Se avecina un nuevo best-seller mundial. Los sabuesos editoriales habrán puesto precio ya a los derechos de cesión del único libro-entrevista del nuevo Papa Francisco I con los periodistas argentinos Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti. Publicado por la editorial Vergara de Buenos Aires en 2010, El Jesuita, en clara alusión al protagonista, consta de 192 páginas y ha sido prologado curiosamente por el rabino Abraham Skorka.

Sin ánimo de polemizar (para eso puede leerse el artículo de Antonio Caponnetto, director de la revista Cabildo, órgano del nacionalismo católico, amén de su biografía en Metapedia), el libro de referencia incluye, entre otras, estas perlas del ya ex cardenal Bergoglio:
 
-“Lo que estaba claro era mi vocación religiosa. Entré a la Compañía de Jesús atraído por su condición de fuerza de avanzada de la Iglesia, hablando en lenguaje castrense, desarrollada con obediencia y disciplina. Y por estar orientada a la tarea misionera”.

-“No tengo todas las respuestas. Ni tampoco todas las preguntas. Siempre me planteo más preguntas, siempre surgen preguntas nuevas. Pero las respuestas hay que ir elaborándolas frente a las distintas situaciones y también esperándolas. Confieso que, en general, por mi temperamento, la primera respuesta que me surge es equivocada. Frente a una situación, lo primero que se me ocurre es lo que no hay que hacer. Es curioso, pero me sucede así. A raíz de ello aprendí a desconfiar de la primera reacción. Ya más tranquilo, después de pasar por el crisol de la soledad, voy acercándome a lo que hay que hacer. Pero de la soledad de las decisiones no se salva nadie”.

“Hay que ponerse en el lugar de una madre [las madres de mayo] a la que le secuestraron a sus hijos y nunca más supo de ellos, que eran carne de su carne; ni supo cuánto tiempo estuvieron encarcelados, ni cuántas picaneadas, cuántos latigazos con frío soportaron hasta que los mataron, ni cómo los mataron”.

-“Es lo que siento. Puedo equivocarme. Nosotros no lo veremos, lo verán nuestros hijos. Como aquel cuento de los dos curas que están charlando sobre un futuro concilio y uno pregunta: ‘¿Un nuevo concilio va a suprimir el celibato obligatorio?’ Y el otro responde: ‘Parecería que sí’. Pero el primero concluye: ‘De todas maneras, nosotros no lo vamos a ver; lo verán nuestros hijos’”...

Sobre el mismo libro, Alfredo Chies escribe en La Capital:

"Bergoglio, nacido en Buenos Aires en 1936, habló entonces [a los autores del libro] de su entrañable cariño por una de sus abuelas, de cuando su madre le enseñó a cocinar (“¿Sabe cocinar bien?. Bueno, nunca maté a nadie”), de sus lecturas de la revista Propósitos del Partido Comunista (“Me gustaban los artículos de Leónidas Barletta, pero no fui comunista”), de cómo se presenta ante un grupo de gente que no lo conoce (“Soy Jorge Bergoglio, cura. Es que me gusta ser cura”), del afecto por Jorge Luis Borges (“Era un hombre muy sapiencial, muy hondo. Un agnóstico que todas las noches rezaba el Padrenuestro porque se lo había prometido a su madre y que murió asistido religiosamente”), de que le gusta la poesía de Hörderlin, la literatura italiana, Dostoievsky y Marechal".

"Reveló su afición por Beethoven, por el tango, que también bailaba (“A Azucena Maizani le di la extremaunción. Había ido a verla porque éramos vecinos y en el hospital me encontré con Virginia Luque y Hugo del Carril”), las películas de Tita Merello y del neorrealismo italiano, su recuerdo de las hermanas Legrand en la película Claro de Luna que vio cuando tenía 8 o 9 años y la emoción que le despierta “La crucifixión blanca”, del pintor judío Marc Chagall".
 
"El Bergoglio medular aparece en El Jesuita cuando Rubín y Ambrogetti lo meten de lleno en los valores del trabajo, del sacrificio, de la trascendencia de las personas, de la fe, de la Iglesia, siempre abarcando su cosmos en forma absoluta. Bergoglio sostiene que "la gente desocupada no se siente persona, y por más que su familia lo ayude, quiere trabajar, quiere ganarse el pan con el sudor de la frente. El trabajo unge de dignidad a una persona. Por eso es muy importante que los gobiernos fomenten la cultura del trabajo, no la de la dádiva".
 
"Y añade: "Se debe revisar la vida interna de la Iglesia para salir hacia el pueblo fiel de Dios. La conversión pastoral nos llama a pasar de una Iglesia reguladora de la fe a una Iglesia transmisora y facilitadora de la fe.
Juan XXIII también era un pastor que salía a la calle. Siendo patriarca de Venecia solía bajar a la plaza de San Marcos para cumplir con el «rito de la sombra», que consiste en ponerse a la sombra de un árbol o de un tabique de los bares y tomarse un vaso de vino blanco junto con los parroquianos. Eso para mí es un pastor: alguien que sale al encuentro de la gente".
 
"Me gusta hablar de la Patria, que viene de padre, la que recibe la tradición de los padres. La patria es la herencia de los padres en el ahora para llevarla adelante. Por eso, se equivocan tanto los que hablan de una patria desgajada de la herencia como aquellos que la quieren reducir a la herencia y no la dejan crecer".
 
Remito al lector a mi nuevo Facebook https://www.facebook.com/josemariazavalaoficial

Espero que le guste. Gracias.