La siempre interesante Risposte Catholique se hace eco del artículo del conocido escritor y periodista francés Jean-Marie Guénois en Le Figaro Magazine titulado “Cathos et rebelles” en el que analiza la emergencia en Francia de “una nueva generación de católicos franceses, plenamente implicada en cuestiones sociales” a partir de la lucha por el matrimonio suscitada en el país vecino.

Vale la pena, para los que puedan leer en francés, leer el artículo completo. Para ir abriendo el apetito, transcribo algunos pasajes que me han llamado la atención.

“La Iglesia de Francia arrastra una mala conciencia. Lamenta haber "perdido" a la clase obrera en el siglo XX... Pero hoy en día, ¡es posible que haya perdido a su propia juventud! La ceguera de algunos obispos para no leer lo que su vocabulario aún llama "signos de los tiempos" es abrumadora. Durante meses, de hecho, católicos de base, jóvenes y viejos, en su mayoría familias, se han movilizado en cientos de miles contra los cambios sociales queridos por el gobierno socialista. Sin embargo, algunos prelados, y no de los menos importantes, fingen no ver este movimiento.

Una parte de los obispos ha ciertamente comprendido y seguido esta indignación masiva, alentando abiertamente la resistencia e incluso manifestándose en persona. Pero otra, en la que se incluye la actual dirección del episcopado francés, se ha mantenido reservada. Teniendo en cuenta lo que hay en juego - la supervivencia o desaparición de la célula familiar consistente en un hombre, una mujer y sus hijos no valía la pena tomarse la molestia. Por tres razones. La Iglesia, según ellos, tiene todo que perder, en términos de imagen, en esta lucha que es una "causa perdida" y retardataria, porque lo importante en la actualidad es "hacer junto" a la evolución de la sociedad. Al involucrarse, la Iglesia se arriesgaría además, según ellos, a que se la utilice en una lucha puramente política por la derecha y la extrema derecha. Algunos obispos, por último, favorables al gobierno socialista, no quieren interferir con su acción, considerando el tema del matrimonio homosexual como un debate social menor.

Hay un único problema: al hacer una componenda con lo políticamente correcto, estos obispos pierden su credibilidad entre algunos católicos, especialmente entre los jóvenes, que lejos de ser "reaccionarios" se han convertido en auténticos "rebeldes ". Insumisos "interiores" que no encajan en ninguna categoría política, mucho menos en la de extrema derecha. Pero que no entienden porqué la jerarquía católica es tan reacia a comprometerse abiertamente sobre los grandes temas sociales y prefieren refugiarse en lo no dicho en vez de poner sobre la mesa los desacuerdos que dividen a los obispos”.

Y más adelante, Guénois nos deja un interesante retrato de esa joven generación que ha eclosionado en Francia:

“Movilizados desde hace año y medio contra la ley Taubira, ha inventado nuevas formas de movilización, espoleados por un gobierno que ha cometido el error de ponerse los guantes de boxeo para luchar contra un judoka: al enfrentarse violentamente a estos jóvenes “cathos” ha despertado en ellos una conciencia de ciudadanía. Pero esta generación no nace espontáneamente durante las protestas de los últimos dos años. Viene de mucho más allá.

La clave de esta generación sin precedentes no tiene otro nombre que interioridad… Rebeldes éticos, estos jóvenes con convicciones firmes extraen su oxígeno de un oasis interior de oración y cultura. ¿Oración? Dos encuestas, llevadas a cabo por separado y con diferentes metodologías, en 2011, por La Croix y La Vie, destinadas a dibujar el retrato de los jóvenes de la JMJ llegaron al mismo resultado.

Lo que les da la fuerza a la generación de jóvenes católicos de hoy es que la fe no se ha transmitido a través de los movimientos eclesiales con el sello de la Acción Católica, sino, en el 99 % de los casos, en el corazón de... las familias. Y en particular a través de sus padres, pertenecientes a la famosa "generación Juan Pablo II". Una generación que tenía 20 años hace tres décadas y que fue marcada de por vida por el celo misionero dado a la Iglesia por el Papa polaco y por su deseo de animar a las familias cristianas.

Los católicos jóvenes actuales no han salido de las calles de París. Han recibido y siguen recibiendo de la generación anterior una visión de la Iglesia más unida, más pacífica y más espiritual, liberado de las viejas querellas internas de los años 70 entre progresistas y tradicionalistas. A la manera de Juan Pablo II, los padres de los jóvenes de hoy han preferido cimentar, construir, avanzar, encontrando en la Iglesia un hogar, no superado, sino que ha sabido adaptar tradición y modernidad para una renovada presencia en la sociedad. En una palabra, Juan Pablo II fue capaz de restaurar en los cristianos un verdadero orgullo en ser católicos. Este legado aún ejerce efectos concretos.

De repente, los hijos de esta generación, que ahora tienen entre 16 y 30 años de edad, son practicantes. ¡Lo son en un 90%! Pueden representar solamente el 1% de los católicos practicantes en toda Francia, pero no van a la iglesia el domingo por hábito o reflejo social y cultural: van allí a obedecer a una necesidad interior.

Índice sorprendente, pero muy característico de estos nuevos jóvenes católicos, un número significativo de ellos, un 6%, ¡va a misa todos los días! El fenómeno es sin duda urbano, pero muy real. No es raro ver en las iglesias durante la semana, junto al estereotipo de la señora mayor fiel a la misa diaria, a estudiantes en camiseta y zapatillas de deporte, con el pelo despeinado pero de rodillas, inmersos en el recogimiento... Estos jóvenes, por último, en menor proporción, pero aún así en cifras mayoritaria, afirman estar de acuerdo, en un 58%, con la enseñanza moral de la Iglesia Católica. Encontramos aquí casi todas las características del perfil de una generación que ya no es la de Juan Pablo II, el Papa que estos jóvenes han experimentado como un anciano, sino una verdadera "generación Benedicto XVI", que se identificada como católica y que está preocupada por llevar una vida espiritual a fondo en torno al misterio de la Eucaristía, los dos ejes principales del Papa alemán.

Esta confianza en la Iglesia se expresa con fuerza también, a los ojos de esta generación, a través de la figura del sacerdote. Si se les pregunta, por ejemplo, sobre una "persona de referencia", ¡el 62 % da el nombre de un sacerdote! Parece que junto a sus padres hay segunda filiación. Esta generación no existiría y no estaría tan convencida sin el testimonio de los sacerdotes, que ahora tienen entre 30 y 50 años y que ellos mismos se vieron tocados por el pontificado de Juan Pablo II. Se necesitan, de hecho, una docena de años para "hacer" un sacerdote. El clero "Benedicto XVI", si podemos llamarlo así, Papa elegido en 2005, está comenzando a salir de los seminarios. Es por tanto el clero "Juan Pablo II" el que, desde hace veinte años, está al timón.”

Cuestiones apasionantes: matrimonio, familia, transmisión de la fe, compromiso, oración, Eucaristía, Juan Pablo II, Benedicto XVI, rebelión interior…

Hay esperanza en estos jóvenes, cualquiera que haya estado con ellos en Francia puede dar testimonio. Habrá que ver si, aunque sea para cambiar de vez en cuando, está vez somos capaces de leer correctamente los famosos y normalmente tan mal descifrados “signos de los tiempos”.