La Archidiócesis de Valencia es, sin lugar a dudas, como hemos demostrado en estos días, la que más ha trabajado en promover procesos de canonización y difundir la memoria y celebración de los mártires de la persecución religiosa en la España de los años treinta. Terminamos esta serie con estos otros ejemplos.

Más sobre reliquias, cuadros
La iglesia de San Lorenzo de Valencia, regida por religiosos franciscanos, colocó hace un año una urna con reliquias de cuatro mártires valencianos de la persecución religiosa de 1936, pertenecientes a esta misma orden, que fueron beatificados en marzo de 2001.
Los mártires son Pascual Fortuño (nacido en Villareal en 1886), Plácido García (Benitachell 1895), Alfredo Pellicer (Bellreguart 1914) y Salvador Mollar (Manises 1896).

La capilla también cuenta con un óleo del artista valenciano José Juan Grassa que representa a los cuatro beatos franciscanos y que fue colocado y bendecido el mismo día de su beatificación el 11 de marzo del año 2001. La idea de Grassa es la misma que la de su cuadro de la Catedral de Valencia en la que representaba a los más de doscientos mártires beatificados.
 
Pinturas murales para 24 mártires
El convento de las religiosas Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará del convento de San José y Santa Ana de la localidad valenciana L´Olleria, dedicó en marzo 2012 unas pinturas murales en su iglesia a los 24 mártires de la persecución religiosa de 1936 que nacieron o tuvieron vinculación con la localidad así como con la comarca de La Vall d´Albaida.
Los murales, ubicados a los lados del retablo mayor neogótico del presbiterio, han sido realizados sobre fibra de vidrio y por el artista de Alzira José Antonio Espinar. Entre las figuras representadas se encuentra también la beata Josefa Mª de Santa Inés que si bien no es mártir, ha sido incluida “dada la enorme devoción que se le profesa aquí”, según indicaron a la agencia AVAN (de la Archidiócesis de Valencia) fuentes de la congregación.
“Dispuestos a modo de dos procesiones” que forman un arco alrededor del retablo mayor, con la imagen de Cristo crucificado en el centro, los murales de la parte izquierda recogen los rostros de 15 de los mártires, sacerdotes, monjas y seglares, junto a la religiosa agustina descalza Josefa María de Santa Inés (16251696) y, los de la derecha, a otros diez mártires, entre ellos, el arcipreste nacido en Enguera, José Aparicio Sanz, junto a sacerdotes y religiosos y dos seglares de Acción Católica.
Se trata de “auténticos retratos” que aparecen “en actitud de devoción y templanza, generosidad, entereza, serenidad y entrega y con una fuerza interior alimentada por la fe”, según señaló el propio artista, quien ha añadido que “es la primera representación en conjunto y a este nivel de mártires en la diócesis después de los cuadros que alberga la propia Catedral de Valencia”.



          Los murales, de 3,5 metros de alto y 1,80 de ancho cada uno, han sido pintados en taller “aunque cuentan con la apariencia de una decoración mural realizada “in situ” que, además, no tiene los problemas propios de los frescos con grietas o humedades”.
Asimismo, las religiosas han instalado en el presbiterio un relicario con reliquias de los mártires retratados, después de solicitarlas a la delegación para las Causas de los Santos del Arzobispado de Valencia, “con la idea de que sea una iglesia dedicada a todos ellos, centro de oración y de su recuerdo”, según fuentes de la congregación.
Las pinturas fueron bendecidas el 19 de marzo de 2012 con la presencia de Carlos Miguel Buela, fundador de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, que está formada por dos institutos religiosos y una tercera orden laical. Los dos primeros son el Instituto del Verbo Encarnado (IVE), formado mayoritariamente por sacerdotes y el Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará (SSVM), la rama religiosa femenina, fundada en 1988 en Argentina, “cuyas integrantes son tanto de vida apostólica como de vida contemplativa”.


Las religiosas de L´Olleria “se dedican al retiro y la oración a favor de la humanidad y de la Iglesia”, acorde con su vida contemplativa de “adoración a Dios”, han indicado. Esta nueva comunidad es la “primera de la familia del Verbo Encarnado instalada en España en su rama femenina, ya que existe en Barbastro un convento masculino”. Está formada por cinco religiosas naturales de Argentina y una de Honduras.
 
Parroquia de los 274 Mártires Valencianos
El 31 de octubre de 2010 el Señor Arzobispo de Valencia bendecía la nueva parroquia de los Mártires Valencianos. Monseñor Carlos Osoro subrayó en aquella jornada que el templo “quiere ser un gran homenaje a todos los hombres y mujeres que no escondieron a Dios, sino que con su propia vida lo hicieron presente”.
La parroquia está dedicada a los 274 mártires valencianos de la historia, “desde San Vicente hasta nuestros días, aunque seguro que próximamente habrá más”, en referencia a la causas abiertas en la actualidad que se instruyen en la diócesis.

Según el Arzobispo, “precisamente, en estos momentos es necesario recordar y hacer memoria de aquellos que nos precedieron dando la vida por Jesucristo en esta tierra valenciana para que nosotros también pidiendo su intercesión podamos vivir como ellos vivieron, como lo hizo Jesús”.
Después de evocar que “los mártires, en las más adversas circunstancias murieron perdonando a quienes les mataban”, el prelado aseguró que “ellos llenan de gozo y de fuerza a esta Iglesia que camina en Valencia” porque fueron “hombres y mujeres que vivieron en esta tierra, cuyo corazón latió al unísono con las gentes valencianas, y que creyeron en el Señor, sintieron su pertenencia a la Iglesia, buscaron la paz y no negaron a Jesucristo ni siquiera ante la muerte”, sino que “mantuvieron su adhesión sincera, permanente, abierta, total y absoluta”.
La parroquia se encuentra situada entre las calles Luis García Berlanga y Tres de abril de 1979, en la zona próxima a la avenida de Francia y la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.
En la actualidad, ya ha sido rehabilitada toda la estructura del templo y habilitada la zona de los tres primeros arcos del edificio, que abarcan una superficie de 400 metros cuadrados, con capacidad para 250 feligreses.
En un futuro serán acondicionados otros siete arcos cuyo espacio, destinado también a la nave central, ha quedado temporalmente aislado mediante una tapia. Con los diez arcos, la nave central del templo alcanzará los 1500 metros cuadrados. Igualmente, el espacio de las otras seis crujías restantes del edificio, que cuenta con un total de 16, será destinado a la capilla de la comunión y locales parroquiales.
Las obras desarrolladas han permitido ya la impermeabilización de la cubierta, situada a doce metros de altura, y el revestimiento del templo "que respeta los mismos colores y materiales y la estética típica de una construcción civil" como fue la antigua nave industrial de abonos químicos Cross, que funcionó a lo largo de más de cien años.
Está previsto que en su fase final, la parroquia, que ocupa en total una superficie de más de 3.300 metros cuadrados, tenga capacidad para más de 845 personas sentadas. Asimismo, el altar mayor definitivo reproducirá en la mesa el frontis del sepulcro del primer mártir de la historia de la diócesis valentina, San Vicente Mártir, e incluirá reliquias de los beatos mártires valencianos.
El templo será presidido, además, por una imagen de la Virgen de los Desamparados y otra de San Vicente Mártir junto con un medallón que reproducirá la medalla conmemorativa de la beatificación el 11 de marzo de 2001 por el papa Juan Pablo II de 233 mártires valencianos de la persecución religiosa de 1936. La nueva iglesia estará dedicada también a todos aquellos beatos mártires que murieron por odio a la fe y que fueron beatificados con anterioridad así como a los que lo serán en el futuro.
Finalmente, la Arquidiócesis de Valencia instruye en la actualidad las causas de canonización de otros 250 mártires valencianos de la persecución religiosa de 1936, encabezada por el ex vicario general de la diócesis y deán de la Catedral de Valencia, Miguel Payá Alonso de Medina. Este es uno de los expedientes que fueron iniciados en tiempos de Olaechea y rescatado, en junio de 2004, por el Cardenal Agustín García-Gasco. En esta nueva Causa de los 250 mártires que van camino a los altares, 183 son sacerdotes, 6 religiosos, 4 religiosas y 57 laicos, entre los cuales había un monaguillo de 15 años y una mujer embarazada de 9 meses, quien rogó a sus captores tener al bebé antes de que la mataran para poder bautizarlo. Su petición no fue concedida. El Tribunal nombrado para la Causa en 300 sesiones tomó declaración a 550 testigos.