Jordi Pujiula i Ribera (Olot, 1947) es un conocido historiador, que en el nº 181 de la publicación Revista de Girona (marzo-abril 1997) escribe: Durante la guerra civil, la Casa Solà-Morales fue utilizada en la parte noble para hospedar refugiados. El encalado de las paredes consiguió que no se estropeasen las pinturas originales. En el piso superior, se estableció la Junta de Museos de Cataluña y los servicios de Restauración de la Generalitat, que presidía Joaquim Folch i Torres, ya que las colecciones del Museo de Arte Nacional de Catalunya se habían trasladado a Olot. Los trabajos del Dr. Danés permitieron conservar la biblioteca, y tan solo las reliquias de santa Faustina sufrieron la furia destructora: fueron quemadas en el Firal, el 24 de diciembre de 1936. Hoy en día, en el oratorio donde se encontraba el cuerpo de Santa Faustina se colocó una obra del escultor Josep Clarà (bajo estas líneas).
 

Jueves, 24 de diciembre de 1936
 
Pedro G. Romero continúa así narrando la escalofriante escena: “Es en el día de hoy, víspera de una Navidad rodeada por toda suerte de infortunios y amarguras, cuando la Nochebuena olotense empezará incensada con el único humo con que pueden honrarla y obsequiar a Olot los gerifaltes rojos de la localidad. Son las ocho, y las lenguas de fuego de una pira maloliente que arde en la calzada del Passeig Blay, casi enfrente de la casa nº 57, tiñen de colorado la niebla que parece aquí más espesa y baja que en parte alguna. Ningún olotense digno de este nombre se siente atraído por el espectáculo. Ninguno de los vecinos honrados del Ferial se asoma a la puerta, balcón ni ventana para presenciarlo. Todos, a la sola vista de la hoguera adivinan su causa y se retiran con indignación y avergonzados a sus hogares.
 
Las reliquias insignes de la virgen y mártir Santa Faustina van siendo pasto de las llamas. Manos sacrílegas han arrancado el santo cuerpo de su urna para arrojarlo en plena calle. Y helo aquí, en el arroyo inmundo, convirtiéndose en pavesas por el fuego que le han prendido. Y he aquí también a l’Escabellat (el desmelenado) rodeado y jaleado por sus sacrílegos compinches deleitándose feroz en los infernales designios. No le faltaba más que un tridente para alcanzar la perfección de una propia imagen del averno y ni aún este atributo de Neptuno esgrimido por Satán se halla ausente de la escena. Manejando una horca de acero aquel caníbal agita los despojos sagrados para excitar su destrucción total. Y en su tarea horrenda gesticula y vocifera, y gruñe y resuella, y salta y brinca como el espíritu del Mal en su medio ambiente, complaciéndose sobremanera en prolongar la función…
 
Un montón de cenizas queda al poco tiempo en medio de la calle. A su lado permanece por unos instantes el héroe de la gran hazaña quien, sudoroso y desencajado jadea. Y hasta se diría que se ha aplacado su paroxismo bestial y que ahora incluso medita, bien que profundamente engreído. No puede ser menos, porque la jornada ha sido para él y la historia roja de Olot, harto brillante. Más también medita amilanado y sumergido en las tinieblas el pueblo olotense.
 
Al mediodía, encumbrado por decreto de la Consejería de Justicia de la Generalidad de Cataluña al cargo de Juez Popular, l’Escabellat se ha posesionado de la más alta magistratura judicial de la ciudad. Después… en algo había de distinguirse de los vulgares sicarios del Roma que degollaron a Santa Faustina, el sicario de Moscú quemador de sus restos venerandos”.
 
 
La narrativa puede hacernos creer en personajes ficticios, y no es el caso: L’ Escabellat es el apodo de Pelegrí Serrat Estruch, al que otros llaman Trotsky. Pertenecía al Bloc Obrer i Camperol (BOC, Bloque Obrero y Campesino) que fue una organización política catalana de ideología comunista, fundada en 1930 en Barcelona como resultado de la fusión del Partit Comunista Català (PCC) y de la Federació Comunista Catalanobalear (FCCB).
 
 
De su existencia da noticia La Vanguardia del 24 de noviembre de 1935, cuando informa del traslado de unos presos (entre los que se encuentra él) de la cárcel de San Cristóbal de Pamplona a la cárcel de Gerona “para extinguir el resto de la pena que les fue impuesta en Consejo de Guerra por los sucesos de octubre de 1934”. Pelegrí Serrat fue condenado a dos años y cuatro meses, pena que cumplió hasta la amnistía decretada por el Front d’ Esquerres después de la victoria electoral de febrero de 1936. Luego el ABC, del 11 de abril de 1950, publica un edicto en el que se abre expediente de declaración del fallecimiento de Pelegrín Serra… “quien a principios de enero de 1939 se ausentó a Francia, sin que se haya tenido más noticia de su paradero”.