Sí señores, 900.000 libras, un millón de euros más-menos, ese ha sido el precio pagado por un coleccionista en la casa de subastas británica Henry Aldridge and Son por el violín de Wallace Hartley (18781912), director de la orquesta del famoso Titanic, quien, como se sabe, en un intento de infundir algo de serenidad a la tripulación y el pasaje en medio de la tragedia, no dejó de tocar en ningún momento mientras el enorme transatlántico se hundía en las heladas aguas al sur de Terranova el 15 de abril del año 1912. El naufragio, producido a consecuencia del choque con un iceberg, dejó un fatídico saldo de mil quinientos catorce víctimas mortales, salvándose apenas setecientas nueve personas, una de cada tres para que se hagan una idea.
 

           El violín subastado, fabricado en Alemania, fue hallado dentro de su estuche atado al cuerpo de Wallace, una vez que éste fue recuperado diez días después de que pereciera ahogado como los otros componentes de su pequeña orquesta. Había sido regalo de su prometida Maria Robinson, según relata la inscripción de su parte posterior: “Para Wally, con motivo de nuestro compromiso”. Wally y María tenían previsto casarse al regreso de éste tras la travesía del Titanic.
 
            El instrumento, que se encuentra en buen estado aunque solo conserva dos cuerdas, había sido dado por perdido, reapareciendo en 2006, y ha superado favorablemente cuantas pruebas le han sido realizadas para certificar su autenticidad.
 
            Sobradamente conocida es la historia según la cual, lo último que tocó el violín ahora subastado fue el precioso himno “Nearer, My God, To Thee”, traducido al español como “Cerca de Ti, Señor”. La historia se basa en el testimonio de algunos supervivientes de la tragedia, entre los cuales, el de Violet Jessop en 1934. Y si bien otros pasajeros declararon haber oído otras piezas como concretamente “Canción de Otoño” -lo que no tiene porqué ser incompatible con lo atestiguado por Violet, y bien pudo ocurrir que se interpretaran ambas e incluso otras-, lo cierto es que se conoce de la afición por la canción del director de la orquesta, Wallace Hartley, quien incluso había declarado su deseo de que sonara un día, que él preveía sin duda más lejano, en su funeral, y quien, por otro lado, era metodista, adscripción cristiana en la que la pieza adquiere rango de verdadero himno.

            Como quiera que sea, el mundo mágico del cine se ha encargado de convertir la hipótesis en certeza y la leyenda en historia, apareciendo la maravillosa melodía en tantas de la versiones que la séptima de las artes ha dedicado a la tragedia a lo largo de la historia: así la de Herbert Selpin (1943), la de Jean Negulesco (1953), la de Roy Ward Baker (1958), o la última de James Cameron (1997).
 
 
 

            “Nearer, My God, to Thee”, última pieza tocada por el violín por el que se ha pagado la fabulosa cantidad de dinero que da título a este artículo, es un himno compuesto en el año 1841 por Sarah Flower Adams (18051848) de Loughton, Essex, en Inglaterra, la cual, según parece, se habría inspirado en el texto del Génesis que relata el sueño de Jacob en el que el patriarca se ve a sí mismo subiendo al cielo con una escalera y recibiendo de Dios en herencia la tierra de Israel (ver Gn. 28:12–17).
 
 
            ©L.A.
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