Cuando se habla de papas que abdican, son pocos, la verdad, los casos que se pueden presentar como ejemplo. Uno de ellos fue San Celestino V, cuya figura ya hemos tratado en esta columna (). Una segunda es la de Gregorio XII, uno de los grandes protagonistas del proceso que estamos analizando en estas páginas cual es el del llamado Cisma de Occidente.
 
            Angelo Corrario nace en Venecia en una familia noble alrededor del año 1327; En 1380, a los 53 años de edad, lo vemos convertido en obispo de Castello, y diez años después en Patriarca católico de Constantinopla. Inocencio VII lo nombra secretario apostólico, legado de Ancona y en 1405, Cardenal-presbítero de San Marcos.
 
            Al morir Inocencio VII, los cardenales lo eligen Papa en Roma el 30 de noviembre de 1406, con casi ochenta años de edad, tomando el nombre de Gregorio XII. Como cada cardenal de los que componían el cónclave del que sale electo, había jurado que para terminar con el cisma, abdicaría siempre que su rival en Aviñón hiciera lo propio. Y es que como ya sabemos (), el Papa elegido en Roma convivía con un segundo Papa elegido en Aviñón desde que el 18 de septiembre de 1378 fuera coronado Roberto de Ginebra, Clemente VII. Por cierto que para cuando Gregorio XII es elevado a la silla de Pedro, su rival aviñonés ya no es Clemente VII, sino el español Benedicto XIII, el Papa Luna (), aunque ya no reine desde Aviñón, de donde ha sido expulsado.
 
            En un intento de obtener la reconciliación, Gregorio XII y Benedicto XIII se dan cita en Savona en 1407, pero al final, ninguno de los dos acude. Gregorio XII de hecho, apela a sus sospechas de que Benedicto XIII pudiera usar la reunión para apresarle. El 4 de mayo de 1408 Gregorio reúne a sus cardenales en Lucca y les ordena no abandonar la ciudad. Amén de ello, y contra su promesa en el cónclave de no nombrar nuevos cardenales, consagra en tal dignidad a cuatro de sus sobrinos. Todo lo cual le empieza a granjear el disgusto de muchos de sus partidarios, hasta el punto de que siete de sus cardenales abandonan Lucca y negocian con Benedicto la convocatoria de un concilio general que deponga a ambos Papas y elija uno nuevo. El concilio se convoca en Pisa, y aunque ambos pontífices son invitados, una vez más ninguno de los dos asiste. Finalmente, en la sesión décimo quinta, el concilio los depone a los dos y elige a Alejandro V el 26 de junio de 1409 (vea aquí si lo desea la biografía de Alejandro). Con lo que lejos de alcanzarse una solución, el problema se agravaba, pues los papas ya no eran dos sino tres.
 
            Gregorio entretanto seguía nombrando nuevos cardenales, hasta diez, y convoca otro concilio en Cividale del Friuli, cerca de Aquilea, para el 6 de junio de 1409, el cual, con una escasísima concurrencia, declara cismáticos a Benedicto XIII y a Alejandro V. A estas alturas sus apoyos eran ya escasos, apenas algunos príncipes italianos, Ruperto, rey de romanos, y Ladislao de Nápoles. Y para colmo, entra en escena un nuevo personaje, el Emperador Segismundo, el cual, preocupado verdaderamente por la situación de la Iglesia, trabaja para la convocatoria de un nuevo concilio que se inaugura el 1 de noviembre de 1414 en la ciudad alemana de Constanza.
 
            En la sesión décimo cuarta 14 celebrada el 4 de julio de 1415, Gregorio XII hace leer una bula en la que nombra a Malatesta y al Cardenal Dominici de Ragusa sus representantes en él, la cual incluye un mandato suyo para convocarlo, -iniciativa que puede parecer perogrullesca, pues a esas alturas el concilio lleva ocho meses trabajando, pero que lo colma de legitimidad- y al final, el bombazo: actuando en nombre del propio Papa, Malatesta pronunciaba su abdicación y entregaba a la asamblea copia escrita de la misma. Los cardenales la aceptan, mantienen a todos los cardenales nombrados por Gregorio, y por lo que hace a su persona, lo nombran Obispo de Oporto y Legado Perpetuo en Ancona.
 
            Dos años más tarde, el ya ex-Papa Gregorio XII muere en Recanati, cosa que acontece el 18 de octubre de 1417. Por unos pocos días, apenas veinticuatro, y a pesar de que como Papa abdicante podía llegar a haberlo hecho, Gregorio no conoce el nombre de su sucesor, Otto Colonna, Martín V, que no es elegido hasta el 11 de noviembre de 1417, tras una vacancia papal que había durado dos años, cuatro meses y siete días, una de las más largas en la historia de la Iglesia.
 
 
            ©L.A.
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