Leí en IDEAS CLARAS del 23 de marzo, un artículo de J. R. Ayllón que me ha sugerido este escrito sobre LA VERDAD.

Podríamos definir la verdad como la concordancia de nuestras ideas intelectuales a la realidad.

Ante la verdad podemos adoptar tres posturas: la duda, la opinión y la certeza.

La duda cuando no tenemos razones para optar por una cosa o por otra: si en el campo me encuentro un manantial de agua dudo si es potable o no.

Puede ser potable porque es agua de la sierra; pero puede estar contaminada de sales tóxicas.

Hay que analizarla para salir de la duda.

La opinión se da cuando tengo razones para optar en un sentido, pero no son suficientes para la certeza: ¿hay seres inteligentes en otros astros?

Ni la ciencia ni la religión me impiden creerlo. Dado el número de miles de millones de astros del cosmos, parece probable que los haya.

Pero en el Observatorio de Arecibo (Puerto Rico) han mandado un mensaje binario que ha llegado a los límites de nuestra galaxia y no hemos recibido respuesta.

No estamos seguros de que los haya.

Se da certeza cuando puedo optar con seguridad. Esta seguridad puede venir:

1.- Por evidencia racional: el todo es mayor que su parte.

2.- Por comprobación experimental: el café me quita el sueño.

3.- Por testimonio ajeno:

Éste puede ser:

a) humano: La fórmula de Einstein, e=mc2. La energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado.

b) divino: palabras de Cristo-Dios: su presencia real en la Eucaristía.

Para garantizar la confianza del testimonio me tiene que constar de que “sabe lo que dice y dice lo que sabe”.

Es decir, no es ignorante del tema y no me engaña.

Y yo me digo: ¿hay alguien más listo que Dios, y que yo pueda saber que no me engaña?

Por eso:

SÉ DE QUIÉN ME HE FIADO: DEL AMIGO QUE NUNCA FALLA, JESUCRISTO

JORGE LORING, S.I.
jorgeloring@gmail.com
www.arconet.es/loring