Juan no se dejó ganar ni desobedeció órdenes de equipo cuando tras llegar primero al sepulcro de Jesús entró después que Pedro. La santidad es una carrera de fondo que se transita a ritmo de ranchera: lo importante no  es conseguir el oro sino saber llegar. Lo que explica que hayan accedido a ella a la par dos Papas, Juan XXIII y Juan Pablo II, sin generar un problema de protocolo en el santoral. En el cielo no se aplica la foto finish.
La alegría católica por la canonización de dos pontífices avalada por otros dos, Francisco y Benedicto XVI, no se deriva  del encanto de los números pares, que lo tienen, ni de ambos encajen en la propuesta de Dios con más precisión aún que  la canción del  verano y María Isabel, sino de la endorfina espiritual que libera la aventura de correr en pos de Jesucristo,  que no es la liebre que requiere el creyente para mantener la cadencia, sino el punto de avituallamiento, el podio y la medalla.