Aunque la verdad cristiana está por encima de cualquier cuestionario, es bueno que se haya construido el “Instrumentum Laboris” del Sínodo Extraordinario sobre la Familia, a partir de la realidad ligada a las diferentes Conferencias Episcopales. Para poder responder a los desafíos, hay que identificarlos previamente y eso es justo lo que se ha hecho. No se trata de un documento doctrinal, sino pastoral. Por lo tanto, habernos escuchado mutuamente facilita la definición de la hoja de ruta a seguir. Quienes lo han criticado a los pocos minutos de haber sido publicado, deberían leerlo con mayor detenimiento y evitar sacar conclusiones antes de tiempo. De hecho, el texto sostiene -como no podría ser de otra manera- lo que enseña el magisterio de la Iglesia y, al mismo tiempo, sugiere un cambio en el abordaje de las cuestiones, pues para nadie es un secreto que hay muchos vacíos pastorales que atender. Algunos lectores solamente se han fijado en los apartados referentes a la sexualidad humana; sin embargo, valdría la pena analizar el documento en su conjunto para evitar reduccionismos y otras malas interpretaciones. No hay que repetir los mismos errores que precedieron al Concilio Vaticano II, a cargo de algunos medios que lo distorsionaron y fabricaron muchos fantasmas que afortunadamente no se dieron. Lo más fácil sería ponerse una venda en los ojos y aquí no pasa nada, pero lo que Dios nos pide a través de la realidad circundante es tener el valor de buscar una renovación de las formas, subrayando el valor indiscutible del fondo. No se trata de cambiar o abaratar lo que dice el evangelio, pues eso sería perder nuestra identidad, sino de saber explicarlo mejor. Conviene que los retos sean afrontados a partir de lo que sucede sobre el terreno. De otra manera, se hace ideología y todo queda en letra muerta.

El común denominador de los problemas planteados es la falta de formación. Muchos bautizados no saben nada acerca de la fe. El reto es antropológico y, sobre todo, educativo. La Iglesia, como fundadora de un gran número de colegios y universidades alrededor del mundo, puede coordinarse mejor y, desde ahí, cambiar la percepción que se tiene acerca de sus enseñanzas a partir de una pastoral de la interioridad que sea significativa y no basada fundamentalmente en sentimientos que vienen y van.  Si bien es cierto que la fe entraña ciertos misterios que rebasan nuestra capacidad intelectual, no significa que haya que renunciar al papel que juega la razón. Muchos de los alejados nunca contaron con alguien que les explicara el evangelio con argumentos. Por lo tanto, una salida eficiente a la crisis sería ocuparse de las instituciones educativas para que, además de contribuir al desarrollo de la cultura, aclaren la serie de dudas que han ido pasando de generación en generación sobre temas tan importantes como el matrimonio y/o la familia. En general, contamos con medios muy valiosos; sin embargo, el reto es organizarnos mejor. No partir de cero, sino potenciar lo que se ha ido construyendo. La gente no quiere respuestas en monosílabos, sino bien explicadas -y, sobre todo, vividas- a la luz de la fe, como un programa apasionante.  

Además de las estrategias de formación, hay un recurso insustituible que puede cambiar totalmente la visión negativa que muchos tienen hacia el matrimonio: el testimonio de quienes han logrado vivirlo plenamente. Por ejemplo, si como profesores de religión decimos que un laico puede desarrollarse profesionalmente sin perder su fe y ellos perciben que nosotros encarnamos ese perfil, convenceremos pese a las ideas distorsionadas que circulan por muchos medios de comunicación. Podríamos hablar de la pastoral del ejemplo, aquella que convence porque se hace visible, palpable, incluso a la vista de los mayores críticos de la Iglesia. Obviamente, para que haya testimonio, se necesitan bases y ahí es donde entra el rol de la comunidad eclesial. Cambiar la doctrina no sirve de nada, pero aterrizarla a la vida y explicarla sin reduccionismos resulta provechoso para todos. Adelante con el Sínodo Extraordinario sobre la Familia convocado por el Papa Francisco.

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