Josep Gassiot en su obra “Apuntes para el estudio de la persecución religiosa en España” termina esta primera parte hablando de las Internacionales.
La Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.), la Confederación Nacional de Trabajadores (C.N.T.) y la Federación Anarquista Internacional (F.A.I.) aparecían siempre unidas o identificadas. Tenían la particularidad de mantener una dirección anónima o bien oculta, de no mostrar interés por intervenir en las organizaciones estatales; hasta las elecciones municipales del año 1931 se mantuvieron retraídas, y aun después, si bien votaron y apoyaron a los izquierdistas que consideraban más significados; pero no quisieron tener representación parlamentaria. Así y todo, después del 19 de julio de 1936, en Cataluña asumieron totalmente la dirección de la cosa pública (Joan Fábregas, en la página 36 de su obra “80 dies en el Govern de la Generalitat. El que vaig fer i el que no em deixaren fer”).
Otra organización obrera importante fue la Unión General de Trabajadores (U.G.T.), constituida en 1888, afiliada a la Federación Sindical Internacional de Ámsterdam y de orientación socialista. Así como la C.N.T. tenía su centro de actividades en Barcelona, la U.G.T. lo tenía en Madrid. Pronto se dispuso a intervenir en política y tuvo representación parlamentaria. Como se mostrará dispuesta a una colaboración gubernamental, la Dictadura la trató con benevolencia, de forma que fue nombrado Consejero de Estado su prohombre Largo Caballero y consiguió una considerable participación en el funcionamiento de los Comités paritarios o bien en los organismos creados por el Excmo. Sr. Aunós al establecer el Régimen Corporativo.
Su idealidad ha sido la orientación revolucionaria de la lucha de clases, para crear fuerzas de emancipación de la clase obrera y para asumir esta dirección de la producción, el transporte y la distribución e intercambio de la riqueza social.
La U.G.T., el Partido Socialistas y la II Internacional, han profesado el materialismo de Carlos Marx y han sostenido que la Religión era el opio del pueblo y debía ser combatida.
Observa acertadamente el reverendo don Luis Carreras (en la página 16 de su obra Grandeza espiritual de España) que: “Marx y Engels tuvieron algunas vacilaciones acerca de la forma práctica de llevar a cabo la lucha contra la Religión: no dejaron, empero, de tener siempre presente tal objetivo. Engels consideraba que la obra de organización del proletariado debía conducir a la anulación de la Religión. Marx definía que la lucha contra la Religión es, por tanto indirectamente la lucha contra ese mundo, cuya arma espiritual es la Religión; y en 1869 precisaba más: la lucha contra los sacerdotes debe desarrollarse sobre todo en los países católicos. Antes había dicho: Las armas de la crítica no deben sustituir la crítica eficaz de las armas”.
Con arreglo a este criterio, Largo Caballero y otros socialistas, en sus discursos de propaganda electoral, decían a sus oyentes “que debían matar a los curas”.
En contraposición con la Federación Sindical Internacional (o Segunda Internacional) se promovió una escisión por los representantes de los Soviets rusos, creando la Tercera Internacional Roja (también denominada Comunista). Ésta proclamó: “La Internacional Comunista combate toda la influencia burguesa sobre el proletariado y lucha contra la religión, contra toda la filosofía que no sea el materialismo marxista integral, contra las doctrinas o tendencias que proclaman la unión del capital y el trabajo y contra el oportunismo socialista. La Internacional proclama ante toda la lucha de clases hasta el extremo”.
Es muy cierto que, como dice el ruso Nicolás Berdiaeff, el hombre sin Dios deja de ser hombre… en estado de separación, vaciado de su alma, se convierte en el esclavo, no de las fuerzas superiores, sino de los elementos inferiores o inhumanos.
Así la Tercera Internacional, o el Komintern, impuso una disciplina de hierro y la que en definitiva ha producido en Rusia la esclavitud del proletariado.
Desde el segundo Congreso celebrado en Moscú el 23 de julio de 1920, figuró en sus condiciones lo siguiente: “En nuestra guerra civil, el partido comunista no podrá hallarse en condiciones de cumplir su obligación más que estando organizado, en lo posible sobre bases centralistas, con una disciplina de hierro y una dirección central sostenida con la confianza de las secciones del partido, dotada de un completo poder de autoridad y de elementos grandemente competentes”.
En España, se disputaban el predominio entre la clase obrera la C.N.T. y la U.G.T., de modo que la delegación de la III Internacional, en un principio no contaba con un gran número de adeptos; pero ya en 1930 los jefes del Comunismo español José Bullejos y Grabriel Trilla estuvieron en Rusia para recibir instrucciones.
Lenin, en 1920, declaró que la segunda revolución proletaria victoriosa sería en España (Dr. Luis Carreras en la página de su obra “Grandeza Cristiana de España”).
En un folleto titulado La revolución en España, Trotsky escribió en los comienzos del año 1931: “Otra vez la cuerda se rompe por lo más delgado. Ahora le toca el turno a España”.
El agitador Trotsky había estado en España y estuvo relacionado con Andrés Nin, que fue profesor de la Escuela Moderna y amigo de Francisco Ferrer y Guardia, a la vez que se distinguió como organizador de los asesinatos de Eduardo Dato y del Conde de Salvatierra. Y cuando Trotsky quiso desarrollar una actuación más enérgica o radical dentro del Comunismo, contó con Andrés Nin, que fundó el Partido Obrero Unificado Marxista (P.O.U.M.), partido que tuvo una destacada y cruel actuación durante la persecución religiosa. Mas por no haberse sometido incondicionalmente a la férrea disciplina del partido, por “desviacionistas”, Trosky y Andrés Nin fueron eliminados por el Comunismo.
Quizá no eran todavía bastantes las organizaciones internacionales que hemos examinado, y posiblemente para unificarlas o agruparlas junto con la Liga de los Derechos del hombre y demás elementos antirreligiosos, fue creada la Internacional de los Sin-Dios; su órgano decía en agosto en 1935: “Nuestro ateísmo es un ateísmo militante. No se trata de una coexistencia pacífica con el clero, sino de una lucha implacable contra la Religión para la reeducación de los trabajadores que todavía siguen a la Iglesia. Ésta es nuestra finalidad. Todavía más implacabilidad contra la Religión”.
En resumen: las organizaciones obreras que podían tener un aspecto constructivo y de afirmación de una nueva organización social para amparo de la justicia y de los intereses de la clase trabajadora; en cuanto se mostraban contrarias a la Religión y al igual que todos los elementos de la Liga Atea, actuaban en forma puramente negativa, de una fuerza satánica de destrucción y de odio.
Su triste destino tenía que ser la infelicidad y la desgracia de los pueblos en que pudieron dominar.
           La verdadera sociedad internacional ha sido la Iglesia Católica, de carácter espiritual, mientras que las otras son de puro materialismo; de amor y caridad, mientras que las otras propugnan el odio y la lucha de clases; de estricta libertad, mientras que las otras pretenden imponerse por la fuerza y la violencia.