A estas alturas todos hemos leído acerca del gran éxito de la manifestación celebrada en París contra el proyecto de Hollande de introducir en Francia el matrimonio entre personas del mismo sexo. “La Manif pour tous” ha sido la mayor manifestación celebrada en Francia en los últimos treinta años, desde la que en 1984 salió a la calla en favor de la escuela libre. Supuesto que todos sabemos ya los pormenores del evento, me limitaré a hacer tres comentarios al respecto:

  1. Más allá del baile de cifras, habitual en estas ocasiones, es significativa la reacción del gobierno de Hollande. La manifestación oscila, según las fuentes, entre 350.000 y 1.400.000 personas. Lo curioso es que en noviembre de 2012 la manifestación contra la construcción del aeropuerto de Notre-Dame des Landes, que congregó a 40.000 personas según la organización, fue calificada unánimemente por el gobierno y la prensa como « manifestación monstruo ». Ahora, el portavoz del gobierno la califica de “consistente”. O sea, que les ha escocido. Y que además, para estos demócratas laicistas lo de menos es lo que diga la gente (ya advertía Rousseau de que la voluntad general no tienen porqué coincidir con la voluntad de la mayoría). Cuando la tiranía ha decidido imponer una ley antinatural sobre un pueblo, el pueblo, más allá de ser sujeto paciente, parece que debe callar según la visión de Hollande y compañía.
  2. Parece ser que las encuestas de opinión reflejan un descenso significativo de apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo en Francia tras la gran manifestación. Tampoco es para tirar cohetes; probablemente si la ley entra en vigor y se consolida, en unos años la aceptación social habrá aumentado considerablemente. Este dato, no obstante, nos confirma la volubilidad de la opinión pública y cuestiona la “sacralidad” de la misma.
  3. Dos rasgos interesantes de la manifestación: por una parte la presencia de homosexuales que entienden que el matrimonio es otra cosa y que reconocen que una pareja homosexual no es el mejor entorno para criar a un hijo. Meritorio. Por otra, la ausencia de partidos políticos, temerosos de dar la cara en esta cuestión. Significativo.