Acabo de leer de las enseñanzas, en PPP., del papa Francisco…, la número 33 y hay en ella, varios cometarios que me han impactado. Cuando se publique esta glosa, que aproximadamente será, dentro de unos tres meses los lectores que ya han recibido las anteriores enseñanzas en PPP., del papa Francisco, al haberme solicitado la hoja Excel de estas glosas, ya habrán leído, posiblemente estas enseñanzas y otras posteriores.

            Para comprender bien muchos pasajes evangélicos, es necesario tener un cierto conocimiento de la sociedad israelita que existía en época del Señor. Empezando por el comentario de los estratos sociales que existían. Estos esencialmente eran tres, amén de varias sectas que había como podían ser los zelotes o los esenios, La categoría superior era la de los saduceos, a la que pertenecían las personas adineradas y los sumos sacerdotes, así como una gran parte del Sanedrín. Los saduceos tenían su origen en el sumo sacerdote Sadoc, por ello también se les conocía con el nombre de sadokitas. Ellos entendían que Dios solo era un Dios de vivos pero no de muertos, lo que les llevaba en consecuencia a no aceptar la resurrección, tampoco creían en la inmortalidad del alma y negaban la existencia de los ángeles. Políticamente eran siempre muy acomodaticios al poder político, pero en el caso del dominio romano, estos limitaron mucho sus poderes. Roma sabía muy bien lo que tenía que hacer, para conservar el dominio adquirido, poque eran muchos territorios dominados y mucha también la experiencia política que tenían.

            El estrato social medio estaba constituido por los fariseos. Según el cardenal Schönborn, su ¡no! a Jesús, pretendía ser un ¡si! De fidelidad a Dios. Pero no era el auténtico Dios de Moisés, sino un dios creado sobre la base de una deformación de la ley mosaica. Su gran error consistía en que se ponían a sí mismos y a la ley en lugar de Dios. Toda la vida de los judíos de entonces estaba regulada en los detalles más insignificantes  por la Ley, con sus 248 preceptos y 346 prohibiciones, sus innumerables tradiciones orales, que los tenían sujetos como en una red indestructible. Todo caso probable estaba previsto y nada se dejaba a la propia responsabilidad y entre ellos, no existía una unánime interpretación de los textos antiguos. Tal como entendían la religión y como esta se había apartado de las enseñanzas de los profetas, distorsionando las antiguas enseñanzas reduciéndolas a una casuística, creada por unas erróneas interpretaciones de levitas, rabís y sumos sacerdotes que con el tiempo habían adquirido el rango de ley.

            El papa Francisco en sus enseñanzas nos dice: El que no ora es un soberbio, es un orgulloso, es uno seguro de sí mismo. No es humilde. Busca la propia promoción. En cambio,  cuando un cristiano ora, no se aleja de la fe,  habla con Jesús”. “Que cuando no se ora, la fe desaparece y tiende a convertirse en una ideología, en una idea de moralidad donde no se encuentra el Señor. Porque el Señor es amor y ternura y las ideologías son siempre algo rígido”. Hace referencia el papa después, a los reproches del Señor  a los israelitas, diciéndoles, que ellos que han transformado el conocimiento de Dios en una ideología con tantas prescripciones.

Nos dice Frank Sheed escritor católico inglés, que: “Que mientras que los saduceos provenían de las clases altas, los fariseos, de ordinario, provenían de las clases medias. En cuanto a la masa del pueblo, era más o menos devota, más o menos observadora de los ritos, pero, generalmente, odiaba a los saduceos y respetaba a los fariseos”. Dentro de este tercer estrato social se encuentran los anawin.  En Israel, el ebyon es el indigente, el necesitado, el que es el económicamente débil, el pequeño, el endeble, el flaco; el “ani” o el “anaw”, en plural los “anawin” que es el que vive doblado bajo el peso de la miseria, la enfermedad o la opresión; en una palabra el desdichado, según nos explican, Mc Caffrey-Levêque-Beldarrain-Moriconi, en su “Guía para orar en Tierra santa”. Los anawín no tenían otra esperanza, más que la misericordia de Dios. Así en el lenguaje bíblico el primitivo sentido de la palabra anw, se amplió para designar conjuntamente al hombre pobre y humilde y confiado en Dios.

Y nos falta considerar un importante complemento de esta situación religioso-político social con la que se encontró el Señor. Me estoy refiriendo al mesianismo. Todos más o menos sabemos, que el pueblo de Israel estaba a la espera de la llegada de un Mesías y digo Israel e israelitas y no judíos, porque, Judea era solo una parte de Israel, que también comprendía a los Galileos y samaritanos, aunque estos últimos hablaban de la espera de un Taheb, el que restablece, no de un Mesías.   

            Más de una vez el Señor, fue preguntado acerca de si Él era el Mesías, así: “24 Le rodearon, pues, los judíos, y le decían: ¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si eres el Mesías, dínoslo claramente. 25 Les respondió Jesús: Os lo dije y no me creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre ésas dan testimonio de mí; 26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, 28 y yo les doy la vida eterna, y no perecerán para siempre, y nadie les arrebatará de mi mano. 29 Lo que mi Padre me dio es mejor que todo, y nadie podrá arrebatar nada de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre somos una sola cosa”. (Jn 10,25-30).

            “1 Cuando hubo acabado Jesús de dar sus consignas a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades. 2 Habiendo oído Juan en la cárcel las obras de Cristo, envío a sus discípulos, 3 a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro? 4 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id y referid a Juan lo que habéis oído y visto: 5 los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados; 6 y bienaventurado aquel que no se escandalizare en mi”. (Mt 11,1-6). Para Juan Pablo II, en su libro “La vida de Cristo”, Juan el Bautista "… tenía una idea distinta del Mesías. Efectivamente, en su predicación, Juan había delineado la figura del Mesías como la de un juez severo”.

            Para la mayoría de los israelitas el Mesías era un enviado de Dios con funciones político militares. A este respecto Royo Marín, O.P. escribe diciéndonos: “El verbo se hizo carne para salvar a los hombres del poder del demonio, para redimirles de la esclavitud del pecado, para mostrarles el camino de la salvación, para restituirles la gracia original y a la amistad con Dios, para desvelarles el misterio del reino de los cielos. Su misión estaba en elevar a los hombres al mundo sobrenatural que habían perdido por el pecado de Adán, no en rebajar el mundo sobrenatural subordinándolo al mundo perecedero hasta ponerlo al servicio de intereses humanos temporales”.

Para que comprendamos la mentalidad de la época Jean Lafrance, escribe diciéndonos; Cuenta Platón, premonitoriamente 450 años antes de Cristo, el mito de la caverna. Cuenta que unos hombres se vieron en la obligación de vivir sumergidos en la oscuridad de una caverna, y se acomodaron a vivir inconfortablemente en esta situación pensando que un día vendría uno a señalarles el camino para ver los rayos de sol. Llegó este hombre y los habitantes de la caverna habituados ya a su género de vida, rehusaron la proposición de ver el sol.

Son las palabra de San Juan “4 En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 la luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no lo acogieron. 6 Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan. 7 Vino este a dar testimonio de la luz, para testificar de ella y que todos creyeran por Él. 8 No era el la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz. 9 Era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre. 10 Estaba en el mundo y por Él fue hecho el mundo, pero el mundo lo le conoció. 11 Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron11 Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12 Pero a todos los que la recibieron, los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. 13 Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. 14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan da testimonio de él, al declarar: «Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo».16 De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: 17 porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 18 Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre”. (Jn 1,1-18).

            Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

            Otras glosas o libros del autor relacionados con este tema.

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