A nadie escapa que esta crisis económica que estamos sufriendo tiene raíces profundas. No es solo un problema de contabilidad y financiación. La verdadera causa de este desastre económico que está haciendo sufrir a millones de personas en España es la crisis de valores que venimos sufriendo debido al laicismo materialista imperante. Algunos se empeñaron a quitar a Dios de en medio  y, por tanto, sus santos mandamientos. ¿Qué ha ocurrido? Que enseguida se han hecho dueño de la situación los más bajos instintos del hombre: la codicia, la avaricia, la ambición, el afán de poder, la lujuria, la gula… es decir, todos los pecados capitales. Y el dinero, convertido en nuevo becerro de oro, se puso por encima de todas las cosas. Y de ahí vino, como no podía ser de otra manera, el crack  económico que trae de cabeza a los políticos y economistas.

                Toda una banda de granujas han minado las fuentes de donde mana el dinero, para derivarlo a sus propios cauces viciados y mugrientos, con la ruindad de enriquecerse a costa de los demás. Y ahora, en plena quiebra financiera, los mangantes que han originado la misma, se debaten en la plaza pública con discursos hipócritas echándoles la culpas a los otros. Los valores han sido pisoteados, y costará tiempo rehacer la dignidad que se le ha robado al hombre.

                A finales del año pasado, se celebró en Sevilla el Encuentro Diocesano de Laicos (500 personas), bajo el lema "Crisis económica y de valores: No podemos permanecer en silencio", y con la consigna: Los cristianos laicos reaccionan ante la recesión.

                Al final de los debates su publicó un comunicado en el que, entre otras cosas se dijo:

                Los cristianos laicos no podemos permanecer en silencio ante las duras circunstancias de muchos de nuestros conciudadanos desconcertados y empobrecidos, que sufren graves carencias materiales y espirituales.  Nada hay en estos momentos más importante para nosotros que ayudar a aminorar las consecuencias de la crisis a través de iniciativas concretas, junto a ofrecer de nuevo a Cristo, El es el único que puede dar sentido a la vida de cada uno de nosotros y de toda la sociedad…         

                Los cristianos laicos de Sevilla, nuestras organizaciones y estructuras queremos ofrecer a nuestros conciudadanos un mensaje de confianza en el futuro, ante las dificultades económicas y sociales ofrecemos nuestra colaboración, trabajo y esfuerzo para construir una sociedad más justa y solidaria. Solo una sociedad que se preocupe de las jóvenes generaciones educándolas en la responsabilidad y el compromiso social puede transformar los desafíos de los escenarios actuales en oportunidades para construir una nueva civilización que tenga a Jesucristo como único Señor…

                La Iglesia tiene perfectamente elaborada su “Doctrina Social”, dando luz para que las relaciones sociales y económicas sean humanas. Los últimos papas han hablado claro en este sentido. Benedicto XVI dice:

                La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también  dentro de la actividad económica y no solamente fuera o « después » de ella. El sector  económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente.

                El gran desafío que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este  tiempo de globalización y agravado por la crisis económico-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.  (“Cáritas in veritate”, n. 36).

                La Iglesia lo tiene claro, y así lo lleva predicando desde siempre. De un modo más enfático a partir del siglo XX. Pero a la Iglesia, que es experta en humanidad, no se le quiere hacer caso. Más bien se le denigra, se le desautoriza en nombre de unas ideologías que han demostrado ser nefasta en todos los órdenes, y que han fracasado rotundamente en todas partes.

                Los católicos tenemos que seguir levantando la voz, defendiendo la dignidad de la persona humana, con todos los valores que esta lleva aparejados, y no dejarnos amedrentar por lo que solo saben chillar y ultrajar. Los hijos de las tinieblas son muy sagaces, como dice Jesucristo. Pero también dijo El: “No os preocupéis, Yo he vencido al mundo”.  Y San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me da la fuerza”. Hay que eliminar la carcoma que arruina la madera. Pero hay maderas inasequibles a cualquier carcoma. Son maderas con muchos valores.

 Entra en este Vídeo que explica muy bien lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre la econmía:

www.youtube.com/watch
 

Juan García Inza