Hablaba de fútbol, ¡cómo iba a hablar de otra cosa!, pero al Marqués de Del Bosque le sale el señorazo que lleva dentro y la mucha filosofía de la vida que atesora en cada una de sus palabras. No se defrauda ni se traiciona a sí mismo. Fue un jugador elegante, pausado, reflexivo, con una visión del juego que hoy traslada a la vida como pocos otros. Ayer volvió a dar una lección de filosofía de la vida. Traten de olvidar Vds. que está hablando un entrenador de fútbol, e intenten escuchar al intelectual, al filósofo, al sociólogo.
 
            “Tenemos expectativas tan grandes que todo nos sabe a poco”.
 
            “Todo viene a través del esfuerzo, y en eso creo que somos fiables”.
 
            “Hay que trasladar optimismo y no este pesimismo”.
 
            “El futuro nos pondrá en nuestro sitio”.
 
            “Creo que estamos viviendo una época de extremismo, de lo malo o de lo bueno, y ayer fue de término medio”.
 
            Y por encima de todas, ésta:
 
            “Hemos pasado de pobres a ricos muy rápido, no sabemos valorar lo que tenemos”.
 
            ¿No les recuerda a algo? A mí sí. A mí me recuerda a aquellos tiempos no tan lejanos, en los que los descreídos españoles nos sentíamos, en el colmo de la contradicción, elegidos por Dios para ser ricos y para vivir bien, extremadamente bien. Entonces nadie quería oír hablar de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio, de que las cosas podían llegar a irnos mal. La crisis era impensable, inaceptable, “antipatriótica” como asertó aquel otro sabio, sí hombre, el de la tierra y el viento ¿tan pronto lo han olvidado? “Estamos en Europa” decíamos todos por toda explicación poniendo la boca gorda, como si “estar en Europa” (¿pero acaso no lo estuvimos alguna vez?) nos garantizara no tener que volver a hacer nada en la historia para vivir siempre como marqueses. Mírennos ahora.
 
            Y en fútbol al revés. Antes siempre tan resignados, aferrados a cualquier resultado positivo por pequeño que fuera gracias al mucho esfuerzo desplegado, ya que la calidad era inferior a la de otras selecciones con más talento. ¿Y ahora qué? Pues todo lo contrario: cualquier rival nos parece poco, cualquier rival nos parece insignificante, inferior, casi indigno de jugar contra una selección como la nuestra, apenas un trámite insoslayable. A cualquier equipo le tenemos que endosar la manita para estar a la altura que nos merecemos, y no nos vale con ganarle en el último minuto, y mucho menos, después de haber sufrido tanto para conseguirlo (¡que horterada esto de sufrir!).
 
            Pero lo único cierto es que no siempre vamos a ser campeones del mundo. No siempre vamos a ser campeones de Europa. Algún día caeremos. Algún día vendrá la derrota. Como también les digo lo contrario: no siempre van a ser días de llorar, algún día saldremos de la crisis y volveremos a sonreír, y a triunfar, no les quepa a Vds. duda.
 
            Como en la vida misma: unos que vienen, otros que se van; momentos de miel y momentos de hiel. Y por supuesto, y como dice el Marqués, cuantas veces ganemos, cuantas veces consigamos nuestros objetivos, gracias a nuestro esfuerzo, gracias a nuestro trabajo, a nuestros méritos y a nuestro sacrificio. No como llegamos a creer alguna vez, porque nadie nos haya elegido para ganarlo todo o para ser ricos por nuestra cara bonita. Trabajo, trabajo y más trabajo. Ayer, hoy y mañana. No existe otra fórmula. “No hay nada fácil y todo se hace a base de esfuerzo”. Lo dice Del Bosque.
 
 
            ©L.A.
           
 
 
 
 
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