El Profeta Isaías nos habla hoy de alegría. «Esto dice el Señor: Mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua que voy a crear»

 

La alegría es una de las virtudes humanas de la cual estamos más necesitados. Yo le llamo la virtud resumen. Y la llamo así porque la alegría es el resumen de una vida sana. Naturalmente, al hablar de la alegría como virtud me estoy refiriendo a una alegría auténtica. Una alegría que nace de muy dentro y que es el producto de la limpieza de un corazón noble.

 

La alegría es como el termómetro que marca el

grado de perfección del individuo. A más

perfección, a más equilibrio, más alegría.

 

Dicen que para comprobar el grado de bravura de los toros basta con observar su pelea con el caballo en el ruedo. Pues para ver la categoría de la vida interior de una persona, basta con mirarle a los ojos y ver cómo sonríe.

 

La alegría es la consecuencia lógica de un alma sen­cilla, justa, servicial, entregada. Dice el Señor: «Si guar­dáis mis preceptos, permaneceréis en mi amor, como yo guardo los preceptos de mi Padre y permanezco en su amor. Esto os lo digo para que Yo me goce en vos­otros y vuestra alegría sea cumplida»

 

Vivir la alegría es triunfar. Es seguir sembrando a manos llenas paz y amor. «No estés triste. Ten una vi­sión más... «nuestra» —más cristiana— de las cosas» (Camino,664). ¡Es urgente sonreír!

Juan García Inza