pueden alcanzar a la vez que nos invita a conocer de manera íntima a San José por medio de dicha carta. Y ese corazón de padre es el que el P. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios nos va mostrando en su Josefina.

Leer la Josefina del P. Gracián es poner la mirada en San José, ese gran santo, patriarca, protector y patrono que Santa Teresa toma para su obra en la Iglesia: el Carmelo Descalzo. Ella lo difunde, le rinde una devoción que contagia a todos y revela su gran poder como intercesor en el cielo ante su Hijo Jesús.

Es hoy día 1 de mayo de 2021, día de San José obrero, día propicio para animarse a leer esta biografía recién reeditada https://criteriaclub.es/tiendaonline/es/novedades/3722-josefina-9788409298006.html  que abre a un nuevo horizonte. Si te decides, te lanzas y comienzas a pasar tus ojos por las páginas de Josefina hazlo despacio, rúmiala, saboréala, sácale todo el jugo que lleva dentro y así vas a encontrar un pasto abundante, sabroso y provechoso para tu alma al mismo tiempo que te vas a hacer amigo, devoto y difusor de San José para el bien de tu alma, como quería Santa Teresa de Jesús y el Padre Gracián cuando la escribe; para que ahora, cuatro siglos después, la encuentres tan antigua y tan nueva a la vez que no quieras otras cosa sino gozar de ese Corazón de Padre que está esperando escuchar la voz de su hijo para empezar a andar, crecer y rezar tomado de su mano. Una mano que protege a la Iglesia y a tu familia, tu trabajo y tu vida. Es bien fácil. Lee, reza y vuelve tu mirada al Esposo de María, Padre de Jesús, Varón justo, Ángel en la tierra y Hombre contemplativo llamado José. ¡Vuelve a San José!