Ya se están haciendo una serie de comentarios sobre lo que tratamos la semana pasada acerca de la relación entre las parroquias y los movimientos apostólicos, especialmente de las comunidades Neocatecumenales y del Opus.

Y mira por dónde, José que es quien normalmente abre los diálogos de nuestra Onu, dice: Acabo de leer una nota que sale en Religión en Libertad en la que habla el Papa sobre la unidad que debe haber entre las parroquias y los movimientos seglares. Viene como anillo al dedo. Os leo un recorte que hice de la nota: "Como consecuencia de esta pertenencia común a la Iglesia y la participación a su misión, es importante no contraponer entre ellos a las parroquias y las asociaciones eclesiales laicales".

Éstas últimas, "en su variedad y dinamismo, son un recurso para la Iglesia, con su proyección en los diversos ambientes y sectores de la vida social; pero es bueno que mantengan un lazo vital con la pastoral orgánica de las diócesis y de las parroquias, para no construirse una lectura parcial del Evangelio y no desarraigarse de la madre Iglesia". O sea que… ha de haber un lazo vital con la diócesis y con las parroquias. Hemos coincidido con el Papa. Somos unos genios.

Yo también me alegro, dice Vicente, porque ya sabemos que entre el Papa y los demás miembros de la Iglesia ha de haber sintonía. Y la solemos tener aunque muchos no vayan a misa.

Pero hay una cuestión latente que es dar importancia a la acción de los seglares como distinta de la acción propia de los curas; y también suele haber una serie de discusiones sobre el papel de ambos en las parroquias.

La acción propia del cura, dice Andrés, es enseñar, santificar y regir; la de los seglares, aplicar eso que predica el cura a las realidades concretas del mundo. Pero resulta que hay parroquias en las que los seglares están metidos en las sacristías, cuando su puesto está en medio del mundo, aplicando el Evangelio en la vida normal de los hombres. Y ahí está la diferencia entre la misión del cura y la del seglar. Y cuando no se distingue la diferencia entre ambos campos, unos y otros se meten en un campo que no es el suyo, tanto los curas que se meten en el campo del seglar, como los seglares que se meten en el campo del cura.

Creo que es muy interesante, añade Juan, lo que acabas de decir porque hay seglares que valen mucho más que el cura en cuanto a prestigio y a interés en trabajar por la Iglesia, y en cuanto a vida espiritual y actitudes cristianas también; y por no entender la diferencia entre la misión de cada uno, no acabamos de funcionar bien como Iglesia. Ya veis que no soy tan ateo aunque no suelo ir a misa; pero pienso bien, ¿verdad?

Sí es verdad, añade Andrés. También es cierto que hay curas y curas, como hay seglares y seglares. Ni podemos decir que todos los curas son mejores que los seglares, ni podemos decir que todos los seglares son mejores que los curas. Y a propósito de esto, recuerdo haber leído u oído, no sé, un ejemplo: una niña ciega estaba cerca de un aeropuerto vendiendo manzanas. Un pequeño grupo de hombres medio corrían porque iban a perder el avión. Uno de ellos, sin querer, tropezó con la cesta y se esparcieron todas la manzanas. El hombre se detuvo y las fue recogiendo una a una. Animó a la pequeña, diciéndole que le dispensase, pero que ya estaban todas las manzanas en el cesto, se despidió rápidamente de ella porque llegaba tarde al avión que estaba saliendo. Al marcharse, la niña lo llamó: “eh, señor”, y cuando se acerca, le pregunta ¿es Ud. Jesús? No, le respondió; soy cristiano. Y como ya vio salir al avión, se quedó un buen rato hablando con la niña. Total, que la niña había oído en la catequesis hablar de Jesús y pensó que Jesús haría cosas como ésa. De ahí la pregunta de la niña.

Interviene Vicente y dice: le oí decir a un Obispo amigo, lo siguiente: En la Iglesia a la que tengo el orgullo de pertenecer, veo cantidad de personas buenas, sencillas, humildes, enfermas, pobres que me dan ejemplo y me digo: serás todo lo obispo que quieras, pero a esta persona a quien nadie conoce y que a veces está marginada, no le llegas ni a la suela del zapato. En todos ellos veo a Jesús. Y sigue diciendo Vicente: Ésta es la Iglesia a la que pertenezco por la gracia de Dios, y de la que me enorgullezco; y no me canso de repetirlo.

Interviene Juan: sí, sí, pero es que hay cada seglar y cada cura que me da hasta vergüenza decir lo que hacen y ellos se preocupan bastante de un esconderlo bajo un tupido manto de silencio.

¿Que tanto los sacerdotes como los seglares que pertenecemos a la iglesia tenemos defectos? dice José: claro que los tenemos. ¿Quién no los tiene? Y tú también, Juan, los tienes, pienso yo. ¿Queréis saber cuántos defectos tiene la Iglesia? Exactamente, la suma de los que tenemos todos los que formamos parte de ella. Pero en ella habita el Espíritu Santo que es quien la santifica; por eso la Iglesia es santa, no pecadora; lo que sí podemos decir es que es santa pero llena de pecadores a quienes el Espíritu va santificando si le dejamos actuar.

José Gea