Josep Gassiot Magret en su obra “Apuntes para el estudio de la persecución religiosa en España” narra a continuación los excesos salvajes “En los primeros meses de la Guerra Civil”.
Tan pronto se inicio el Alzamiento militar, y sin que la Iglesia hubiese participado o intervenido en el mismo, se pusieron en práctica las consignas de la Liga Atea para destruir los edificios religiosos y matar a los sacerdotes.
Así en Sevilla, con todo y ser mantenida la lucha, en el primer día fueron incendiadas y destruidas las iglesias Omnium Sanctorum, Montesión, San Marcos, Santa Marina, San Juan, San Ramón, Nuestra Señora de la O, San Roque y Santa Ana y los conventos de las Mercedarias y de las Salesas.
En Córdoba las iglesias de San Agustín y Santa Marina.
En Huelva las iglesias parroquiales de San Pedro, San Francisco, Concepción y Virgen de la Cinta, y el convento de Monjas Agustinas.
En Barcelona, en el mismo día 19 de julio, ardieron las iglesias de Santa María del Mar, San José y Santa Mónica, San Agustín, San José Oriol, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de la Bonanova, Cristo Rey, San Juan y Santa Teresa de Horta, Santa Madrona y Nuestra Señora de Lourdes, en la barriada de Poble Sec, San Andrés de Palomar, Nuestra Señora de los Desamparados, Nuestra Señora de la Milagrosa, Sagrado Corazón de Jesús, Santa María de Poble Nou, San Ramón Nonato, Santo Ángel Custodio, Nuestra Señora de Belén y otras.



Cripta de la Basílica de la Sagrada Familia, profanada y arrasada
 



 Santa María del Mar de Barcelona, antes y después del incendio.

 
Y en días sucesivos y en distintas localidades se fueron profanando y destruyendo hasta veinte mil templos; según afirmó el Primado de España en el Congreso Eucarístico de Budapest.
En “La Vanguardia” del 2 de agosto de 1936, afirmaba el jefe del P.O.U.M, Andrés Nin: “La clase obrera ha resuelto el problema de la Iglesia, sencillamente, no dejando en pie ni una siquiera”.
En la Pastoral Colectiva de los Obispos Españoles, se dice:
La irrupción contra los templos fue súbita, casi simultánea en todas las regiones, y coincidió con la matanza de sacerdotes. Los templos ardieron porque eran casas de Dios”.
El Cardenal Pla y Deniel escribió en “El triunfo de la Ciudad de Dios y la resurrección de España” (pág. 7):
En cuanto a los conventos, solo se cita un caso en que, no los religiosos, sino algunos elementos militares que se habían alzado, al verse batidos, se refugiaron en el convento de los Padres Carmelitas de Barcelona, y desde allí se sostuvieron hasta que debieron darse por vencidos. Para todos los demás centenares de conventos y millares de templos incendiados o saqueados en la España roja no puede alegarse el menor pretexto de haber sido utilizados en la lucha”.           

           Con razón pudo decir Pío XI en su encíclica “Divini Redemptoris”:

          
No se trata de tal o cual iglesia derrocada, de tal o cual convento destruido; donde les ha sido posible, todas las iglesias, todos los conventos, cuanto lleve la marca de la religión cristiana, aunque se trate de los monumentos más preciosos del arte o de la ciencia, todo han intentado destruirlo”.

San Juan evangelista. Talla en su retablo del Convento de las MM. Concepcionistas de Toledo. Sobre el pecho del apóstol las letras de la F.A.I. 76 años después, a golpe de vista, se puede contemplar esta imagen profanada tal cual aparece en la fotografía.