En "¿Lo que le hace falta a las mujeres son los anticonceptivos? Melinda Gates dice que sí" explicamos brevemente los proyectos de la esposa del magnate de Microsft, quien cree que para hacer "poderosas" a las mujeres hay que repartirles profilácticos y abortivos.
 
Dado que la sra. Gates se declara "católica", los reportajes y entrevistas que han aparecido recientemente tienden a presentar esa promoción de la anticoncepción como una lucha de vanguardia (y a Melinda Gates como heroína liberada de las normas de su fe) y a la Iglesia católica como institución retrógada.
 
Sobre este tema, me ha gustado MUCHO el artículo de Giulia Galeotti en L´Osservatore Romano (I rischi della filantropia, 29 de julio de 2012). El artículo apunta a lo esencial, a lo que está detrás de la filantropía al estilo "Gates": es más fácil darles 450 millones de dólares a la industria farmacéutica que promover métodos naturales y en sintonía con el Magisterio católico, como el Billing. ¿Por qué? Unos engrosan las carteras y otros no cuestan. El artículo es éste:

 
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Hace algunos días, durante un encuentro organizado en Londres por la Fundación Bill y Melinda Gates, las Naciones Unidas y el Gobierno Británico, la mujer del fundador de Microsoft anunció que en los próximos ocho años gastará 450 millones de euros para investigar nuevas técnicas de control de nacimientos, mejorar la información sobre la anticoncepción y poner a disposición servicios e instrumentos en los países más pobres del planeta, empezando por África. En una entrevista a la CNN, Melinda Gates precisó que para ella, católica, dar a las mujeres un acceso mejor a la anticoncepción es un compromiso a tiempo completo. Y en «The Guardian» reconoció su dificultad como creyente, consciente de que los 450 millones de euros representan un desafío a la jerarquía eclesiástica.
 
En realidad, la filántropa americana va descaminada, pues está obnubilada por una mala información y por tópicos que persisten en este tema. Creer todavía en una Iglesia católica que, contraria al preservativo, deja morir a mujeres y niños por intransigencia misógina es una lectura infundada y grosera.
 
Como escribió Pablo VI en la Humanae vitae (tal vez la víctima más notable de este tipo de deformación), la Iglesia es favorable a una regulación natural de la fertilidad, es decir, a los métodos fundados en la escucha de las indicaciones y de los mensajes proporcionados por el cuerpo. Para demostrar que no se trata de bizantinismos abstractos, sino de medidas concretas y eficaces, recordemos a los esposos australianos John y Evelyn Billings, quienes descubrieron el método de regulación natural de la fertilidad llamado BOM (Billings Ovulation Method): así las mujeres pueden saber si son fértiles o no, y partiendo de esta realidad pueden elegir su comportamiento sexual. Un ejemplo desconocido pero clamoroso del éxito del BOM fue su aplicación en China. El Gobierno comunista de Pekín estaba muy interesado en un método de regulación que no costara nada y no perjudicara la salud de la mujer, un método considerado seguro al 98 por ciento.
 
Además de las acusaciones infundadas de fracaso y poco éxito que se siguen haciendo todavía hoy, respecto del método Billings se alberga un escepticismo generalizado, o tal vez una sonrisa de condescendencia por un recurso considerado a-científico, pre-científico, primitivo y terriblemente ingenuo. Se trata de acusaciones infundadas, y probablemente generalizadas no por casualidad.
 
Lo que pasa es que, a los ojos de cierta parte del mundo, el BOM tiene un doble inconveniente. Ante todo, tratándose de un método sencillo de entender y fácil de adoptar, las mujeres mismas, incluso las analfabetas, pueden gestionarlo con autonomía y de forma consciente, sin necesidad de ninguna forma de mediación. En segundo lugar, y sobre todo, su pecado original e imperdonable consiste en ser un remedio completamente gratuito. Aspecto por el cual, evidentemente, es muy mal visto por las industrias farmacéuticas, que con la anticoncepción química obtienen en cambio ganancias enormes. Como por lo demás sucederá gracias a la filantropía de la señora Gates.
 
Cada uno es libre de hacer beneficencia a quien quiera. Pero no lo es tanto de obstinarse en la desinformación, presentando las cosas por lo que no son. De lo contrario, se corre el riesgo de caer (a veces ingenuamente) en las políticas estilo Nestlé. Como es tristemente conocido, la multinacional ha proporcionado de forma astuta e incorrecta a las mujeres africanas leche en polvo para sus niños recién nacidos, mediante confecciones regalo que duran el tiempo necesario para que a la madre le llegue el término de la leche natural. En ese momento la madre se ve obligada a comprarla: mediante campañas publicitarias que presentan la lactancia en el seno como algo bárbaro y la artificial como algo moderno y civil; también gracias a presiones psicológicas de varias clases realizadas por presuntos médicos y enfermeros. Creando así una necesidad, en nombre de la beneficencia y con fines de lucro. No se puede afirmar que esta sea la finalidad de los 450 millones pero, en cualquier caso, prescindiendo de las declaraciones al respecto, realmente haría bien un poco de información. A todas.
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