Las famosas Columnas de Hércules son un elemento legendario de origen mitológico, que servían para señalar el límite del mundo conocido, la última frontera para los navegantes del que los romanos bautizaron Mare Nostrum. Bajo el lema “Non Plus Ultra” (ojo, el contrario del que le conocemos hoy día) marcaban el confín del continente y eran dos, una de ellas, la columna norte o Kalpe, situada en el estrecho de Gibraltar, y la otra, Abila, al otro lado del estrecho, en el Monte Hacho en Ceuta o en el Monte Musa en Marruecos, emplazadas en el lugar en el que según la mitología, Hércules habría abierto el Mediterráneo para conectarlo con el Atlántico, de manera parecida a como muchos milenios después el ingeniero francés Lessep lo volviera a hacer para darle esta vez una salida al Mar Rojo y por ende al Indico, pero con muchos menos medios, pues al héroe griego le habría bastado la sola fuerza de sus potentes brazos.
 
Puerta Bisagra (Toledo)
            Acontece que cuando Carlos de Habsburgo, el futuro Emperador Carlos V, Carlos I de España, recibe de su padre en 1506, a sus seis años de edad, el título de Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro y tiene que adoptar, como es norma para acceder al rango, un lema para su gobierno, toma las columnas de Hércules a las que, sin embargo, se les cambia el lema, dejando el “Non plus ultra” en lo contrario, esto es, en “Plus ultra”, “más allá”, bien expresivo de lo que habría de estaba llamada a ser la acción de gobierno del prometedor príncipe.
 
            Por esta vía, el propio Carlos, cuando accede a la más alta dignidad existente sobre el planeta no siendo la del Papa, la de Emperador,  incorpora las columnas al escudo imperial (ver su reproducción en la Puerta Bisagra de Toledo) y con ello a la heráldica nacional española tan afín a la idea imperial de Carlos V, donde adquieren un significado evidente que las vincula a la ruptura de toda frontera mundial con la colonización y evangelización de todo el Nuevo Mundo.
 
 
            Todavía han de rendir sin embargo las columnas, un último servicio al mundo de la simbología, tan insospechado como los anteriores, en este caso a través de la numismática. Y es que en el s. XVIII se empieza a acuñar en América la prestigiosa moneda de plata ocho reales, llamada también columnario de plata y, por su semejanza con la moneda austríaca del thaler, el “thaler español”, un thaler que españolizado en “tálero” acaba dando “dólar”, “dólar español” en definitiva, “Spanish dollar” en el mundo anglosajón.
 
            Dicha moneda fue de frecuente circulación en todos los territorios americanos y particularmente en los más septentrionales, de modo que después de acceder los Estados Unidos a su independencia en 1778, apenas siete años después deciden adoptarla como moneda nacional.
 
            Como se diera el caso de que en el anverso la moneda mostrara las dos columnas del plus ultra flanqueando dos mundos superpuestos con una corona real encima, para simbolizarla y reflejarla sobre el papel, se va adoptando una simplificación de la misma que la reduce al característico $, donde la S representa la orla con el lema, y las barras las dos columnas de Hércules (ver la semejanza del símbolo con la columna derecha de la moneda en la ilustración que se acompaña).
 
 
            ©L.A.
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