La política religiosa del nuevo régimen y las medidas de excepción contra los sacerdotes no juramentados trajeron una consecuencia cuya trascendencia iba a ser considerable: la sublevación del oeste de Francia; no solamente La Vendée, sino más o menos todo el país que se extiende desde el norte del Poitu hasta la Bretaña y a los confines de Normandía, en los territorios actuales de los obispados de Poitiers, Angers, Lucon y Nantes. Si bien la adhesión a la causa realista intervendría también en su estallido, la fidelidad a la fe católica y a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana constituyó, sin duda, el móvil mayor de aquella epopeya.

La "Epopeya de La Vendée" se refiere a la gesta católica[1] emprendida por los campesinos y sus familias -acompañados por nobles y sacerdotes-, que llevaban prendidas escarapelas del Sagrado Corazón y se autodenominaban como ejército católico y real; se resistían a que la presencia social de Cristo Rey fuera desterrada de sus pueblos, de gran mayoría cristiana.

Esta región, evangelizada un siglo atrás por San Luis María Grignion de Montfort, terciario dominico que insistía en la devoción filial a Nuestra Señora, fue tan inmunizada contra el virus de la Revolución, que se levantó en armas contra el gobierno republicano y anticatólico de París. Con sus misiones el santo aproximaba al pueblo a los sacramentos y lo enfervorizaba en la devoción al rosario. También la sagrada insignia difundida por él -el Sagrado Corazón en tela roja, encuadrado por las iniciales de Jesús y María- fue colocada por los combatientes sobre sus chalecos y blusas, o dispuesta como escarapela en los sombreros de amplias alas.

El clima de los ejércitos vandeanos, que iban al asalto detrás de los estandartes con el Sagrado Corazón y encima la cruz y el lema "Dieu et le Roy", fue profundamente religioso: las columnas avanzaban rezando el santo rosario; no podían pasar frente a una cruz sin arrodillarse y rezar, aunque muy rápidamente, un Pater Noster; se lanzaban al asalto cantando el Vexilla Regis; los capellanes impartían la absolución antes de que se trabara el combate.

Gustavo Carrére afirma: “las cifras más conservadoras -en relación con el programa de exterminio establecido en París y realizado por los oficiales revolucionarios- llevan a los siguientes resultados: en dieciocho meses, en un territorio de sólo 10.000 km2, fueron eliminadas 120.000 personas; por lo menos, el 15% de la población total; diez mil edificios fueron completamente destruidos, el 20% de los de La Vendée”.

 Jean Meyer, historiador francés, observa: "La cuestión de fondo de aquel enfrentamiento no estuvo en la disyuntiva entre monarquía o república, ni fue un conflicto entre estamentos, sino que consistió más bien en la decidida intención de extirpar esas creencias sin reparar en medios".
 

[1] Desconocida para el público español y, sin embargo, editada una y otra vez en Francia, recomendamos la obra del jesuita P. Jean Charruau "Una familia de bandidos en 1793", que nos transporta al genocidio de La Vendée durante la época del Terror jacobino. La obra es la autobiografía de Marie de Saint-Hermine y su familia (los Serant, que la acogieron junto con su hermana durante su niñez). La historia no pierde un ápice de interés conforme avanza por las aguas de la Revolución, intensificada en la locura del radicalismo jacobino hasta extremos delirantes. Los más humildes resultaron a menudo las víctimas propiciatorias del holocausto burgués, que pretendió sustituir la religión católica por un grotesco culto a la Razón que invadió las iglesias galas. El libro ha sido editado en España por Producciones Gaudete, de Larraya (Navarra), a finales de 2008.