Afirmaba antier en el artículo que colgué en esta misma columna que “pocas veces he tenido ocasión de escuchar un discurso tan engañoso, tramposo, torticero, impostadamente conciliador y desvirtuador de la realidad como el que dedicó el Sr. Monago en el marco de su mensaje de fin de año a los extremeños, a la maternidad”

            Pues bien, si antier denunciaba las trampas que dentro de ese discurso escondía, como si de minas de profundidad se tratara, la afirmación “nadie puede ser privado de su derecho a ser madre, pero nadie puede tampoco obligado a ser madre” (pinche aquí si desea informarse sobre el tema), me propongo hoy comentar las que esconde otra de las muchas afirmaciones llenas de munificencia y beatitud vertidas en el discurso: 

            “Necesitamos una ley de aborto que conecte con la sociedad […] y para ello las posiciones se tienen que acercar […]. Hay personas dentro del Partido Socialista en contra del aborto y a favor. Y también las hay dentro del Partido Popular a favor del aborto y en contra”

            No suena feo como punto de partida: un debate nuevo, partiendo de cero, entre los que creen en la eliminación de los niños inoportunos y los que creemos en la vida. No está tan mal, ¿no les parece? A lo mejor, dada la calidad de nuestros argumentos y la cantidad de personas en España que son abierta y sinambagemente pro-vida, el resultado era que llegábamos a una ley sorprendente para muchos, con la que abortar era imposible o desde luego mucho más difícil de lo que lo fue con la Ley orgánica 9/1985de despenalización del aborto en determinados supuestos, con la Ley Aído luego, y con la que propone el Sr. Gallardón ahora. 
 

 

            ¿Es ese el debate que propone el Sr. Monago? Ni muchísimo menos: eso es lo que “espera que creamos”. El auténtico debate que propone Monago es aquél que acerque en una posición intermedia la ley de su conmilitón, el Sr. Gallardón, con la Ley Aído actualmente vigente, en una maniobra de confusión, y como tal tramposa, destinada a presentar aquélla como una ley pro-vida.

            Pues bien, no, Sr. Monago. No, no y no. La madre de todos los noes: que seamos capaces de reconocer que la ley que propone el Sr. Gallardón, en principio bastante similar a que estaba vigente hasta 2010, es menos perversa que la Ley Aído, -que todo, hasta la perversidad, es susceptible de graduación- no convierte a la Ley Gallardón en nuestra ley, ni siquiera en una ley aceptable para los que defendemos el derecho a la vida de “todos” según reza nuestra Constitución. La convierte, simplemente, en una ley abortista menos perversa que aquélla a la que, según todo apunta, derogará. 

            Por eso resulta hasta pintoresca la afirmación vertida a continuación por el Sr. Monago, cuando añade algo tan divertido como que “la ley del aborto de Felipe González nos unió durante 25 años”. Le habrá unido a él y no sé con quién, porque lo que es a los que creemos en la vida, no nos unió con nadie. 

            Lo que por otro lado me lleva a una última reflexión que no tiene que ver tanto con mi posición -y la de cuántos estamos por la vida- como con la del propio Sr. Monago: si al Sr. Monago le parece que la ley que confeccionó Felipe González “nos unió” tanto a todos, y la ley que propone el Sr. Gallardón es prácticamente un calco de dicha ley con la sola salvedad de que el aborto por malformaciones congénitas deja de ser un supuesto independiente para pasar a integrarse –digamos las cosas como son- dentro del supuesto “aborto en defensa de la salud psíquica de la madre”... ¿a qué tanto interés en un debate que sólo puede contribuir a alejarse de los preceptos de dicha ley y a acercarse a los de la Ley Aído?

            Y aquí, ya no sé decir a Vds. si se trata de otra trampita del Sr. Monago o si simplemente, en una expresión más del navideño espíritu de "paz, amor y buen rollito" que le imbuye en estas fechas, el Presidente de la Junta de Extremadura se ha tirado a la piscina sin saber siquiera si tenía agua.

  

            ©L.A.

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