52.
EL PROCESO DE CANONIZACIÓN

 
Durante el funeral del Papa Juan Pablo II, presidido por Monseñor Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio, se habían desplegado en la plaza San Pedro banderas con las palabras “Santo Subito”. Una petición para abrir el proceso fue firmada por los cardenales en el período del cónclave, y estuvo también quien planteó la hipótesis de proceder inmediatamente con la canonización, proclamando realmente a Wojtyla “santo subito” en lugar de beato.
 
Benedicto XVI, después de haber valorado cada propuesta, decidió, en junio de 2005, hacer iniciar inmediatamente el proceso -sin esperar los cinco años previstos que deben transcurrir desde la muerte del candidato a los altares- pero sin atajos. Pero aunque la causa de beatificación de Juan Pablo II comenzó antes de lo normal, sin embargo, su proceso ha seguido los pasos ordinarios previstos para cualquier causa.
 
Una nota informativa de la Congregación para las Causas de los Santos, publicada el 14 de enero de 2011, explicó cuáles han sido los pasos que permitían elevar a Karol Wojtyla a la gloria de los altares el 1 de mayo de 2011, domingo de la Divina Misericordia.
 



Como es habitual, las numerosas actas de la investigación canónica, regularmente instruida, junto con los detallados exámenes médico-legales, se sometieron al examen científico de la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos, el 21 de octubre de 2010. Sus expertos, tras haber estudiado con la habitual minuciosidad los testimonios procesales y toda la documentación, se expresaron a favor de que la curación era científicamente inexplicable.
 

En una entrevista concedida el 15 de enero al diario vaticano “L´Osservatore Romano” el actual Prefecto de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Angelo Amato ha aclarado que "la velocidad de la causa (de Juan Pablo II) no fue a expensas de la precisión del procedimiento" y el reconocimiento del milagro "vino de manera lineal, según las etapas y la dinámica de estos procedimientos. Con el asesoramiento de especialistas y de científicos de la consulta médica", sin la intervención de la Congregación para las Causas de los Santos.
 
El purpurado aseguró que "la postulación ha hecho un buen trabajo", considerando que "el trabajo del postulador es extremadamente serio y debe hacerse de un modo preciso".
 
Finalmente pidió cautela a quienes ya hablan de un posible segundo milagro que serviría para la canonización del Papa Juan Pablo II. Sin confirmar la veracidad de estas versiones, dijo que "solo al final, cuando la investigación concluya, será conveniente hablar de ello".
 
Sobre el camino para la canonización, siguiente paso en la causa de Juan Pablo II, el cardenal Amato explicó que solo se llevará a cabo si hay "esta compañía por parte de los fieles, la fama de santidad. En otras palabras, el pueblo recurre al siervo de Dios para tener la gracia" y recordó que todo exige una verificación "porque las prisas no traen buenos frutos".



53. EL SECRETO DEL MULTITUDINARIO FERVOR HACIA JUAN PABLO II
 
Con motivo de la finalización de la etapa diocesana del proceso de canonización del Beato Juan Pablo II el 2 de abril de 2007, cuando se cumplía el segundo aniversario de su tránsito a la Casa del Padre, su ex secretario personal y hoy Arzobispo de Cracovia, el Cardenal Stanislao Dziwisz, reveló lo que a su juicio es el "secreto" por el que las multitudes siguen recordándolo con tanto fervor: su amor por el hombre y por el infinito, así como el amor de la gente.


 
"Cómo explicar estas hileras que cada día se forman ante la tumba de Juan Pablo II. Estas personas no van a visitar a un muerto, van para encontrar al Papa, para profundizar en el mensaje que nos ha dejado, para tomar algo de él", señaló el Prelado polaco al ser preguntado por Radio Vaticano sobre el porqué de la imagen imborrable que ha dejado Karol Wojtyla en millones de personas y el gran fervor con que tantos lo recuerdan hoy.
 
"Si pudiera utilizar una palabra: el secreto de todo esto es el amor. El amor que no cesa con la muerte. Este amor ha quedado aquí. El amor del Papa hacia el hombre: en el hombre él siempre vio a Dios; y el amor por el infinito. Y por otra parte ha quedado el amor de la gente, sobre todo de los jóvenes, por el Papa, que siempre les amó. Es un misterio, así es nuestra fe", dijo el cardenal Dziwisz. 

Preguntado sobre si la dimensión espiritual del Siervo de Dios podría ser "el carácter más fuerte de su personalidad", quien fuera su secretario personal por más de 40 años respondió:
 
"Ciertamente. Su gran fuerza, sobre todo cuando sus fuerzas físicas empezaron a faltarle, fue su fuerza espiritual, una fuerza que provenía de su unión con Dios. Durante toda su vida buscó a Dios y tuvo el gran privilegio de descubrir en su vida el valor de la oración. Yo pienso que los jóvenes buscan a Dios, y han encontrado lo que el hombre de hoy busca en él, porque él estaba lleno de Dios".
 
El Purpurado resaltó asimismo que "aún hoy oímos aquel grito que se levantó durante los funerales: 'Santo subito'. La gente no quiere olvidarlo y quiere tenerlo aun más cerca, en el honor de los altares. Verdaderamente este es un fenómeno que se ve claramente y que no cesa".
 
Finalmente, el Cardenal Dziwisz se refirió a la heroicidad con la que Juan Pablo II afrontó su sufrimiento en los últimos años de su vida. "Yo estaba con él. Él se dedicó, se ofreció de manera total a los demás. Pero la Providencia había previsto esta Cruz, que el Papa llevó de manera edificante. Lo que no sé es si esta cruz era más fuerte que su compromiso evangélico".





53. LA RELIGIOSA QUE SE CURÓ DE PARKINSON
 
El decreto sobre las virtudes heroicas de Karol Wojtyla, que de hecho marca el fin del proceso, fue promulgado por el Papa Benedicto XVI el 19 de diciembre de 2009, después del voto unánimemente favorable de los cardenales y obispos. El postulador de la causa de beatificación, monseñor Slawomir Oder, había presentado a la Congregación un presunto milagro, uno de los muchos informes de gracias recibidas por la intercesión de Juan Pablo II, recogidos después de su muerte.
 
Se trata de la curación de sor Marie Simon-Pierre, una religiosa francesa de 44 años, afectada por una forma agresiva del mal de Parkinson. La enfermedad que la había obligado a abandonar su servicio en la sala de maternidad de un hospital de Arles (Francia), desapareció de forma instantánea e inexplicable después de que las otras religiosas, en junio de 2005, se dirigieron a Wojtyla, recientemente fallecido, pidiendo el milagro de la curación.
 
Durante meses, sin embargo, la investigación médica presidida por el profesor Patrizio Polisca, médico personal de Benedicto XVI -llamada a discutir el caso y a pronunciarse sobre la efectiva imposibilidad de explicar la curación desde el punto de vista científico- no fue convocada. Uno de los especialistas involucrados había manifestado perplejidades sobre el diagnóstico inicial de los colegas franceses y había querido verificar que realmente la religiosa sanada hubiese estado afectada por el Parkinson. La Congregación confió también una tercera pericia de especialistas para profundizar mejor el caso y eliminar toda duda. En caso contrario, habría tomado en examen otro presunto milagro. Finalmente, después de las investigaciones el parecer de la consulta médica fue favorable y se afirmó haber estudiado el caso "escrupulosamente" y determinado que la curación no tenía causa científica.
 
El milagro sucedió en la Maternidad de Aix-en-Provence (Francia). La religiosa relata que "el 2 de junio de 2005 fue el día de mi curación. Ese día por la mañana yo estaba completamente impedida y ya no podía más".
 
"Pensé en buscar a Sor Marie (Madre Marie Thomas, superiora de su comunidad) para pedirle mi dimisión, dejar de brindar mi servicio en la maternidad donde trabajaba con muchas personas a mi cargo. Me sentía muy pesada y me dije: es necesario que pare, que deje el servicio. Yo no puedo hacer que esto deje de avanzar, no es posible".
 
La petición de la Hermana Simon-Pierre fue rechazada con amabilidad y a cambio su superiora le propuso pedir la gracia de su curación a Juan Pablo II. Cuando esto sucedió, "sentimos durante un rato largo un gran cambio en su oficina, diría que una gran paz, una paz muy grande y una gran serenidad, me sentía muy apacible, ella también".
 
En ese momento, le pidió escribir el nombre de Juan Pablo II en un papel. El avance del Parkinson había afectado su brazo izquierdo y sufría de intensos temblores. Su superiora le propuso escribir con la mano derecha. "Le dije que no podía porque mi mano derecha también se ponía a temblar, pero ella insistió: ´sí puedes, sí puedes´". Escribió algo ilegible pero pensó que de repente "ocurre un milagro si es que creo".
 
"Me fui y seguí con mi servicio. Esa noche seguí la jornada como de costumbre con la comida comunitaria, luego un poco más de servicio y después la oración nocturna en la capilla".
 
Al regresar a su cuarto, la hermana Marie Simon-Pierre se obligó a escribir y se llevó una gran sorpresa al ver que en ese momento sí pudo hacerlo bien. Pasó una noche tranquila y durmió bien, sin el insomnio habitual que presentaba por el dolor del Parkinson.
 
A las 4:30 de la madrugada del 3 de junio despertó sintiendo que "ya no era la misma. Había una alegría interior y una gran paz; y luego me sorprendí mucho por los gestos de mi cuerpo". Al mismo tiempo despertó en ella "un gran deseo de rezar. A esa hora no tenía autorización para rezar, pero recé". Lo hice frente al Sagrario del Oratorio de la maternidad "siempre con una alegría muy profunda" meditando además los misterios luminosos del Papa Juan Pablo II.
 
A las 6:00 a.m. su comunidad asistía a la Eucaristía, así que se dirigió del oratorio a la capilla. En ese trayecto "me di cuenta de que mi brazo izquierdo ya no se quedaba inmóvil al caminar sino que se balanceaba normalmente. En la Eucaristía tuve la certeza de que estaba curada".

 

La Hna. Marie Simon-Pierre atribuyó desde el primer momento su curación a la intervención milagrosa del papa Juan Pablo II. Declaró que "hubo una fuerza dentro de mí y mi cuerpo estaba redescubriendo su vitalidad y fluidez".
 
"No había más pesadez en mis músculos, podía moverme con normalidad. Para mí fue un nuevo nacimiento, un segundo nacimiento", explicó la hermana Simon-Pierre. La recuperación milagrosa ocurrió dos meses después de la muerte de Juan Pablo II y al día siguiente de que la religiosa dijera a su superiora que no podría continuar más con su trabajo en la clínica de maternidad, debido al gran deterioro de su salud.
 
Sor Marie Simon-Pierre tiene 49 años, goza de buena salud y actualmente trabaja en la clínica de maternidad de París. "Desde mi curación, muchas peticiones de oraciones han llegado de muchos países", dijo Marie. "A todas estas personas enfermas me gustaría decirles que no deben darse por vencidas. Al final del túnel, siempre hay un poco de luz", añadió.
 
El decreto de canonización fue firmado el 14 de enero de 2011 por el pontífice Benedicto XVI.