El Siervo de Dios Clemente Villasante, tras su ordenación, fue nombrado coadjutor de la parroquia de Alcaudete de la Jara; el nombramiento fue publicado con fecha del 19 de julio de 1913. El 6 de abril de 1915, después del fallecimiento su párroco, será nombrado para sustituirle. Y allí permanecerá, al frente de la parroquia, durante veintiún años.
 
1925, el Año Santo de Pío XI
En 1925 el papa Pío XI convoca un Año Santo para conmemorar el XVI centenario del I Concilio Ecuménico de Nicea -que definió y proclamó el dogma de la consubstancialidad del Hijo Unigénito con el Padre, además de incluir las palabras “y su reino no tendrá fin”, en el Símbolo o “Credo Apostólico”.
Y así, fue el día 11 de diciembre de 1925, en los últimos momentos del Año Santo, cuando con su encíclica Quas primas el Papa instituyó para la Iglesia universal la solemnidad de Cristo Rey:
            El fundador de “Schola Cordis Iesu”, padre Ramón Orlandis (18731958), de la Compañía de Jesús nos ofrece la clave de lo que va a suceder en Alcaudete de la Jara, el 25 de octubre de 1925, de manos del Siervo de Dios Clemente Villasante:
La esperanza de que el mundo quiera aceptar el Reinado de Jesucristo fundada en su actualidad psicológica, no tenemos por qué negarlo, deja al espíritu en zozobra. Tantas veces ve el hombre lo que le conviene, lo aprecia en lo que vale, se siente atraído por ello, pero en último término lo rechaza. ¿No será también de temer la misma inconsecuencia de nuestra sociedad, cuando se enfrente con su remedio y su bien? Mas he aquí que viene en nuestro socorro a corroborar las esperanzas un nuevo elemento de fe. ¡La Providencia divina!, ¡las promesas de Paray le Monial!: ¡Reinaré a pesar de mis enemigos!...
Tal vez los primeros devotos del Corazón de Jesús no atendieron lo bastante a estas significativas palabras. Extendióse, muerta la santa, la devoción al Divino Corazón pedida en las revelaciones, pero la idea del Reino más bien parece esfumarse. Mas llegado a su mitad el siglo XIX, al choque de la antítesis impía y liberal, la idea del Reino de Cristo cobra vigencia, claridad y precisión.
Y a la luz de esta idea comienzan a interpretarse aquellas misteriosas palabras: “Reinaré a pesar de mis enemigos”. Y se inicia la corriente, que es cada día más crecida, de consagraciones al Corazón de Jesús. En ella se unen indisolublemente la devoción al Corazón de Jesús y la devoción a Cristo Rey. Y de esta unión indisoluble brotan dos fórmulas ya usuales: por la devoción al Corazón de Jesús al Reinado social de Cristo; y aquella otra en que parecen ya identificarse las dos devociones: el Reinado del Corazón de Jesús. Y esta devoción y esperanza de los fieles estriba principalmente en las promesas de Paray.
Y son los Papas mismos, Vicarios de Jesucristo en la tierra, los que también parecen dejarse arrastrar por la corriente de devoción y esperanza; los que alientan ahincadamente las esperanzas de los devotos del Corazón de Jesús y en sus públicos documentos manifiestan paladinamente su esperanza y no dudan en apoyarla abiertamente en las revelaciones de Paray. Y el Pontífice León XIII en su Encíclica “Annum Sacrum” señala en las apariciones del Corazón de Jesús una nueva época, la del Reinado de Jesucristo. Y Pío XI declara en su encíclica “Miserentissimus Redemptorque al instituir la fiesta de Cristo Rey se propuso dar complemento a lo que iniciaron los fieles en sus actos de consagración al Corazón de Jesús y afirma solemnemente que la celebración de la fiesta es, sí, una proclamación de la Realeza de Cristo, pero además es un anticipo de aquel día venturoso en que el universo entero espontánea y libremente prestará su obediencia al Reinado suavísimo de Jesús.
 
Lo primero sacerdote
            Porque don Clemente, antes que historiador, es sacerdote y así lo vemos trabajar sin parar por la Iglesia. Mientras en la Tipografía Católica, del número 7 de la madrileña calle de san Bernardo, están terminando la impresión del texto, con el acto de consagración que será recitado por todos, mientras tanto, un grupo de trabajadores está colocando sobre su peana la imponente imagen del Corazón de Jesús.
 
Acto de consagración al Sagrado Corazón de Jesús de la feligresía y parroquia de Alcaudete de la Jara, en la Bendición solemne del monumento
Corazón de Jesús, Corazón del Dios-Hombre, Redentor del mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan:
Alcaudete de la Jara, cristiana feligresía de la Inmaculada Concepción, villa católica de nuestra querida España (pueblo de tu herencia y de tus predilecciones), deseando que sea un hecho real y verdadero la consagración de todos y cada uno de los pueblos españoles a tu SACRATÍSIMO CORAZÓN, siguiendo el ejemplo de nuestro católico Monarca don Alfonso XIII (q. D. g.) -que le ha consagrado oficialmente toda nuestra amadísima PATRIA en su centro geográfico del “CERRO DE LOS ÁNGELES”-, trabajó desde entonces sin descanso y con mil sacrificios para levantarte, Corazón Divino, este humilde, pero fuerte MONUMENTO, de BRONCE y PIEDRA, como símbolo de la firmeza y estabilidad de su FE y AMOR hacia Ti; y, ayudado de TU GRACIA se postra HOY, reverente y fervoroso, ante ESTE TRONO que para Ti ha alzado en esta plaza pública, la que queremos que sea desde hoy TUYA y lleve TU MISMO NOMBRE, el de tu Divino Corazón.

Y al hacerlo así, queremos representar y REPRESENTAMOS a todas las generaciones que habitaron, habitan y habitarán en esta villa y parroquia en la sucesión de todos los siglos y a través de todos los acontecimientos públicos y privados de todos los ALCAUDETANOS, y queremos ser SIEMPRE firmes y constantes en el amor a Ti, a la RELIGIÓN CATÓLICA, a ESPAÑA y a su MONARQUIA y al ORDEN Y PAZ SOCIAL.
Confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el Reino de Dios en la paz de las almas redimidas por vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra Santa Ley; reconocemos que de Vos nace y se participa toda autoridad como de fuente purísima, prestando así eficacia y sanción a todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz social y familiar. Vos sois el camino seguro que conduce a la vida eterna, la que os pedimos, Señor, HOY para todo este pueblo cristiano. Vos sois la Verdad que alumbra los entendimientos para que conozcan toda verdad, y principio propulsor de todo legítimo progreso social y humano, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de vuestra gracia todas las virtudes y heroísmo que elevan y hermosean el alma, lo que os pedimos, Señor, para toda vuestra muy querida feligresía.
Venga a nosotros TU SANTÍSIMO REINO, que lo es de VERDAD, JUSTICIA, PAZ, AMOR Y SACRIFICIO, legados vuestros, salud y felicidad del mundo.
Reinad en los corazones de todas nuestras generaciones, en las inteligencias, artes, industrias y trabajos de todos estos fieles alcaudetanos y en sus leyes ordenanzas municipales y mandatos; en sus hogares y familias todas; en cuanto nos pertenezca, que todo queremos sea TUYO antes que nuestro, y a TI lo CONSAGRAMOS hoy solemnemente, colocándonos, para SIEMPRE, bajo tu amparo, refugio y protección, y TE SUPLICAMOS que concedas a todas las generaciones de ALCAUDETE DE LA JARA el DON DIVINO de la PERSEVERANCIA FINAL. 
Desde esta altura en que hemos colocado VUESTRA IMAGEN, desde este MONUMENTO, símbolo del deseo que nos anima de que presidáis todas nuestras empresas, y desde el Cielo, BENDECID A TODOS, amos y criados, ricos y pobres, patronos y obreros, para que en pacífica armonía de todas las clases sociales encuentre siempre esta cristiana feligresía JUSTICIA y CARIDAD, PAZ y AMOR, que hagan más suave y llevadero el trabajo y las vicisitudes de la vida.
Bendecid y perdonad siempre a los que de esta feligresía fuesen pecadores, llamándoles a TU GRACIA y amistad, porque nadie queremos mal y deseamos para todos TUS BIENES y gloria. Para nadie odio, para todos AMOR.
Bendecid, con sufragio PLENARIO de ABSOLUCIÓN de penas, a nuestros FIELES DIFUNTOS del PURGATORIO, llevándolos CONTIGO a la GLORIA eterna.
Bendecid a nuestro Santo Padre el PAPA; a nuestro REY ALFONSO y Real Familia; a nuestro PRELADO y SACERDOCIO; a nuestras AUTORIDADES locales; a todos los aquí HOY reunidos en la cordialidad de unos mismos amores de RELIGION, de la PATRIA y de la PARROQUIA; y a nuestros SOLDADOS y AUSENTES, imposibilitados para estar aquí personalmente HOY con nosotros en esta FIESTA.
TODO lo pedimos por intercesión de TU Madre INMACULADA, Patrona de España, de esta villa y de esta parroquia. Y en Ella y por Ella, canal de todas las gracias y UNIVERSAL MEDIANERA entre Ti y los hombres, queremos consagrarte y TE CONSAGRAMOS este MONUMENTO, y nuestra vida, Y TODA LA FELIGRESÍA; pidiéndote, como único premio, vivir en TU amor y morir en TU gracia, unidos al regalado seno de TU CORAZÓN DIVINO. AMÉN.
Así OS lo SUPLICA, postrado HOY aquí, Señor, ante VUESTRA IMAGEN, humildemente, este pobre, indignísimo párroco, pero muy amante de su PARROQUIA y de toda esta alcaudetana FELIGRESÍA.