El silogismo (por llamarlo de alguna manera distinta de “memez”) proviene de un pesoísmo y de un Rubalcaba que ya no saben qué hacer para aparecer en las portadas. Ya lo conocen: anda el pesoísmo diciendo por ahí que no va a aceptar que los obispos hagan las leyes, y más concretamente la del aborto, y que como Gallardón altere la Ley Aído, ellos exigirán la revisión del Concordato con la Santa Sede (sic, sic y requetesic). Podían haber pedido la revisión del convenio entre TVE y la Federación Española de Fútbol para la retransmisión de partidos en abierto, que tanto da que me da lo mismo, pero esta vez han optado por lo del Concordato (a decir verdad, siempre optan por lo mismo, el guión no cambia desde el s. XIX... ¡y luego dicen que son progresistas!).
 
            La salida de pata de banco pesoíta lo que demuestra en primer lugar, como muy bien señalaba Jaime Urcelay, Presidente de la plataforma Profesionales por la ética, en la entrevista que le realizamos el jueves en el programa de Radio María “Diálogos con la Ciencia” Javier Angel Ramírez y este servidor, es que el pesoísmo no tiene discurso solvente por lo que al aborto y las prácticas abortivas se refiere, y que su única manera de defender su posición son las bravuconadas y chorradas del tipo de la presente y otras parecidas.
 
            Aparte de que la asociación del Partido Popular con la Conferencia Episcopal sea cada vez más indemostrable y a estas alturas no se la crea absolutamente nadie, y de que los obispos, como cualquier otro ciudadano de este país, están en su perfecto derecho de expresar sus opiniones, ora personales, ora como miembros de la Conferencia Episcopal, lo cierto es que nuestros mitrados también están a favor de la democracia, y no por ello vamos a redactar una nueva constitución para implantar una dictadura; como están en contra de la pena de muerte, y no por ello la vamos a reimplantar en nuestro sistema penal sólo para fastidiarles.
 
            Pero es que por si todo ello fuera poco, en una manifestación más de lo que con tanta precisión expresó el obispo de San Sebastián José Ignacio Munilla cuando afirmaba aquello de que “la derecha piensa como la izquierda y la izquierda se comporta como la derecha”, la dura realidad demuestra que en España, como en todo el mundo, son muchos los católicos que, por lo que al aborto se refiere, prefieren mirar para otro lado... Y eso cuando directa y explícitamente no se muestran y expresan favorables a su aprobación y hasta de su declaración como uno más de los derechos de una mujer. Así de duro, así de triste. De la misma manera que, -y ésta es la buena noticia-, son muchos también los no creyentes (véalo aquí) y los practicantes de religiones diferentes al catolicismo, y hasta militantes y votantes del pesoísmo y de otros partidos de la izquierda, que se muestran firmes militantes de la vida, y en consecuencia, contrarios a la legalización de las prácticas abortivas.
 
            Las cosas como son, señores del pesoísmo. No nos traten como estúpidos y si aparte de mentar a la madre de los obispos, discurso del que no salen Vds. desde el s. XIX, tienen alguna buena razón para afirmar que el de matar a su propio hijo dentro de su propio vientre es un derecho más de los que asiste a la mujer por el solo hecho de serlo, cuéntennoslo. Pero si no, dejen de decir memeces (o silogismos, como prefieran Vds.). Los ciudadanos, y no digamos sus votantes, se merecen un poquito más de respeto.
 
 
            ©L.A.
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