Resulta un fenómeno a menudo
mencionado por el común de los mortales, aunque de hecho muy poco conocido, el de la existencia a lo largo de la historia de la Iglesia de lo que se da en llamar "antipapas". Lo primero que habría que decir al respecto es que no se ha de confundir con otro concepto morfológicamente parecido, pero semánticamente muy diferente, cual es el del anticristo del que se habla en el Apocalipsis de San Juan, el cual ha hecho correr ríos de tinta a lo largo de la vida del cristianismo (y aún de otras religiones más insospechadas).
 
            Pero centrándonos en el tema que aquí nos ocupa, el antipapa, el Diccionario de la Real Academia Española lo define como el “hombre que no está canónicamente elegido Papa y pretende ser reconocido como tal”. Una definición muy adecuada pero tan amplia como para que sea fácilmente comprensible que calcular el número total de antipapas ocurridos en la historia sea una tarea inabarcable. Explicado de forma un poco cómica, Vd. mismo, o yo, podríamos llegar a ser antipapas con sólo proponérnoslo un poquito. Razón por la que intentar enumerar la lista de antipapas de la Iglesia es misión que no puede acometerse sin establecer previamente un mínimo de condiciones, o de intensidad, o de eficacia por lo que a los resultados se refiere, a la pretensión ilegítima de la que se habla. Lo que no es óbice para que en ciertas circunstancias, como por ejemplo el Seculum Obscurum o el Cisma de Occidente por citar dos fenómenos históricos bien marcados e identificables, los antipapas hayan sido de tal "calidad", que sus propios contemporáneos fueran incapaces de reconocer quién era el papa verdadero y quién el antipapa.
 
            Una de las listas de de las generalmente aceptables es la que recoge la Enciclopedia Británica, que nos habla de hasta treinta y ocho antipapas, el último de los cuales, Félix V, entre 1439 y 1449, lo que significa que, afortunadamente, la del antipapa ha dejado de ser una de las amenazas a la que se enfrenta la Iglesia en los últimos tiempos. La lista sería la siguiente:
 
Hipólito (217/218–235).
Novaciano (251)
Felix II (355–365)
Ursino (366–367)
Eulalio (418–419)
Laurencio (498, 501-505/507)
Dióscoro (530)
Teodoro (687)
Pascual (687)
Constantino II (767-768)
Felipe (768)
Juan (844)
Anastasio (855)
Cristobal (903-904)
Bonifacio VII (974, 984-985)
Juan XVI o XVII (997-998)
Gregorio VI (1012)
Benedicto X (10581059)
Honorio II (10611064)
Clemente III (1080–1100)
Teodorico (1100–1101)
Alberto o Alarico (1101)
Silvestre IV (11051111)
Gregorio VIII (11181121)
Celestino II (1124)
Anacleto II (11301138)
Victor IV (1138)
Victor IV (11591164)
Pascual III (11641168)
Calixto III (11681178)
Inocencio III (11791180)
Nicolás V (13281330)
Clemente VII (13781394)
Benedicto XIII (13941417)
Alejandro V (14091410)
Juan XXIII (14101415)
Clemente VIII (14231429)
Félix V (14391449)
 
            Siguiendo también la sistematización realizada por la Enciclopedia Británica, las razones por las que puede ocurrir el advenimiento de un antipapa podrían ser las siguientes:
 
            1º.- Desacuerdo doctrinal. Caso del antipapa Hipólito que en el s. III intentó suplantar a Calixto I sobre la base de la defensa del monarquismo, herejía relativa a la Santísima Trinidad.
 
            2º.- Deportación papal. Caso del Papa Liberio, que fue deportado por el Emperador Constancio II, el cual impuso en el trono de Pedro al antiapapa Félix II.
 
            3º.- Doble elección. Caso en 418 del antipapa Eulalio, elegido por un sector del clero y apoyado por Bizancio, frente a Bonifacio I, elegido en otro cónclave diferente.
 
            4º.- Doble elección y subsiguiente recurso a un tercer candidato. Caso en el s. VII de Pascual y Teodoro, rivales por el papado, obligados a ceder ante Sergio I. O un caso aún más actual que tendremos ocasión de conocer bien, cual es el del llamado Cisma de Occidente.
 
            5º.- Cambio en la manera de elegir Papa. Caso de Alejandro II, elegido papa de acuerdo con el nuevo procedimiento establecido por Nicolás II para independizar la institución de la tutela imperial, al que se opuso el antipapa Honorio II, candidato imperial.
 
 
            ©L.A.
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