Dicen que ya es un éxito. Que 40, 60 ó 110 personas en un cine (de una ciudad, como la mía de casi cien mil habitantes) es un puro éxito. No entiendo de estadísticas aplicadas al mundo del cine. Pero sí que soy capaz de comparar números.

En los últimos premios Goya, la película Caníbal de Martín Cuenca, que estaba nominada a siete premios, había sido vista desde su estreno el pasado 11 de octubre por tan sólo 19.066 personas. Otra de ellas, que optaba a seis estatuillas, La herida, ópera prima del cineasta sevillano Fernando Franco que se hizo con dos galardones del pasado Festival de Cine de San Sebastián (premio especial del Jurado y premio a mejor actriz) fue vista en las salas por tan sólo 13.730 personas, desde su estreno el 4 de octubre. Esta última, con un presupuesto de 900.000 euros, y Caníbal con un presupuesto aproximado de 2 millones de euros.

Ni las he visto, ni creo que las vea. Por ello tampoco las juzgo, ofrezco datos para afirmar que si en 72 horas más de dos mil personas han visto “Bajo un manto de estrellas” será por algo. Uso los datos para la comparación, no para nada más. David, parece que puede volver a ganar a Goliat.

Alguien puede decirme: “-¡Eh, que es muy pronto para lanzar las campanas al vuelo!”. Que sí, que ya lo sé. Pero eso es lo que quiero hacer -y lo hago desde este rincón- seguir haciendo ruido para que la gente pida ver CINE en los cines. Y, tras el encuentro que hoy hemos tenido con Óscar Parra y Pablo Pinedo, con los sacerdotes de una diócesis española junto a su Obispo, me confirmo en que debo seguir hablándoos todavía de este film.

Vale la pena hacer este cine. Y vale la pena hablar de él.
 
CURIOSIDADES



En esta escena, los familiares del Hermano Mateo de Prado (Antonio Meléndez Peso), no sólo asistieron al rodaje de la escena del martirio sino que además hicieron de extras.