Si a muchos de los “pequeños” de este mundo, les preguntásemos ¿eres tú Jesús?, (la pregunta de una niña al señor que le recogió las manzanas, como veíamos en el artículo anterior), quizá en su humildad, no se atreverían a contestarnos que sí, pero cierto que veríamos en ellos a Jesús.

Aparte de los “pequeños de este mundo”, de quienes me enorgullezco, hay también cantidad de hermanos que se han consagrado al Señor renunciando a todo lo que no sea vivir el Evangelio, extendiendo por todo el mundo la fe en Jesús.

Dice José, el gran lector de revistas y de artículos sobre la Iglesia ¿Sabeis cuántos son entre sacerdotes, monjas y consagrados en todo el mundo? No podéis tener ni idea. Mirad, he traído el Anuario Estadístico de la Iglesia, porque no es fácil recordar los datos, pero aquí están:

Los católicos en el mundo somos mil doscientos millones. Casi nada.

De entre ellos hay:

4.482 obispos
405.009 sacerdotes
26.629 diáconos permanentes
55.428 religiosos no sacerdotes
809.351 religiosas profesas
31.049 miembros de institutos seculares
80.662 misioneros laicos
2.449.659 catequistas.

3.862.269 personas dedicadas al apostolado:

A ver qué opinión os merecen estos datos. Porque si se alzasen todos en armas… Pero no es ésa la misión de los católicos. Al contrario, somos perseguidos de una o de otra manera, en todas partes.

Empieza Andrés: lo primero que se me ocurre decir es que hay un número verdaderamente elevadísimo de gente que se dedica a servir al Señor y con actitud de gratuidad en todo el mundo. Es el gran ejemplo que la Iglesia da a quien quiera mirar con objetividad la realidad. Esto aparte de que ahí hay mucha gente vinculada a la iglesia y dedican algún tiempo a servir en un voluntariado benéfico colaborando con la Iglesia en tareas sociales.

Es cierto dice Vicente que hay entidades al margen de la Iglesia que también hacen bien, pero yo me pregunto si hay alguna asociación que pueda presentar un número así de personas dedicadas en exclusiva a hacer el bien y que podrían vivir muy cómodamente, como puede presentar la Iglesia, gente que ha renunciado, incluso a formar una familia propia, y aceptan dedicar sus vidas a cualquiera, en cualquier lugar del mundo, y eso de manera totalmente gratuíta.

Y ahí están también esos millones de laicos con sus vidas de fe y dedicando muchas horas y días, en catequesis, en organizaciones de caridad, en apostolado seglar, visitando y atendiendo a enfermos, colaborando en comedores para niños pobres, en compromisos apostólicos, en países de misión, sufriendo persecuciones, incluso jugándose la vida y perdiéndola en muchos casos por manifestarse como cristianos. A pesar de todo, son el blanco de los que quisieran que la Iglesia desapareciese y cuanto antes, mejor.

Naturalmente que tenemos defectos, y a veces defectos muy serios, incluso en personas muy significadas; de todos modos, también podríamos decir a quienes la critican con saña: quien esté limpio, que le eche la primera piedra. ¿Tenemos en cuenta que Jesús ha dicho: “No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores"? (Mc. 2, 17). Y pecadores somos todos. También los consagrados somos pecadores.

¿Que a algunos les gusta hurgar en la basura que hay en la Iglesia, como la hay en cualquier asociación? Sigan hurgando, no salgan del cuarto de la basura y seguro que hallarán mucha más basura de la que creen encontrar, pero parecido o peor, ya que todos generamos basura en nuestro interior y también en nuestro exterior.

Por último, añade Juan: Ya sabéis que frecuento poco la iglesia, pero soy cristiano como el que más. Me ha impresionado el número de católicos en el mundo, más de mil doscientos millones, casi nada. Y, de verdad que me enorgullezco. Por eso, ante tal número de católicos, no me explico lo que se viene diciendo estos días, de que la Junta de Andalucía quiere apropiarse de la catedral de Córdoba, antigua mezquita que construyeron los moros sobre una iglesia cristiana. Ni me explico lo que también se dijo, que en Barcelona se quiere construir sobre la actual plaza de toros, una gran mezquita con un minarete de 300 metros. Y no salgo de mi asombro al preguntarme ¿eso lo autorizan gente que son cristianos, por lo menos bautizados como yo? ¿han renegado de su fe? La verdad es que no lo entiendo. ¿Tan bien lo están haciendo los moros, o tan mal lo están haciendo los cristianos para que un pequeño número de cristianos, quizá sólo de nombre, se pasen al moro? Si es así, de vergüenza. Aunque no creo que lo consigan, ni mucho menos.

José Gea