Su diócesis, en  Camerún, abarca 34.600 km cuadrados, una inmensa extensión, sin apenas infraestructuras, dónde los sacerdotes cumplen su misión con una gran espíritu de sacrificio y entrega. Ahora l’Abbé Bertrand Marcelle Ewoti vuelve a su país tras seis años de estudios “sin planes de futuro y disponible a lo que me pidan para servir al Señor en su viña”, asegura.

Ante tales distancias, el número de sacerdotes resulta escaso para trabajar en todos los lugares donde se les requiere y necesita. A esto se suman las escasas parroquias y lugares de reunión, y el difícil acceso a las zonas rurales (la mayoría) provocado por las difíciles carreteras, sin medios de transporte públicos, sin electricidad, etc.

Pero l’Abbé Bertrand ve sobre todo el lado positivo y la mano de Dios. En este difícil contexto, el proyecto pastoral sigue una guía de trabajo titulado: “Iglesia, familia de Dios”. Todo un proyecto que muestra su identidad y misión, y en los que todos los sectores de la pastoral resultan importantes.

“Sobre la historia de mi vocación, podría escribir un libro entero”, asegura con una gran sonrisa mientras continúa su relato. “De familia cristiana, fui bautizado y recibí la confirmación y, luego, estudié en una escuela católica. Durante la etapa de estudiante estuve muy comprometido con diversas asociaciones cristianas, pero fue después de licenciarme cuando comenzó mi dilema: ir al seminario o continuar mis estudios para ser periodista o abogado. Finalmente, con la ayuda de la oración, ingresé en el seminario”.

Tras cursar tres años Propedéutica y Filosofía, dos años de experiencia pastoral, y tres años de Teología, se ordenó diácono el 28 de junio de 2008, en la Basílica de Yaoundé (Camerún) y, como presbítero, el 17 de enero de 2009, también en su país natal.

Asegura que ha pasado por momentos de angustia, pero que el acompañamiento espiritual y la oración le han ayudado a sobrellevar las dificultadas. “Doy gracia a Dios porque siempre ha puesto junto a mí personas que me han ayudado. Doy gracias a Dios por mi vocación al sacerdocio y por todas las experiencias vividas como su sembrador, y, en particular, por esta experiencia romana”.

Y sobre su futuro explica: “Hablando de mis proyectos cuando vuelva a mi país, yo diría que no tengo. Estoy dispuesto a realizar cualquier encargo en cualquier ámbito pastoral. Además, estoy seguro de que, tras estos seis años de estudio y preparación, podré servir mejor al Señor en la viña que me encomiende”.

Cientos de sacerdotes de tercer mundo se forman en el CARF: Centro Académico Romano Fundación CARF, nació en 1989, y ayuda fundamentalmente a la formación de sacerdotes y seminaristas: en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (PUSC), en las Facultades de Estudios Eclesiásticos de la Universidad de Navarra (UN) y Colegios Eclesiásticos Internacionales (Sedes Sapientiae y Bidasoa). Contribuye con la puesta en marcha y mantenimiento de los centros donde se imparten esas enseñanzas, y de los Colegios Sacerdotales y convictorios donde residen buena parte de los alumnos.
Esta es una de las obras del Opus Dei en favor de un mundo más humano y más cristiano
¿Cómo se sufragan los gastos de estos estudios en Roma? Con la ayuda de cientos de personas que aportan sus donativos, más o menos importantes.
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