Hoy les propongo el artículo que escribí hace ya unos meses para la revista El Pensador, una revista católica nacida en enero de 2013, centrada especialmente en el campo de la fe, la ciencia y la razón, y en la que colaboran decenas de profesores universitarios de todo el mundo, que se distribuye en la actualidad gratuitamente a más de 16.000 suscriptores.
 
            El artículo es algo más largo de lo habitual, pero el tema lo requiere. Espero les guste.
 
            “Dentro del vasto mundo de la persecución religiosa que podríamos encuadrar como una especie del género “persecución de las minorías” -raro es el caso de que la mayoría sea la perseguida, aunque por increíble que parezca, también se da, como es el caso de lo que está aconteciendo actualmente en la República Centroafricana, donde una minoría musulmana que apenas asciende al 15% de la población intenta someter a la mayoría cristiana que asciende al 60% de la población e imponer la sharía en el país-, la persecución de los cristianos en particular es una subespecie muy importante. Tanto que cabe establecer que de cada cuatro personas perseguidas en el mundo hoy día a causa de sus creencia religiosas, tres son cristianos.
 
            No siempre ha sido así, y a lo largo de la historia, no siempre han sido los cristianos la comunidad religiosa más perseguida. Un honor que desde un punto de vista relativo desde luego, pero desde un punto de vista absoluto casi también, cabe otorgar a la comunidad judía. Incluso cabe hablar, seamos honestos, de una persecución cristiana donde los cristianos no eran el sujeto pasivo de la misma, sino bien al contrario, su sujeto activo. Ahora bien, si hemos de definir la situación actual, la que conocen nuestras generaciones, la realidad es la ya expuesta: tres de cada cuatro personas perseguidas en el mundo a causa de sus creencias religiosas son cristianas, y la comunidad cristiana es la comunidad religiosa más perseguida del mundo. Una afirmación que cabe extender también al s. XX, hecha la salvedad del holocausto judío.
 
            Otro dato: y esos tres de cada cuatro personas perseguidas que son cristianos, ¿cuántos cristianos completan en una situación definible como de persecución en el más estricto sentido de la palabra? Pues bien, entre 80 y 100 millones de personas. Entre 80 y 100 millones de cristianos en el mundo registran complicaciones en su vida diaria por el mero y sencillo hecho de ser cristianas, de haber nacido cristianas. Es injusto pero es así.
 
            El número de víctimas mortales, máxima expresión de la complicación que a esas personas perseguidas causa su condición de cristiana es difícil de establecer con precisión. Existe una estadística basada en los análisis realizados por el Center for Study of Global Christianity, la organización norteamericana fundada por David B. Barrett (1927-2011) que publica la World Christian Encyclopedia y el Atlas of Global Christianity, la cual afirma que cada año 115.000 personas mueren a causa de su condición de cristianos.
 
            La cifra es espectacular, pero induce indiscutiblemente a engaño. Es verdad que una estadística fría que tome en consideración algunas de las grandes masacres y genocidios del s. XX –genocidio armenio de primeros del s. XX, cristiada mejicana, República y Guerra Civil españolas, persecución en Corea del Norte, en China, en Camboya y muchas otras que me estaré dejando en el tintero- podría llevar a obtener una media alta, no sé si tan alta como 115.000 víctimas mortales al año, pero sí alta en cualquier caso. Si bien, gracias a Dios, ese no es el panorama actual, y desde hace muchos años, tantos como casi medio siglo, la media de cristianos que pierden la vida a causa de su fe apenas –y digo apenas con todas las reservas que el uso de la palabra aquí merece- alcanza unos miles.
 
            Lo cual sin embargo, no ataca en modo alguno la dura realidad de que efectivamente, el número de cristianos que sufren complicaciones a veces muy severas por su mera militancia cristiana asciende inequívocamente a 80100 millones de personas. Se trata de personas que más allá de estar especialmente expuestas a pagar con la vida un determinado comportamiento, -lo que no es poca complicación, convendrán Vds. conmigo-, tienen vedado el acceso a determinados puestos, a determinadas profesiones; no pueden frecuentar determinados ambientes; no pueden practicar el culto de modo público, y eso cuando no están obligados a estudiar religiones que no son la propia y hasta a realizar prácticas que son ajenas a su religión como es el caso de muchos cristianos en países musulmanes durante el ramadán, o el consumo de alcohol en países igualmente islámicos; no pueden ejercer ninguna forma de expresión susceptible de ser calificada como proselitismo; están obligados a convertirse para contraer matrimonio con personas de la religión predominante; tienen derechos cercenados en lo relativo a la educación de sus hijos; se hallan sometidas a leyes que afectan todos los ámbitos de la vida civil, a menudo de una inusitada crueldad, y que sin embargo pertenecen a ámbitos religiosos y culturales totalmente extraños al suyo…
 
            Desde el punto de vista antropológico, se puede decir que los grandes perseguidores de cristianos del s. XXI pertenecen a una de estas tres categorías: el islam, el hinduismo y el comunismo. Sin que ello quiera decir naturalmente que todos los musulmanes o países musulmanes, ni todos los hinduistas ni países hinduistas, ni todos los comunistas o países comunistas, persigan con similar intensidad a los cristianos, ni siquiera que todos lo hagan.
 
            Desde el punto de vista geográfico, esta persecución se lleva a cabo en dos continentes: Asia y Africa. Analicemos cada uno de estos casos.
 
            De los cinco continentes del planeta, tal vez sea Asia aquél en el que la densidad de cristianos por comparación a la población total sea inferior, lo que no cabe decir en términos absolutos, pues es tan alta la población asiática, probablemente la mitad de la de todo el mundo, que el número total de cristianos asiáticos es superior al existente en Oceanía o incluso en Africa.
 
            En todo Asia, países en los que la comunidad cristiana sea predominante sólo hay tres: en la zona del sudeste asiático Filipinas, donde por mor de la evangelización española casi un 90% son cristianos; y en la zona de las repúblicas soviéticas, dos, Georgia y Armenia, ambas con un 85% aproximadamente. Curiosamente, en determinadas zonas de Filipinas donde el islam es mayoritario o muy activista, se registra persecución.
 
            Países donde la comunidad cristiana constituye una mayoría muy significativa aunque no unánime tenemos otros dos: uno de ellos en la zona del Oriente Medio, Líbano, con un 40%; y otro en la del sudeste asiático, por cierto bastante inesperado: Corea del Sur, con un 43%. Curiosamente, en su homónimo del norte, por mor de la actuación del comunismo religofóbico, dicha comunidad apenas asciende al 2% en el mejor de los casos (si no el cero literal), desde el 30% que llegó a constituir. El Líbano constituyó hace unas décadas un interesante caso de convivencia islamo-cristiana que se ha deteriorado mucho en los últimos años.
 
            Los cristianos son una minoría significativa en varios países, a saber: Kazastán (14%), Brunei (14%), Indonesia (12%), Emiratos Arabes Unidos (12%), Kuwait (11%), Bahrein (9%), Malasia (9%), Birmania (8%) y Viet-Nam (8%). En este grupo milita un caso muy especial, el de China, donde el Informe de Libertad Religiosa estima el porcentaje de cristianos en un 8,6%, aunque la evaluación es muy difícil de realizar por el hermetismo del régimen. Con todo, ese 8,6% sobre la población china de 1.300 millones de seres representaría una comunidad cristiana de más de 110 millones de cristianos, que podemos estimar como una de las cinco comunidades cristianas por nacionalidades más importantes del mundo. De todos ellos se puede hablar de persecución en Indonesia, Birmania y China, país este último en el que donde sin embargo, dicha persecución registra, según todos los observadores, una evolución muy saludable.
 
            Constituyen los cristianos una minoría considerable en los siguientes países: Taiwan (6%), Kirguistán (6%), Arabia Saudí (5%), Siria (5%), Omán (4%). En esta categoría milita otro caso singular muy importante, el de la India, donde el 5% de su población es cristiana, lo que sobre una población de 1.200 millones de seres arroja una comunidad de 60 millones de cristianos, entre las diez más importantes del mundo, sólo a modo de ejemplo, sensiblemente mayor que la española. En este grupo la persecución es muy notoria en Arabia Saudí, uno de los países más intolerantes en materia religiosa del mundo, y las zonas de India en las que existen cristianos. En Siria la presente situación de guerra puede destapar un cruel proceso de persecución contra los cristianos que ya ha dado sus primeros síntomas.
 
            Son los cristianos una minoría muy pequeña, entre un 1% y un 4%, en los siguientes países: Azerbaiyán (3,1%), Nepal (3%), Laos (2,9%), Jordania (2,8%), Israel (2,4%), Japón (2,3%), Pakistán (2,2%), Camboya (2%), Mongolia (1,7%), Tayikistán (1,5%), Tailandia (1,2%). En este grupo milita un país en el que la comunidad ha podido reducirse a la mitad o incluso a menos en los últimos años cual es Irak, donde el ILR estima la población actual de cristianos en un 1,8%, que bien podía ascender a un 5% hace sólo unas décadas. La persecución es intensa también en Pakistán, y algo menos en Laos.
 
            Y son países en los que prácticamente no hay cristianos –es decir hay menos de un 1%- los siguientes: Bután (1%), Irán (0,5%), Bangla-Desh (0,5%), Yemen (0,2%), Afganistán (0,1%). En todos ellos salvo quizás en Bután, los cristianos lo pasan mal, con casos muy conocidos en Irán.
 
            De los cinco continentes del planeta, tal vez sea Africa junto con Iberoamérica aquél en el que el cristianismo se proyecte con mayor potencia, el verdadero vivero del cristianismo. Pero para no hablar por hablar, vamos a hacer un repaso, como hemos hecho con las comunidades asiáticas. Y siempre a partir de los datos ofrecidos por el Informe de libertad religiosa (ILR) de Ayuda a la Iglesia necesitada.
 
            De los aproximadamente 1.000 millones de habitantes africanos profesan el cristianismo en torno a un 46% de la población total. De ese 46%, la mitad serían protestantes, una tercera parte católicos, y un décima parte ortodoxos. Profesa el islam algo más de un 40% de los africanos, y las religiones tradicionales animistas africanas (culto de los antepasados) un 12% de ellos, quedando un exiguo 2% para otras religiones.
 
            Clasificaremos los países africanos en cinco grandes grupos:
 
                        1º.- El cristianismo es la religión predominante: más del 60% de sus habitantes son cristianos. Es el caso de los siguientes países: República Democrática del Congo (95,4%), Congo Brazzaville (95,4%), Angola (93,8%), Burundi (92,9%), Lesoto (91,8%), Gabón (90,6%), Namibia (88,9%), Guinea Ecuatorial (88,7%), Suazilandia (87,6%), Ruanda (86,1%), Uganda (85,5%), Zambia (82,1%), Sudáfrica (81,7%), Kenia (81,7%), Malawi (79,8%), Zimbabue (71,5%), República Centroafricana (66%), Botsuana (65,1%), Ghana (61,2%).
 
            En estos países no se registran casos significativos de persecución salvo quizás en Kenia, debido a los problemas fronterizos que registra con Somalia, país islámico de los que en términos internacionales se considera “estado frustrado”.
 
                        2º.- El cristianismo constituye una mayoría muy significativa: entre el 30% y el 60% de sus habitantes son cristianos. Militan en este grupo los siguientes países: Etiopía (56,6%, junto a un 34,7 musulmanes), Camerún (56,6%), Tanzania (53,2%), Mozambique (52,5%), Madagascar (48,5%), Eritrea: (47,3% junto a 49,2 de musulmanes), Togo (45,7%), Nigeria: (45,5% junto a 45,4% musulmanes), Benin (43,8%), Liberia (40,5%), Costa de Marfil (33%).
 
            En estos países como vemos se da la particular circunstancia de dos fuertes comunidades casi igualitarias, una cristiana y otra musulmana, circunstancia que si en muchos casos lleva al mutuo respeto, cuando estalla convierte al país en un polvorín. Tal es el caso de Nigeria sobre todo, donde el conflicto es hoy día abierto y constituye uno de los focos más calientes de persecución del cristianismo hoy día, pero también de otros países donde la violencia puede estallar en cualquier momento, Eritrea, la misma Etiopía…
 
                        3º.- El cristianismo constituye una minoría significativa, entre el 10% y el 30%, caso de los siguientes países: Chad (25,5%), Burkina Fasso (20,3%), Sudán (16,4%), Sierra Leona (12,7%), Egipto (12,2%), Guinea Bissau (11,9%).
 
            Por lo que hace a persecución religiosa, se han de destacar aquí dos casos: el de Egipto, donde los cristianos coptos están pagando los platos rotos de la Primavera Arabe, con más de 50 víctimas mortales desde que gobierna Mursi; y Sudán, país que ha sufrido la secesión del sur, mayoritariamente cristiano, y donde la minoría cristiana que ha quedado en el país sufre las consecuencias de la rápida islamización de lo que ha quedado de país. En cuanto al Chad habrá que estar atentos pues podría convertirse en un foco de exportación de islamismo que ya está sufriendo la vecina República Centroafricana, mayoritariamente cristiana.
 
                        4º.- El cristianismo sólo es una minoría, entre el 2% y el 10% de la población, como ocurre en: Senegal (5,0%), Guinea Conakry (3,7%), Mali (2,9%), Libia: 2,7%.
 
            La persecución es creciente en Libia, desde la irrupción de la Primavera Arabe, y en Mali, donde sin embargo la intervención militar directa por parte de los franceses parece haber resultado muy eficaz.
 
                        5º.- El cristianismo es una minoría ínfima, inferior al 2% de su población, como es el caso de: Níger (0,4%), Mauritania (0,3%), Túnez (0,2%), Argelia (0,2%), Marruecos (0,1%), Somalia (0,1%).
 
            Por lo que se refiere a persecución religiosa, se ha de resaltar el caso somalí, al que ya nos hemos referido arriba, estrechamente relacionado con el ambiente caótico que vive el país.
 
            Una sistematización geográfica es muy sencilla de realizar. Geográficamente hablando, la mayoría cristiana es muy obvia en la parte sur del continente, justo del ecuador que pasa por Gabón-Congo-Uganda-Kenia para abajo, donde no existe un solo país africano sin mayoría cristiana. Y es sumamente escasa por encima del trópico de cáncer que pasa por Mauritania-Argelia-Libia-Egipto, donde la única concentración significativa de cristianos es la egipcia, un 12%. Entre el trópico y el ecuador, tiende a constituir una mayoría en disputa con otras mayorías, ora islámicas (caso de Eritrea, caso de Etiopía, y sobre todo caso de Nigeria, el país más poblado de Africa, con 150 millones de habitantes repartidos prácticamente por mitades entre cristianos y musulmanes), ora animista (caso de Costa de Marfil).
 
            Junto a esta realidad de la persecución propiamente dicha de cristianos por entidades y personas que son de otra religión, habría que hablar todavía de otro tipo de persecución indiscutiblemente menos penosa, pero no por ello menos frecuente: es la que denominaría no tanto “persecución” como “acoso” de cristianos; una persecución que también podríamos caracterizar en una curiosa tipología, como de cristianos por cristianos.
 
            Es frecuente en los países de mayoría cristiana de occidente, y lo que es peor, es creciente, y en algunos casos, hasta alentada desde la autoridad concebida en un modo amplio: gobiernos, leyes, jueces… La realizan supuestos ateos que muchas veces exhiben una fanatismo religioso muy superior al de aquéllos a los que persiguen aunque “crean no creer” en Dios, y la realizan en nombre del progreso y la libertad a los que dicen servir.
 
            Da lugar a noticias incluso pintorescas si no fuera por lo que de menoscabo tiene a la libertad religiosa, al sistema de libertades individuales por ende, y al sistema democrático por extensión: una ministra que impide la utilización de la palabra “Jesús” en las escuelas; la prohibición a de representar a su país en Eurovisión a un grupo caracterizadamente cristiano; la declaración por un juez de que el cristiano no es el mejor ambiente para educar a unos niños basándose en ello para denegar una adopción; la prohibición de llevar cruces y otros indicativos cristianos… Y todo ello, junto a agresiones verbales de todo tipo que en algunos momentos puntuales degeneran en físicas. En España, amén de la intensa violencia que desplegaron grupos ateos durante la celebración de la JMJ en agosto de 2011, se ha llegado a registrar un atentado en el Catedral de la Almudena del que afortunadamente no estamos hablando más gracias a que el cura de la catedral se percató de lo sospechoso del paquete que escondía la bomba, una bomba preparada para causar muchas víctimas incluso mortales, según se aclaró en su día.
 
 

 
 





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