Me han dicho que ha fallecido fray Paolo Covino, el sacerdote que administró la Unción de Enfermos al Padre Pío en septiembre de 1968.

Parece como si estuviese viéndole aún, agarrado a su andador de aluminio con 92 años, tras incorporarse con dificultad de la silla en una sala del convento de San Giovanni Rotondo, al término de la entrevista para mi libro "Padre Pío" celebrada el 15 de mayo de 2010.

Fray Paolo se parecía físicamente al Padre Pío: tenía su mismo gesto paternal y su mirada limpia y diáfana, como la de un niño. Convivió muchos años con él; tuvo incluso la fortuna de ocupar su misma celda en el noviciado de Morcone.

"El Padre Pío -me decía- llevaba siempre en la mano el Santo Rosario, su arma más poderosa contra el enemigo, la cual empleaba sin descanso. Llegaba a rezar 15 ó 20 Rosarios completos al día (de 150 Avemarías cada uno). Él decía: "Haced amar a la Virgen. Ella os escuchará. Rezad el Rosario todos los días y Ella lo pensará todo".
 
Claro que, una vez el superior le preguntó al Padre Pío cuántos Rosarios rezaba al día. Y éste, obediente hasta sepultura, le respondió: "Bueno, a mi superior debo decirle la verdad: he rezado 34".

Fray Paolo era el encargado de custodiar, antes y después de la Santa Misa, los mitones (guantes con los dedos al descubierto) con los que el Padre Pío cubría sus estigmas.

Con siete años, Covino acudía a visitar al Padre Pío acompañado de su madre, terciaria franciscana, todas las mañanas y tardes a San Giovanni Rotondo. En cierta ocasión, al ver una reproducción de la Sábana Santa en una de las paredes del convento, el Padre Pío le explicó: "Esta es la imagen del lienzo sagrado que envolvió el cuerpo de Jesús tras su muerte".
Covino añadió durante nuestra entrevista: "Al crecer comprobé que así era".
 
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