Mañana como se sabe, en perfecta continuidad con el domingo de pentecostés que bien podríamos denominar también la fiesta del Espíritu Santo hace dos semanas , y el domingo de Trinidad esta misma semana (pinche aquí para conocer la historia de esta singular festividad), celebramos los cristianos el Corpus Christi o fiesta del Cuerpo de Cristo.
 
            En su origen la fiesta, como por otro lado parece bastante lógico, coincidía con el Jueves Santo, fecha en la que Jesús instituye la eucaristía. Curiosamente, la mención más antigua a la misma no se refiere al cuerpo de Cristo transustanciado en el pan, sino a la sangre transustanciada en la sangre, pues aparece como “Natalis Calicis” (Nacimiento del Cáliz) en un documento tan antiguo como el “Calendario de Polemio” del año 448.
 
            Cuando finalmente el 8 de septiembre de 1264 el Papa Urbano IV separe la fiesta instituyendo el Corpus Christi tal como lo conocemos hoy, la razón aducida para dicha separación será la de que la Semana Santa es un tiempo de tristeza que no constituye el marco adecuado para celebrar una fiesta de alegría como la que estaba llamada a ser el Corpus.
 
            Más allá de que la fiesta halle un ambiente propicio en el ámbito franciscano, -tanto San Francisco de Asís como Santa Clara son grandes devotos del Corpus Christi-, el gran impulso inicial lo recibe de la belga Juliana de Monte Cornillon, a la que dedicaremos una entrada específica en esta columna un día. Juliana hace partícipe de su inquietud al obispo de su diócesis, Robert de Thirete, quién tras convocar un sínodo en 1246, impone en ella la festividad. No llegará sin embargo a contemplar su primera celebración, pues aunque la deja instituída, el obispo muere antes de que llegue a producirse el año siguiente.
 
            Otro obispo de Lieja de nombre Enrique de Guelders elevará al Pontífice la solicitud de extender la celebración a toda la Iglesia, una propuesta que halla el favor papal, lo que no es difícil de entender, ya que no en balde Urbano IV (12611264), Jacques Pantaléon por su nombre de pila, amén de obispo de Verdun y patriarca de Jerusalén, había sido en su día archidiácono de Lieja.
 
            Así las cosas, el 8 de septiembre de 1264 Urbano IV publica la bula “Transiturus” ordenando celebrar la fiesta del Corpus Christi el jueves siguiente al Domingo de Trinidad, (pinche aquí para conocerlo todo sobre el Domingo de Trinidad), aunque como ya hemos tenido ocasión de conocer, en muchos lugares sea hoy día trasladada al domingo siguiente (pinche aquí si le interesa el tema).
 
            Será lo último que haga pues al igual de lo que le ocurriera al obispo de Lieja cuando establece la fiesta en su diócesis liejense, Urbano IV morirá muy poco después de instituir la fiesta, el 2 de diciembre de 1264, apenas ochenta y cinco días después de hacerlo.
 
            La fiesta, que irá extendiéndose no sin dificultades por las distintas diócesis europeas, recibirá un nuevo espaldarazo en el Concilio General de Viena de 1311, convocado por Clemente V (13051314). El Papa Juan XXII (13161334) volverá a recomendar su observancia y Martín V (14171431) y Eugenio IV (14311447) la dotan de indulgencias.

            Que hagan muhco bien y que no reciban menos.
 
 
 
            ©L.A.
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