Miguel Ángel Pavón Biedma, colaborador de la Asociación Cruz de San Andrés, escribe en un artículo que “la encíclica “Rerum Novarum” de León XIII, supuso una iniciativa valiente y comprometida de la Iglesia Católica (la religión de los pobres de espíritu, no lo olviden nunca) por los derechos, y su defensa, de los trabajadores. Amparados en estos nuevos aires la Confederación Nacional de Sindicatos Católicos tenía, en 1919, unos 40.000 miembros. En 1935, la Confederación Española de Sindicatos Obreros, que basaba su actividad en la doctrina social de la Iglesia Católica, tenía unos 275.000 militantes. Estos sindicatos padecían la malicia y el descaro de otras fuerzas sindicales que los calificaban de “amarillos” simplemente por centrarse en resolver problemas reales, lejanos de las utopías y desvaríos comunistas y libertarios, y no estar al dictado de los políticos, ansiosos de poder, del momento. Merecen un recuerdo especial los llamados sindicatos libres de origen carlista.
Fueron fundados en 1919 con un gran éxito entre los trabajadores que querían “un sindicato socialmente reivindicativo pero apartado de todo juego político y partidista”. Enseguida sufrieron la agresividad, y el acoso, de otras fuerzas sindicales, la infiltración en sus filas de agentes patronales, gubernamentales y al servicio de los sindicatos dominantes. Esta situación obligará al carlismo, en 1923, a recomendar el abandono del mismo, que acabará integrándose en otros sindicatos de orientación católica.
Nos quedaría recordar la fundación de las Cajas de Ahorro y Monte de Piedad. Fundadas para ayudar al trabajador, con su antecedente en los franciscanos italianos del siglo XV, fue necesario hasta un concilio para aprobar y aceptar que era lícito cobrar un pequeño interés. Naturalmente, el tiempo, el liberalismo (que no la verdadera libertad que todos anhelamos) y el óxido al final todo lo corroen. Poco a poco hemos asistido a su cambio y a su desaparición”.
 
Unos por otros y Dios por todos
La Federación de Sindicatos Agrícolas de La Rioja se constituyó el 1 de diciembre de 1909, recibiendo la aprobación del Obispado de Calahorra y la Calzada el 15 de enero de 1910. Se trataba, pues, de una organización confesional. El consiliario era el párroco de la localidad. El lema general era de los antiguos gremios: “Unos por otros y Dios por todos”.
La memoria del Sindicato Agrícola, publicado el 15 de agosto de 1916, refiere en la página 10 lo siguiente sobre el Siervo de Dios Juan González Mateo:
“Guiados por nuestro amantísimo Párroco, que se ha logrado por entero a nosotros, y puesto en juego todo su talento y laboriosidad infatigable para atender y subvenir con solicitud más que paternal a todas las necesidades de un pueblo seguiremos con pie firme el camino comenzado, llevando a su alma de Sacerdote celoso la hermosa y consoladora satisfacción que tiene que producirle, no solamente el haberse visto aclamado cien veces como hijo predilecto del pueblo, y que se haya dedicado a su nombre la mejor calle y colocado en lugar preferente del Círculo la ampliación de su retrato, para que presida nuestras honestas recreaciones, sino mucho más, el ver que todos cumplimos con mayor regularidad los santos preceptos del Señor y de la Iglesia; que ha desaparecido casi por completo la blasfemia, que nuestro hermosos Círculo no se permite ni una palabra mal sonante ni juegos que no sean lícitos, ni cosa alguna que esté reñida con la sana moral y la cultura más delicada.

            Todavía más: debido a la prestigiosa persona de nuestro párroco y a su extraordinaria prudencia, han desaparecido en nuestro pueblo las funestísimas luchas políticas; todos los bandos contendientes le nombraron árbitro en las últimas elecciones de 1914 y nadie suspira ya por cacicatos, que después de turbar la paz de los pueblos, son con harta frecuencia causa de su ruina”.


Sobre estas líneas: Ermita de Nuestra Señora del Patrocinio de Uruñuela