San Bernardo Calbó
Celebra hoy la querida familia cisterciense y la diócesis de Vic la fiesta de este santo del siglo XII. Su padre, noble caballero apellidado Calbó (o Calvó), participó en la reconquista de Tarragona, una de las provincias del antiguo Principado de Cataluña, entonces en poder de los moros. La familia se estableció en una casa de campo, conocida como masía de Cal. En ella nació, en el año 1180, Bernardo. Ya desde niño se manifestó su inclinación religiosa. Acabados los primeros estudios, cursó Derecho, presumiblemente en la universidad de Bolonia. Ejerció como abogado en la curia del arzobispado de Tarragona.
Poco después de cumplir treinta años, en 1213, cayó gravemente enfermo, y en ese angustioso trance se produjo una transformación total de su vida. Se dirigió al monasterio de Santas Creus, de la Orden del Císter. Sus parientes lo asediaron para hacerlo desistir, pero su vocación era fuerte y al cabo de un año profesó. Se impregnó allí del espíritu renovador que un siglo antes resplandeciera con San Bernardo de Claraval, y renunció a sus bienes, enamorado de la pobreza y la caridad, características de la orden cisterciense.
De vida austera, su ejemplar conducta y su gran amor hacia los semejantes fueron reconocidos por todos y trascendieron los muros del monasterio. Al morir el abad, hacia el año 1225, lo nombraron para sucederlo. Y, a pesar de su resistencia, debió finalmente aceptar. En el ejercicio de esta nueva dignidad, fue cofundador y director espiritual de las religiosas cistercienses de Valldonzella, en Barcelona.
Tuvo lugar por este tiempo la conquista de la isla de Mallorca, en poder de los moros, que llevó a cabo el rey don Jaime I el Conquistador. La caridad de Bernardo Calbó se manifestó ayudando a los más desvalidos y a los familiares de los caballeros caídos en la empresa. Entre tanto, salió frecuentemente a misionar por los pueblos.
Al quedar vacante la sede episcopal de Vich, el cabildo consideró que nuestro protagonista debía ocuparla, declarando que era “el varón prudente y discreto, tanto en los asuntos temporales como espirituales, a quien la madurez de edad, la honestidad de su conducta, una formación teológica competente y su exquisito trato lo hacen idóneo con creces para asumir tan santa dignidad”. Él se resistió a aceptar el cargo; fue necesario que el pueblo en masa se lo pidiera. A Vich llevó el Santo el espíritu que lo impregnara en Claraval. Cuidó sobre todo el decoro del culto y la administración de los sacramentos; exigió a los clérigos ejemplaridad de vida y conocimiento pleno de las Escrituras, y llegó incluso a facilitar a los más capaces su asistencia a las universidades extranjeras. Predicó la cruzada contra los moros para la reconquista de Valencia. Su firma aparece en el acta de la rendición de la ciudad. Murió el 26 de octubre de 1243.
Fue enterrado en una cripta de la Catedral de Vic, y en el siglo XVIII, su cuerpo fue colocado en una urna de plata (bajo estas líneas), obra del platero y orfebre catalán Joan Matons, y trasladado a una capilla de esta Catedral.

Fue beatificado por Alejandro IV en 1260, y canonizado por Clemente XI el 26 de septiembre de 1710.
 
La profanación de San Bernardo Calbó
Tras la llegada del aciago mes de julio de 1936… y de todos los meses que llegarían después… los sin Dios mostraron en muchos lugares con la salvajada de sus actos cómo deseaban acabar con la Iglesia, y no solo con los sacerdotes o religiosos…
En Vic, capital de la comarca de Osona, en la provincia de Barcelona, la Catedral fue incendiada el día 21, y pasó a manos de los expoliadores…
 
El obispo Joan Perelló Pou (18701955) que gobernó la diócesis de Vic desde el verano de 1927, tuvo noticia desde el principio de la profanación e incineración del cuerpo de Obispo José Torras y Bages (18461916). Pero será en 1955 cuando exponga con detalle todo lo sucedido:
 
“Cinco días después del incendio de la Catedral -el 21 de julio-, un miliciano forastero osó levantar la cubierta del sarcófago del Dr. Torras y después de haber roto el cristal del ataúd depositado en su interior, se apoderó del anillo pastoral, dejando que otra vez la cubierta cayera sobre el sarcófago profanado. (...) Parece que fue el día 3 de agosto cuando un grupo forastero se hizo dueño del interior de la Catedral. Según una versión recogida de los mismos dirigentes de la F.A.I. locales, que llevaron a mal tal intromisión en sus dominios, dicho grupo ejecutaba una orden emanada de las logias masónicas. La consigna era determinada: la desaparición del cuerpo del Dr. Torras y Bages. El ataúd con el cadáver del Dr. Torras fue sacado del sarcófago de bronce y llevado al centro de la Catedral en el tramo que había contenido el coro desaparecido en el incendio. Parece que lo debieron rociar con gasolina arrojando este líquido inflamable en el interior del ataúd al que luego prendieron fuego. En poco rato las llamas consumieron el cadáver y no quedaron más que los restos del incendio en un pósito de cenizas con varios fragmentos de huesos que no resultaron completamente calcinados. Esta huella permaneció durante varios días como mudo testimonio de la sacrílega profanación. (...) Manos piadosas pudieron recoger a hurtadillas algunos de los restos de los huesos del obispo Torras hasta que el Dr. Cándido Bayés, que fue médico de cabecera del insigne prelado y quien le asistió hasta los últimos instantes de su muerte y amortajó su cadáver, pudo obtener que se recogieran los restos abandonados y las cenizas en que yacían como resultado de la incineración, siendo puestos a buen recaudo”.
 
Así la Catedral de Vic no solo fue martirizada en sus paredes sino que además sirvió de túmulo a las cenizas del gran obispo Torras y Bages (que lo fue desde el 19 de junio de 1899 al 7 de febrero de 1916). Entretanto los restos de San Bernardo Calbó eran recogidos para ser llevados al cementerio de la ciudad junto con los del obispo mercedario Fray Antonio Manuel de Artalejo, constructor de la Catedral, que rigió la diócesis de 1777 a 1782.

 
Tumba profanada San Bernardo Calbó

En otro documento leemos:
En los primeros días de la revolución marxista de 1936, los restos gloriosos de San Bernardo fueron vilmente profanados, arrancados de su sarcófago y echados por el suelo. Recogidos los santos huesos unos días más tarde, fueron llevados al cementerio de la ciudad, donde se recuperaron en 1939, bajo forma de proceso de autentificación y reconocimiento”.


Recogida de objetos religiosos profanados para ser quemados en una plaza de Vic
 
La fuente en Santas Creus
Antoni Gavaldà recuerda en su trabajo: “El Monestir de Santes Creus el 1936: el Vaticà de l´Alt Camp”, “que para evitar que algún incontrolado intentase mutilar la imagen de San Bernardo Calbó que preside la fuente monumental de la plaza, antes de la entrada al Monasterio, fue desmontada evitando cualquier intento de profanación.