DROGADICTO:

Buenos días, Padre.

SACERDOTE:

Buenos días. ¿Qué tal?

DROGADICTO:

Muy bien, gracias. Aunque en vez de decir muy bien, debería haber dicho muy mal.

SACERDOTE:

¿Qué te pasa?

DROGADICTO:

Pues que estoy metido en la droga desde hace tiempo y no tengo fuerza de voluntad para quitármela de encima: Lo he intentado varias veces y he vuelto a las andadas. Incluso he estado internado para superar el problema y, al salir, otra vez con la dichosa droga. Como soy católico, me han dicho que viese a un sacerdote y aquí estoy.

SACERDOTE:

Bueno, pues aquí estoy yo también dispuesto a ayudarte. No sé si sabré ayudarte debidamente. Pero voy a intentarlo. No te conozco ni sé quién eres. Veo que eres un joven agobiado por tu drogodependencia, pero veo también que quieres salir. Y eso, para mí es algo muy positivo. Lo único que voy a intentar es ayudarte a pensar con seriedad, tanto si eres soltero como si eres casado.

Como te voy diciendo, lo más importante es que quieras salir: de lo contrario va a ser inútil todo lo que yo te pueda decir y perderíamos el tiempo tú y yo. Me has dicho que eres católico; por tanto, aunque lo que pueda decirte va a ser parecido a lo que le diría a alguien que no lo fuese, pero creer en un Dios Padre que nos quiere como no tenemos idea, y en un Jesús que es nuestro hermano que ha dado su vida por nosotros, te va a ayudar a ver el problema desde una óptica religiosa.

DROGADICTO:

Estoy dispuesto a escucharle y pídale al Señor que me dé fuerzas para salir de esta situación que me está amargando la vida, la mía y la de mi familia.

SACERDOTE:

Vamos allá. Lo primero que te digo es que si estás tomando droga en la actualidad, pienses en serio hacia dónde te estás dirigiendo y cómo va a acabar tu vida. Siempre nos encontramos con bifurcaciones en el camino de nuestra vida; hay algunas opciones cruciales de las que depende que seas feliz, o no, en tu futuro. Lo que puedes dar por seguro es que si sigues tomando, cada día dependerás más de ella; cada día estarás más esclavizado por ella.

DROGADICTO:

Sí; es cierto lo que me dice, pero es posible que con mi trabajo pueda ir haciendo frente a las necesidades de mi familia, aunque no es eso lo que más me preocupa.

SACERDOTE:

Bien, pero también suele suceder que mientras uno siga con la droga, no tenga muchas ganas de trabajar; también veo que es normal en los casos que conozco; y no son pocos los que son despedidos del trabajo

DROGADICTO:

Eso de no tener ganas de trabajar, algo de eso ya me está pasando; a veces no me encuentro bien después de tomar, otras veces llego tarde al trabajo y ya me han llamado la atención alguna vez

SACERDOTE:

Puede que te despidan o que no, pero eso del trabajo no parece ser una de tus aficiones preferidas. Lo cual supone que no vas a ir muy sobrado de dinero, y tendrás que inventártelas para alimentar a tu familia, al colegio y educación de tus hijos y si no dispones de dinero en abundancia y dependes cada día más de la droga, ya me dirás qué futuro te espera.

Ten en cuenta, como supongo que sabrás por experiencia, que para seguir drogándote habrás de disponer de dinero para comprarla; como cada día necesitarás más dinero, lo pedirás a tus padres; y llegará un momento en que se cansarán, y acabarán por no dártelo, porque no podrán más.

De ahí a robar no hay más que un paso. Robarás, empezando por tus padres y acabando por robar a quien sea y como sea. Éste es el camino que vemos recorrer constantemente a los drogadictos; y no hay otro. Y si no pagas a los traficantes, quizá no te libres de alguna paliza o de algo peor. Esto sucede, no te engañes.

Es posible que, al verte en esa situación, te ofrezcan regalarte droga, pero siempre que te comprometas a venderla y distribuirla entre la gente con quienes te relacionas. Y en cualquier redada que haga la policía, también es posible que te detengan y te metan en la cárcel. Lógicamente, te meterán en el sector de drogadictos. Aparte de que no puedes imaginarte lo mal que lo puedes pasar, piensa en el dolor que eso causaría a tus familiares y amigos. ¿Está claro? No quiero meterte miedo, pero eso es así. Piensa.

José Gea