La “terra brasileria” ha recibido con los brazos abiertos a Francisco, el primer Papa latinoamericano. Después de que su vehículo fuera detenido por el tráfico y el entusiasmo de la multitud, lo que –dicho sea de paso- dejó en evidencia la necesidad de cuidar mejor la colocación de las vallas de seguridad -pues alguien pudo haber resultado lastimado ante el caos vial que se generó- llegó al palacio de gobierno de Rio de Janeiro, donde pronunció una frase de gran relieve: “¡Cristo confía en los jóvenes!”[1].

Está claro que Dios y el Papa apuestan por la juventud, por las nuevas generaciones de cada país; sin embargo, ¿qué piensa el resto de la Iglesia? Es una pregunta capciosa, pero que parte de una realidad que debe cambiar: grupos juveniles sin jóvenes. En otras palabras, espacios “secuestrados” por varios “cuarentones”, quienes se sienten los dueños y, a su vez, los primeros destinatarios de la pastoral juvenil, cuando -en realidad- su tiempo ya pasó y tienen que salir a buscar otra propuesta que sea más acorde con la etapa que están viviendo. Casi siempre, se trata de dos o tres personas que entraron cuando eran jóvenes pero que nunca optaron por alguna vocación en particular. En lugar de haber aprovechado el acompañamiento, prefirieron quedarse cómodamente estancados, haciendo del grupo una caricatura, un club para los fines de semana. No conformes con esto, varios pasan a formar parte del equipo coordinador. Ciertamente, es bueno que haya laicos adultos que asesoren; sin embargo, el problema se da cuando los que pretenden acompañar, carecen del perfil necesario. Quien nunca dio pasos en su vida, ¿con qué cara le dirá a los jóvenes que no le tengan miedo al “para siempre”?

Como acostumbran abrumar al sacerdote o a la religiosa que está tratando de escuchar las inquietudes de los jóvenes, llega un momento en el que es imposible que haya buen ambiente al interior del grupo. Se apoderan de todo. Incluso ven en los nuevos miembros una amenaza, pues no sea que en la próxima visita que les haga el Sr. Obispo, pierdan protagonismo, aplausos. ¿Qué hacer ante la invitación que ha lanzado el Papa desde Brasil? Sin duda alguna, entender -de una vez por todas- que la prioridad de la pastoral juvenil son los jóvenes y no la señora que vive encerrada en la sacristía. Ahora bien, esto no significa que si eres mayor de 32 años, estés excluido de la Iglesia. Al contrario, hay muchas opciones, caminos y carismas. Por ejemplo, los movimientos eclesiales con sus diferentes niveles o etapas. El error es intentar quedarse en el pasado, quitándole el lugar a los que vienen en camino.

Además de ayudar a los jóvenes para que puedan encontrar su lugar en el mundo y en la Iglesia, es importante involucrarlos con la tarea de la nueva evangelización, delegándoles ciertas responsabilidades. Su protagonismo es clave, vital. Ellos son el futuro de la sociedad y, por supuesto, de la fe.


[1] Papa Francisco. Mensaje de bienvenida. Ceremonia oficial. Palacio de gobierno, Rio de Janeiro, Brasil, 22 de julio de 2013.