Son muchos los que no sienten…, la necesidad de convertirse, pueden sentirla los que aún no se han convertido y también los ya están convertidos. Continuamente, sobre todo cuando se está cerca la Pascua de resurrección y en todo momento, tenemos noticias de adultos que se han bautizado y pensamos que son personas que se han convertido de lo cual nos alegramos, pero no nos planteamos si a nosotros nos  convendría reconvertirnos también, aunque ya estemos bautizados hace tiempo. Sí, nos bautizaron por decisión de nuestros padres, ya más mayores fuimos a un colegió religiosos a cursar los estudios de bachilleratos, y continuó nuestra vida de estudios o empezó nuestra vida laboral, pero en cualquier caso siempre estuvimos pegados a la Iglesia católica, no dejamos de ir a misa los domingos a la misa dominical, pero es verdad también que cuando iba al confesionario, me acusaba entre otras faltas la de haberme saltado la misa de los domingos varias veces, aunque esta no era la falta más gorda de la que nos acusábamos. En resumidas cuentas ¿Qué necesidad tenemos nosotros de convertiros hace tiempo que estamos convertidos, porque hace tiempo que fuimos bautizados y aunque sea a trancas y barrancas cumplimos con Cristo.

            Pues te equivocas amigo, te hace mucha falta reconvertirte, si es que piensas que estás ya convertido. No te das cuenta y te crees justificado, pero lamento comunicarte que la esencia de nuestra salvación futura, no se encuentra únicamente en mal cumplir a rajatabla los diez mandamientos, cosa que casi ninguno hacemos, pues continuamente estamos fallando y lo peor, es que perdemos el sentido del pecado y no nos damos cuenta, en lo que fallamos. La frecuencia sacramental, también es necesaria, imprescindible diría yo, para salvarse, pero no se cumple, ni se puede llamar frecuencia sacramental el ir solamente los domingos a misa y confesar por pascua florida, si es que viene florida la Pascua, que si no lo dejamos para el año siguiente, a ver si ese año viene florida, y nos confesaremos..

            Los sacramentos son canales de gracia divina, y para estar a flote, en este turbulento mar de esta vida se necesitan los sacramentos que son salvavidas que nos ayudan a mantenernos a flote, porque solo no podemos, carecemos de fuerzas propia y hemos de apoyarnos en las gracias divinas. El Señor ya nos dejó dicho: "5 Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. 6 El que no permanece en mí es echado fuera, como el sarmiento, y se seca, y los amontonan y los arrojan al fuego para que ardan. 7 Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que quisiereis y se os dará. 8 En esto será glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así seréis discípulos míos”. (Jn 15,5-8). Sin mí, no podéis hacer nada.

            Los sacramentos son nuestros salvavidas, y cuanto mayor sea nuestro deseo de recibirlos con mayor,  índice de flotabilidad, los recibiremos. Es verdad que los sacramentos producen un efecto por si solos, pero más débil será este efecto en cuanto menor sea nuestra predisposición a recibirlos. Los sacramentos tienen eficacia únicamente por el poder de Cristo, y no por nuestro esfuerzo o el del sacerdote. Esta idea la expresa la teología con el término latino “ex opere operato”, que quiere decir de manera literal: “Por el hecho mismo de la acción realizada”. El concilio de Trento (DS 1608) declaró que "si alguien afirma que los sacramentos de la Nueva Ley no confieren la gracia por propia e íntima eficacia (ex opere operato), sino que para conseguir la gracia basta la confianza en las promesas divinas, sea anatema». Pero esta fórmula planteó y sigue planteando problemas a los protestantes" Realmente el anatema va dirigido a los protestantes luteranos, a nosotros aquí lo que nos interesa el que tengamos en cuenta la fuerza de la gracia divina que de por sí nace de los sacramentos.

En cuanto a la oración litúrgica, no es un sacramento, ni produce en nosotros la gracia por sí misma como hacen los sacramentos. Su eficacia es: ex opere operantes Ecclesiae dicen los teólogos; pero está muy lejos de la eficacia intrínseca ex opere operato, por si mismo de los sacramentos.            
       
        
Está claro pues, la necesidad de algo más, por no decir mucho más, necesario para salvarse en debidas condiciones, que el estricto cumplimiento del Decálogo de las tablas que recibió Moisés, que fueron reconocidas por el Señor en el Sermón de la Montaña. Y lo que más se necesita esencialmente es el amor, es el amar al Señor, amarlo profundamente, y si se avanza en este camino del amor, hasta el extremos de involucrase uno o una, en el fuego del amor divino, todo lo que sea necesario estará cumplido. El amor es el Todo de todo, que  amor es Dios mismo. Para San Juan Dios es amor y nada más que amor (1Jn 4,16).

            Es por ello que aunque estemos convertidos ya, necesitamos reconvertirnos, porque la vida de un cristiano que ame al Señor, es siempre una continua reconversión de amor al Señor. Y esta reconversión es siempre necesaria, porque en la vida espiritual de un alma, es una continua conversión, ya que quien no avanza o se estanca, está retrocediendo y esto es lo que esto es lo que pasa, con las tres virtudes teologales. El canónico Tadeusz Dajczer nos dice: “La fe, que es un proceso constante de conversión, es un constante abrirse al amor de Dios y una constante recepción de ese amor para donárselo a otros”.  Y si falla la fe fallan también las otras dos virtudes, la esperanza y el amor, ya que ellas suben y bajan las tres al unísono.

            Reamente el proceso de conversión para un alma ya convertida por primera vez, es un largo proceso, que solo acaba con la llamada para ir a la casa del Padre. Si de verdad queremos amar más cada día al  Señor, el proceso en este mundo no tiene fin, porque el Señor es un ser ilimitado en todo y nosotros somos criaturas limitadas también en todo. Slawomir Biela, discípulo de Tadeusz Dajczer, escribe diciéndonos: “Nunca estaremos plenamente convertidos y sometidos a la gracia, porque esa misma gracia descubre en nosotros, nuevas zonas en las que está presente el mal. Frente a este mal, la gracia nos llama cada vez a una contrición más profunda, y por tanto a una apertura cada vez más profunda a la actuación de Dios y a la actuación de su gracia purificadora en nuestra vida”.

            Cuenta Jean Lafrance, que: “Cada mañana cuando nos levantemos, nos podemos decir, como lo hacían los antiguos padres del desierto: “Yo no he comenzado todavía a convertirme”. Solo este reconocimiento del corazón nos puede disponer a ser invadidos por el Espíritu Santo”.   

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Otras glosas o libros del autor relacionados con este tema.

  1. Libro. CONOCIMIENTO DE DIOS.- www.readontime.com/isbn=9788461179107
  2. Libro. RELACIONARSE CON DIOS.- www.readontime.com/isbn=v
  3. Libro. MOSAICO ESPIRITUAL.- www.readontime.com/isbn=9788461220595
  4. Libro. LA SED DE DIOS.- www.readontime.com/isbn=9788461316281 
  5. Libro. ASEVERACIONES DEL SEÑOR.- http://www.readontime.com/ROT/dagosola/aseveraciones-del-senor_9788461557097.html 

 


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