Hace unos añitos nos abordó a un amigo y a mi, en un evento juvenil, el Señor Obispo del lugar, que debía dar una charla para abrir el acto.

Nos dijo a bocajarro: Debo hablar en 15 minutos, pero no estoy seguro que el discurso que tengo preparado sea el adecuado. ¿ Puedo pediros que escribáis un discurso nuevo ?...en plan más juvenil, más desenfadado... porque el que tengo ahora - y echando mano al bolsillo derecho de su pantalón, nos mostró un papel prolijamente doblado ( se lo había escrito un reconocido teólogo local ) - está bien, pero dudo que llegue a esta audiencia. Así cuando suba al estrado tendré otra alternativa y según como vea el público, decido finalmente cual de los dos usar.

Nos apartamos con mi amigo unos metros del lugar, medio aturdidos por la encomienda recibida y la premura del tiempo.

Me dice mi amigo ( que era cura en aquel momento ) : No va a servir de nada lo que escribamos, porque el Señor Obispo no se va atrever a usar nuestro discurso jamás en la vida. El es demasiado formal, ya sabes... Se debe haber impresionado por la cantidad de jóvenes que ha encontrado aquí reunidos, y le entró mala conciencia. Por eso nos pide esto, a última hora... Así que escribamos cualquier cosa, para que se quede tranquilo y no nos calentemos más la cabeza.

Casi mecánicamente empezamos a escribir la letra de una canción conocida seguramente por todos los jóvenes allí reunidos. Doblamos en cinco partes el papelito y se la entregamos al Señor Obispo que se lo metió sin leer en el bolsillo izquierdo.

Subió al estrado, lo presentaron y vimos como el Señor Obispo, con las dos manos en los bolsillos de su pantalón, se quedó mirando a los jóvenes sin decir palabra, con aquella expresión gélida que lo caracterizaba.

De pronto, sacó las manos de los bolsillos, tan rápidamente que no nos dio ni tiempo a ver de cual había sacado el discurso.

Desdobló con parsimonia el papel y un frío sudor nos corrió por la frente a mi amigo y a mi al escuchar retumbar por los parlantes de recinto, la voz recia del Señor Obispo diciendo :

¡ Bienvenidos ! ¡ Bievenidos ! ¡ Bienvenidos!
Hijos del Rock and Roll....
¡ Bienvenidos !

Un estrondoso aplauso se escuchó en toda la sala que se puso inmediatamente de pie y no dejo de aplaudir todas y cada una de las frases de aquella famosa canción de Miguel Ríos, que bendita sea la hora, se nos había ocurrido escribir, a mi amigo y a mi...para cumplir la papeleta.

Estoy totalmente seguro que el Señor Obispo no había escuchado nunca en su vida aquella canción. Pero bajó del estrado exultante, buscándonos a mi amigo y a mi, seguramente para felicitarnos por el éxito del discurso, pero no logró encontrarnos....estábamos escondidos detrás del escenario con la cara pálida...

Siempre me he preguntado - sobre todo en medio de una mala prédica o una mala conferencia - cómo es posible pasar tantos años en un seminario y salir sin saber las reglas básicas de comunicación pública.

Está claro que todos no tenemos los mismos dones naturales de comunicación, y algunas personas - además - parecen no tener el menor interés en comunicarse con su audiencia. Prefieren esconderse detrás de sus discursos sesudos, y no hacen el menor esfuerzo en ganarse su audiencia.

Cuelgo ahora, aquí, un video con una charla dada por un comunicador argentino muy reconocido, publicista y profesor de comunicaciones : Ronald Shakespear, porque es aleccionador escuchar a gente que sabe como comunicarse.

En este caso, usando pequeñas anécdotas y citas. Me recuerda mucho a la técnica usada por otro argentino que se llamaba Jorge, aunque ahora, todos lo llaman Francisco.

Aprendamos.

 

 http://youtu.be/EFdEmbuikOw