Esta semana el Termómetro nos lleva por tierras muchas de ellas desgraciadamente conocidas ya, otras algo menos.
   
            En Arabia Saudí. Según el diario digital libanés Al Akhbar, la policía religiosa de Arabia Saudí irrumpió en una casa en la provincia de al-Jouf, deteniendo a más de cuarenta personas por “conspiración para celebrar la Navidad”. No se trata sino de una más de las muchas detenciones que por parecida razón se realizan estos días. Según se informa, el anfitrión es un diplomático, y los detenidos son 41 cristianos, dos saudíes y varios egipcios musulmanes. El muftí de Arabia Saudí Sheikh Abdel Aziz bin Abdullah había condenado previamente las “invitaciones para celebrar bodas o navidades”
 
            Según el mismo diario, el Centro de los Derechos Humanos de Beirut denunció que el defensor de los derechos humanos Raef Badawi se halla en riesgo de ser ejecutado acusado de apostasía. Badawi is cofundador y editor del Liberal Saudi Network. Acusado de “insular al islam a través de medios electrónicos” cuando convocó una jornada por las libertades, fue imputado por apostasía que conlleva pena de muerte en Arabia Saudí.
 
            Sin salir del país, el novelista y analista político Turki al-Hamad fue detenido por criticar al islam y a la familia real en una serie de tuits.
 

           En Nigeria.
Doce muertos más, y van más de tres mil desde 2009, en nuevos ataques terroristas a dos iglesias protestantes en Nigeria. Las iglesias fueron atacadas por hombres armados mientras celebraban la navidad. Uno de los atentados se produjo en la Iglesia de Cristo en Postikum, en la provincia de Yobe, donde los terroristas mataron a seis personas, entre ellas el pastor, incendiando después el templo. El otro atentado se registró en la Primera Iglesia Bautista en Maiduguri, en el estado de Borno, en la que un diácono y cinco fieles fueron asesinados. Se da la circunstancia de que los islamistas del grupo terrorista Boko Haram han llevado a cabo varios ataques en Yobe, localidad cercana a la ciudad de Maiduguri.
 
            En Birmania. Aunque ciertamente el nuevo gobierno mejora el régimen de libertades existente en Birmania, lo cierto es que en algunas partes del país los cristianos siguen afrontando abierta persecución. El grupo Na Ta La Schools, que agrupa a veintinueve escuelas budistas subvencionadas por el Gobierno, es un ejemplo de ello, al registrarse agresiones con caña a cristianos para que se aprendan de memoria textos budistas. El caso fue denunciado por un estudiante que pudo huír de la escuela. Aunque el 90% de los birmanos profesan el budismo, en el estado de Chin en la frontera con la India, el cristianismo es mayoritario, extendiéndose a un 90% de la población.
 
            En Pakistán. Una chica cristiana fue asesinada a tiros por personas sin identificar en su propia casa en el estado de Balochistan, en el suroeste del país. Su hermano declaró haberse encontrado el cuerpo sin vida de la niña al llegar a casa, y aún no se han podido clarificar las causas del asesinato.
 
            Sin salir del país, en la localidad de Seeta, en la provincia de Sindh en el sur de Pakistán, una multitud quemó vivo el 22 de diciembre a un hombre que presuntamente había incinerado ejemplares del Corán, tras sacarlo por la fuerza de la comisaria en la que permanecía ingresado tras haber sido acusado de blasfemia. Unos doscientos vecinos han sido acusados ante la justicia de asesinato y obstrucción a la policía, y diez agentes han sido suspendidos del cuerpo por “negligencia”, lo que permite sospechar de una cierta connivencia por parte de la policía.
 
            Si quemar a un hombre por quemar un libro religioso no fuera suficientemente barbárico, conozcan a hora las pruebas que sirvieron para inculpar al pobre desgraciado. Resulta que la víctima había dormido en la mezquita del pueblo, en la que fueron descubiertos los restos del Corán incinerados. “Como era la única persona que había dormido en la mezquita nos lo llevamos a la comisaria”, explicó el imán de Seeta.
 
            En Irán. Youçef Nadarkhani, el pastor evangélico de cuya liberación tras tres años en prisión informábamos en un pasado termómetro, ha vuelto a ser detenido. La razón podría ser de tipo burocrático. Youçef Nadarkhani ha vuelto a ingresar en la cárcel por orden del director de la prisión de Rasht, debido a que fue puesto en libertad días antes de lo legalmente estipulado, por lo que Nadarkhani deberá ahora permanecer en la cárcel el tiempo que le falta por cumplir, sin que se haya precisado cuánto. En algunos medios se teme que se trate sólo de una argucia para encerrar de nuevo a Youçef Nadarkani, con los riesgos que ello supone para toda persona acusada en Irán de convertirse al cristianismo,
 
            En Oriente Medio. Un nuevo informe realizado por la plataforma de pensamiento Civitas titulado “Cristianofobia” advierte de que el cristianismo se halla en una situación crítica en las tierras bíblicas, de donde podría ser barrido en breve. El completo informe señala que los cristianos constituyen el grupo humano más perseguido del mundo, que un 10% del total de cristianos del mundo, es decir unos 200 millones, se hallan en dicha situación de peligro, y que los principales peligros para los cristianos son el islamismo militante y el régimen chino, así como que su situación pasa deliberadamente ignorada. En muchos países como Arabia Saudí, Mauritania o Irán, la mera conversión es considerada delito castigado con severas penas. Combatir esta situación “debería hallarse entre las prioridades políticas, y que no sea así habla muy mal de la inadecuada categorización que se hace las víctimas” afirma el periodista Rupert Shortt.
 
            En India. Siete cristianos continúan injustamente encerrados en la India por el asesinato del líder hindú Laxamananda Saraswati, aún a pesar de haber sido reinvindicado el asesinato por grupos maoístas. Los cristianos fueron detenidos hace ya cuatro años, y el asesinato del líder hindú ya significó una ola de ataques contra cristianos ante las sospechas de hallarse tras el atentado. Por si ello fuera poco, sus condiciones de cautiverio son particularmente duras, al habérseles cancelado incluso las visitas de su abogado, según denuncia éste mismo K. J. Markose.
 
 
 
            ©L.A.
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