Una de las cuestiones recurrentes en la predicación del Papa Francisco es su advertencia ante la mundanidad, esa tentación de buscar el reconocimiento del mundo, que incluso en muchas ocasiones, advierte el Santo Padre, puede revestirse de apariencia de virtud. Y que es especialmente peligrosa por su carácter muchas veces no evidente, tal y como recordaba el Papa cuando afirmaba que "la apostasía es el pecado de la ruptura con el Señor pero es clara: la apostasía se ve claramente. La mundanidad es algo más peligroso porque es más sutil".

No causa sorpresa esta advertencia, siendo el Papa jesuita, ya que este estar atentos para no caer en la mundanidad no es ajeno a la meditación de los tres binarios de los Ejercicios de San Ignacio, y más en concreto a las actitudes de segundo binario, aquellas que se engañan y quieren "que Dios venga donde él quiere".

Estaba pensando esto mientras leía un artículo de Pietro de Marco en la revista Catholica, en el que se aborda precisamente este riesgo. Escribe el sociólogo italiano: "hombres de Iglesia, frecuentemente consagrados al "diálogo con el hombre moderno", con una mediocre doctrina y una débil conciencia de la gravedad de las materias abordadas, corren el peligro de no ser más que "mundanos" bajo la apariencia de hombres virtuosos, satisfechos de su papel recompensado por el éxito". Con Francisco, pues, hay que recordar y estar atentos, empezando por uno mismo, para no autoconvencernos (y engañarnos) de que lo quiere el mundo es lo que desea Dios de nosotros.