Sí hombre, para variar de vez en cuando, que no siempre vamos a hablar de las mismas cosas. Porque efectivamente, "mermelada" es una de esas curiosas palabras aficionadas a viajar, con una historia que ya van a ver Vds., está llena de sorpresas.
  

           Y es que probablemente no sepan Vds. que “mermelada” es, en su origen, una palabra portuguesa, cuyo significado nada tiene que ver, o poco, con el que uno pueda creer.

            Yo lo descubrí de la manera más curiosa. Hacía un curso en Portugal, y todos los días desayunaba en la Universidad, la Universidad de Coímbra para más señas, la más portuguesa de las universidades. Un tío cariacontencido y cabreado nos iba sirviendo los distintos elementos del desayuno a medida que con nuestra bandeja pasábamos por la mesa en la que estaban dispuestos.
 
            “Un poco de mermelada, por favor” le decía yo. Y él me ponía un trozo de dulce de membrillo. Como el hombre era más bien distante y desagradable, no le decía nada, me llevaba el membrillo y me lo comía. Al día siguiente, la misma cosa: “un poco de mermelada por favor”. Y otra vez un trozo de membrillo a pesar de que las mermeladas estaban ahí, al alcance de mi brazo, sólo que yo no estaba autorizada a extenderlo y coger la que me pluguiera, sino que tenía que esperar pacientemente a que lo hiciera el desabrido portugués empeñado en que yo me aficionara al dulce de membrillo coimbrano.
 
            Debió de ser al cuarto o quinto día que por fin me decidí a desafiar el desganado talante del luso camarero y decirle:
 
            - ¡¡¡Oiga, que le he pedido mermelada!!!.
 
- E marmelada é o que eu pus!(1) (o algo parecido, no respondo al 100% de mi escaso portugués)- me respondió todo enfadado.
 
            - ¡Esto no es mermelada! -respondí ofendido, pensando, como siempre pensamos los extranjeros en cualquier país del mundo, que sus nacionales no tienen otra cosa que hacer en sus vidas que reírse de los forasteros.
 
            - E que é marmelada entâo?” -me respondió.
 
            Y un amable compañero portugués a mi lado me confirmó que, efectivamente, “mermelada” en Portugal era eso… eso, y no otra cosa.
 
            Una vez más, todo achicado, me dirigí a mi mesa y me comí el membrillo, pero no esta vez sin acudir a mi diccionario y comprobar que, efectivamente, mermelada, “marmelada” para ser exactos, es en portugués dulce de membrillo, como “marmelo” es, también en portugués, membrillo, y lo que los españoles llamamos mermelada, es, en portugués, más bien “geleia”.
 

           Súbitamente iluminado por los hados, fui capaz de reproducir en un segundo la entera historia de la palabra. Claro, del portugués pasa la mermelada al español, donde como ocurre con tantos otros vocablos internacionales, gana significados, pasando a significar la jalea carnosa realizada a partir de cualquier fruta... curiosamente de todas menos del membrillo.
 
            Y me acordé de otro craso error que cometemos los españoles, y yo también en su día, cuando vamos a la Gran Bretaña y por más que pidamos mermelada de fresa, de ciruela o de melocotón, sólo nos la dan de naranjas amargas, porque “marmelade”, en inglés, sólo es mermelada de naranjas amargas, y si es de melocotón, de fresas o de ciruelas, entonces ya no es “marmelade”, es “jam” 
 

           Y es que claro, aficionados a importar los ingleses de España, más concretamente de Sevilla, la mermelada de naranjas amargas, muy gentilmente otorgaron la españolizada palabra “mermelada” al producto que con tanto afán nos importaban, reservando la original de su idioma para cualquier mermelada que no fuera la de naranjas amargas que tan bien hacemos los españoles.
 
            He aquí la historia de una de esas que yo llamo “palabras viajeras”, que circulan de un país a otro divirtiéndose en cada uno como pueden y tomando el pelo de paso a los que las utilizan.
 
            Espero, queridos amigos, que hayan pasado un ratito divertido. Por mi parte les veo de nuevo por aquí mañana, con temas más serios que el presente (suponiendo que éste no lo fuera).

 
                (1) N. del T.“¡Y mermelada es lo que le he puesto!”
                (2) En algunos diccionarios de español, se puede encontrar "mermelada" como sinónimo de dulce de membrillo. Pero el de la Real Academia sólo recoge este significado: “Conserva de fruta cocida con azúcar o miel. Por ejemplo mermelada de fresa”.

 
            ©L.A.
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