Que la cruz de Jesús portó lo que se da en llamar un “titulus crucis”, es decir, un cartel en el que se explicaba el motivo de la condena, es uno de esos puntos en los que existe general acuerdo entre los evangelistas, como lo existe también sobre lo que podía leerse en dicho cartel: Este es Jesús, el rey de los judíos” según Mateo (Mt. 27, 37) y Lucas (Lc. 23, 38); “El Rey de los judíos” según Marcos (Mc. 15, 26); “Jesús el Nazareno, rey de los judíos” según Juan (Jn. 19, 19).

 
 
            Una condena, ésta que el procurador Poncio Pilatos manda inscribir en el titulus, que sin duda habría coincidido con la que el mismo procurador haría constar en el acta de los acontecimientos que verosímilmente habría remitido a Roma, a la que de hecho, se refieren como “visitable” en su época, -probablemente en los archivos imperiales-, autores cristianos tan tempranos como Tertuliano (h.155-h.222), o Justino (100165), en cuya Apología podemos leer:

            “Y que todo esto sucedió así podéis comprobarlo por las actas redactadas en tiempos de Poncio Pilato" (op.cit. 1, 35, 9)
 
            Pues bien, una de las grandes reliquias de la cristiandad es precisamente la que se refiere al “titulus crucis”, un trozo de madera de 25x14 centímetros, 2,6 centímetros de grosor y un peso de 687 gramos que constituiría, en realidad, apenas una de las dos mitades del original completo, hallándose la otra perdida. Se conserva el titulus crucis en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma, que mandó construir Santa Elena, madre del emperador Constantino y compiladora de las grandes reliquias de la cristiandad entre las cuales la Vera Cruz a la que nos referiremos en otra ocasión.
 
            La pieza recoge el texto de la condena la condena en hebreo en su primera línea (en bastante mal estado como se puede ver arriba), en griego en su segunda línea, y en latín en su tercera.
 
            Al igual que ha ocurrido con otras reliquias, el Vaticano autorizó en su día la realización sobre el titulus de la prueba del carbono 14, la cual se llevó a cabo en la Universidad de Arizona en el año 2002, y concluyó que la pieza era menos antigua de lo que algunos habrían querido, datando de un período de tiempo que cabe fijar entre los años 980 y 1146.
 
            El resultado no desmerece, sin embargo, los favorables dictámenes realizados desde otras disciplinas como la paleografía, que concluye que los textos y letras que se recogen en ella se corresponden perfectamente con la tipología de la escritura que se conoce por otras piezas y documentos de la época, todo lo cual permitiría apuntar que la pieza que llega a nuestros días fuera una copia de un original que se hallaba ante los ojos de quien la realizó, y hasta se barrunta la circunstancia en la que esta copia pudo ejecutarse: las obras efectuadas por el Papa Lucio II a mediados del siglo XII. A lo que añadir la posibilidad cierta de que el carbono 14 hubiera errado, algo que no cabe desdeñar pues ha ocurrido en otras ocasiones.
 
 
            ©L.A.
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