Una más de las maravillas del Estado de las Autonomías, junto con el dispendio de fondos públicos, la descoordinación entre administraciones, las legislaciones infinitas sobre el mismo tema, y tantas y tantas otras que no son objeto hoy de este artículo.

            Según el informe presentado por la Universidad de Gotemburgo, que elabora el que llama Indice Europeo de Calidad de Gobierno en el que plantea cuestiones tan interesantes como la presente, en once de las diecisiete comunidades españolas, el amor a la región se halla por encima del amor a la nación, y en el conjunto nacional también. En Pais Vasco, en Galicia, en Cataluña, en Navarra, en Canarias, en Asturias, en Baleares, en Aragón, en Andalucía, en La Rioja y en Cantabria, sus vecinos aman más a su región, se sienten más identificados con ella, que con su nación, con España en definitiva. Sólo en Madrid, las dos Castillas, Extremadura, Valencia y Murcia, la tendencia se invierte (y en alguna de ellas, no digo cuál, por poco tiempo, me temo).

            Yo no sé si se acuerdan Vds. de cuando “los padres constitucionales” nos decían hace cuarenta años ya que "el estado de las autonomías iba a contribuir a que amáramos más a España”. Todavía recurrió a idéntica boutade ZP cuando hizo aprobar el segundo estatuto de autonomía de Cataluña.

            En toda Europa, y según el mismo informe, el sentimiento regional se halla por encima del nacional en dos únicos países, España y Bélgica. No por casualidad, los dos “enfermos de Europa”, los dos países, además, en los que todos los experimentos de la ideología que intenta imponer el Nuevo Orden Mundial tienen mejor acogida.

            Y eso que, también para nuestra desgracia y nuestra vergüenza, se trata de dos casos completamente diferentes, pues mientras Bélgica es un refrito nacional compuesto de dos comunidades completamente diferentes, una germánica y flamenco-parlante, la otra latina y franco-parlante, con historia común nula que remonta como mucho a 1714, artificialmente creada sin base histórica alguna al solo objeto de servir de tapón a dos de las grandes potencias europeas, Francia y Alemania, y en la que apenas ha habido tiempo para que tome cuerpo una identidad nacional, la otra, España, es una de las realidades nacionales mejor identificadas de Europa, (paradójicamente, mejor reconocida hoy por los no españoles que por los propios españoles), con una historia común antiquísima, una idiosincrasia exhuberantemente  peculiar (por más que muchos españoles se avergüencen de ella), y una identidad muy pero que muy marcada.

            Así están las cosas, qué le vamos a hacer. Maravillas del Estado de las Autonomías, como les decía al inicio. Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

 

 

            ©L.A.

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