Uno de los argumentos que maneja la masonería para explicar la excomunión de la que es objeto por parte de la Iglesia, es el de su lógica comprensible desde el punto y hora en que muchos masones participaron en el proceso que condujo en 1870 a la unificación de Italia, y por ende, a la reducción de las posesiones temporales de la Iglesia. Argumento tal nos situaría en la Encíclica “Etsi Multa” (“Aunque muchas”) que, emitida por Pío IX el 21 de noviembre de 1873, se inicia con estas palabras.
 
            “Desde que Nuestra amada ciudad, permitiéndolo el Señor, sojuzgada por las armas, fue sujeta al régimen de los hombres despreciadores del derecho, hostiles a la religión, que indiferentemente confunde lo divino con lo humano, ni un solo día ha transcurrido en que no se suman una nueva herida a Nuestro corazón sangrante por causas de las injusticias y vejámenes sin cuento”.
 
            Para terminar con éstas:
 
            “Pero a la verdad, si alguien con detención, examina la índole, las pretensiones, la finalidad de las sectas ya sea que se llamen masónicas, ya que con cualquier otro nombre se distingan y las compara con la índole, modalidad, y amplitud de esta contienda en la que está empeñada la Iglesia casi en igual forma en todas partes del mundo, no quedará la menor duda de que todas las presentes perturbaciones se deben en gran parte a los engaños y maquinaciones de una misma secta. Entre éstas, se distingue la sinagoga de Satanás que contra la Iglesia de Cristo ejercita sus fuerzas, las lanza a su ataque, y las cierra en combate”.
 
            Y aunque, efectivamente, dicha encíclica se centra en la responsabilidad que se le atribuye a la organización masónica sobre dichos hechos, lo cierto es que la reprobación de la masonería por la Iglesia es un proceso que arranca de antiguo y muy anterior.
 

            Tan de antiguo que data su primera expresión de 1738, es decir, esto es, apenas quince años después de la publicación en 1723 de las Constituciones de Anderson, -documento que, según es generalmente aceptado, constituye el impulso inicial de la que se da en llamar masonería especulativa-, y ciento doce años antes de que la Iglesia se vea despojada de sus posesiones italianas. Y tan antiguo como recurrente, ya que los documentos eclesiásticos contra la masonería son, por lo menos, un par de decenas, a saber:
 
            Constitución apostólica “In Eminenti”, emitida por Clemente XII el 28 de abril de 1738.
            Constitución apostólica “Providas Romanorum”, emitida por Benedicto XIV el 18 de mayo de 1751.
            Carta apostólica “Ecclesiam a Jesu Christo”, emitida por Pío VII el 13 de septiembre de 1821.
            Constitución “Quo graviora”, emitida por León XII el 13 de marzo de 1825.
            Encíclica “Traditi” emitida por Pío VIII el 21 de mayo de 1829.
            Encíclica “Mirari Vos”, emitida por Gregorio XVI el 15 de agosto de 1832.
 
            Particularmente prolífico en el tema se muestra el Papa Pío IX, publicando por lo menos, hasta seis documentos sobre el mismo:
 
            Encíclica “Qui pluribus”, emitida el 9 de noviembre de 1846.
            Alocución “Quibus quantisque malis”, emitida el 20 de abril de 1849.
            Encíclica “Quanta cura”, emitida el 8 de diciembre de 1864.
            Alocución “Multiplices inter”, emitida el 25 de septiembre de 1865.
            Constitución apostólica “Apostolicæ Sedis”, emitida el 12 de octubre de 1869.
            Encíclica “Etsi multa” a la que nos hemos referido arriba, emitida el 21 de noviembre de 1873.
 

           Casi tantos como publica León XIII, que le dedica de manera más o menos directa o tangencial por lo menos éstos ocho:
 
            Encíclica “Etsi Nos”, emitida el 15 de febrero de 1882.
            Encíclica “Humanum genus”, emitida el 20 de abril de 1884, considerado por algunos el documento más importante emitido sobre el tema.
            Encíclica “Officio Sanctissimo”, emitida en 1887.
            Encíclica “Ab Apostolici”, emitida el 15 de octubre de 1890.
            Encíclica “Custodia di quella fede”, emitida en 1892.
            Encíclica “Inimica Vis”, emitida en 1892.
            Encíclica “Præclara gratulationis”, emitida el 20 de junio de 1894.
            Carta apostólica “Annum ingressi”, emitida el 18 de marzo de 1902.
 
 
            ©L.A.
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