Quiero empezar  recordando  las cualidades  del remedio universal al que me  he estado refiriendo últimamente, el caldo de pies de ternera (ver post anteriores) que no solo es capaz de reparar las mucosas en casos de inflamación del estómago y los intestinos,  sino que, además, ayuda en las colitis, enfermedad de Cronh y en los casos de permeabilidad intestinal. También, en los casos de cáncer,  ejerce un efecto inhibidor  de la angiogénesis (proceso de generación de nuevos vasos sanguíneos que sirven para aportar  nutrientes­­ –“comida”– a un tumor),  gracias a las proteínas del colágeno procedente de los cartílagos como comentábamos. Otro alimento-medicina, muy  recomendado  por santa Hildegarda, es  la  espelta. En   sus múltiples presentaciones y formas de ser preparada,  produce  una serie  de efectos beneficiosos en nuestro organismo de los que solo destacaremos  hoy su  acción antiaglomerante  de los componentes sanguíneos  y reguladora del PH  de la sangre.

Muchos estudios, de universidades alemanas  especialmente, demuestran  que estas observaciones no son afirmaciones gratuitas de los amigos  de Santa Hildegarda ya sean médicos o pacientes.

Hoy quiero  referirme  de manera especial a un aspecto fundamental que, muchas veces en este mundo moderno sometido a un ritmo frenético, tenemos olvidado. Son realidades  que, a pesar de parecer verdades de Perogrullo, no están siendo  comprendidas por el gran público puesto que no llegan a convencer a la gente de la imperiosa necesidad de un cambio de formas de vida más saludables…

Estamos viviendo  en la actualidad un momento  en el  que la presencia de Dios en la vida social, en el imaginario colectivo, en los medios de comunicación y en todos los aspectos de la sociedad en general, casi no se percibe.

Una persona que se sabe hijo de Dios y que experimenta lo que significa ser un hijo querido por su Creador, debería  vivir  sin miedo. Sin embargo vemos que  el miedo está presente en la vida cotidiana en muchos ámbitos. El miedo desencadena en las  personas  muchos bloqueos y enfermedades, nos hace dependientes, manipulables e incapaces de tomar nuestras propias decisiones.

El miedo se manifiesta de muchas maneras:  Miedo ante las otras personas, a  Dios, ante la vida, miedo de los animales, miedo a las enfermedades como el cáncer,  miedo a perder la cabeza, a la vejez, etc.

Si  confiásemos en nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, no tendríamos miedo. La fuente de todo poder, Dios  Nuestro Señor, el Dueño del universo, es más fuerte que cualquier miedo. Jesús dijo : "En el mundo tendréis aflicción ; pero confiad, yo he vencido el mundo" (Jn. 16 , 33)  y  "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." (Jn.  5 , 12ss.)

Hoy quiero referirme a  los miedos en el ámbito de la salud. Con los avances de la Genética se han vuelto rutinarios los análisis que nos indican si tenemos un riesgo elevado o no de contraer determinada enfermedad  de acuerdo a nuestro material genético. Así vemos a muchas personas someterse a operaciones quirúrgicas muy agresivas, por miedo a padecer en el  futuro tal o cual  enfermedad, solo por el hecho de que en su familia se han dado varios casos.

Esta manera de ver las cosas adolece de un determinismo como si cada ser humano no fuese un hijo de Dios del cual Él se ocupa amorosamente en la medida en que nosotros le dejemos actuar.

Tampoco  las investigaciones científicas recientes  llevadas a cabo en los 5 continentes  arrojan resultados que apoyen esa forma de pensar  a la que me he referido.

En efecto, una  dieta sana y un estilo de vida equilibrado y  lleno de sentido  que permitan la plena realización de la persona,  afectan a nuestra salud en una proporción que alcanzaría el 80%, según confirman recientes  estudios globales muy serios. La incidencia de las enfermedades autoinmunes, en particular la tasa de cáncer, podría verse drásticamente reducida si atendiésemos a estas dos condiciones aludidas.

Santa  Hildegarda de Bingen ya hace casi 900 años  nos decía que debemos considerar la salud en sus  componentes físicos, mentales y espirituales  y que, en realidad  la salud,  depende principalmente del estilo de vida que llevemos y de como nos alimentemos.

En el post siguiente hablaremos en detalle de las reglas de vida saludables que  Santa Hildegarda nos regaló. (Continuará…)

Juan Antonio Timor.