Un debate de altura incomparable sobre la existencia de Dios. ¿Dónde? ¿En la Facultad de Teología de la Sorbona? ¿En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma? ¿En el foro de diálogo con los ateos del Patio de los Gentiles fundado por Benedicto XVI?

            No, por Dios, ni mucho menos. En las humildes páginas de comentarios de un humilde blog cual es el que un servidor de Vds. administra, y con ocasión del artículo que escribí titulado “Del famoso científico ateo que sin embargo concede a Dios un 1,4285714% de probabilidades de existir”.
 
            Participaron en él varios comentaristas anónimos (a los que si lo desean doy ocasión de identificarse) y otro al que sí conozco bien, porque me honro con su amistad, aunque no sabía, en honor a la verdad, de su inquietud sobre el tema y de su abigarrada formación en él. Se trata de Fernando Aguirre, uruguayo de pro, abogado en derecho marítimo y profesor de Derecho de los transportes en la Universidad Católica del Uruguay, autor de una docena de libros jurídicos y de la trilogía titulada “Cantares de amor y de guerra” (“Cantar del Dragón Rojo”, “Cantar de la virgen negra” y “Cantar del anillo azul”), que el día que vean Vds. en las librerías españolas, les recomiendo salgan corriendo a comprar porque no he leído en mi vida novela más divertida e interesante.
 
            Sin más dilación pues, ahí les dejo con el sabroso debate. Armense de paciencia. Es algo largo, pero engancha. Imagínenselo Vds. como si lo vieran tranquilamente en casa, sentados ante el televisor, con una copita en la mesa a lo mejor, y acompañados de su marido o su mujer, durante el programa de tertulias o debates que más les guste escuchar.
 
            Fernando Aguirre. ¿Quieren hacer matemáticas en serio sobre la creación y el Creador? Les transcribo un texto de Carl Sagan: “el libro de la vida es muy pródigo y así una molécula de DNA cromosómico del hombre está integrada por cinco mil millones de pares de nucleótidos. Las instrucciones genéticas de los restantes taxones terrestres están escritas en el mismo lenguaje y con el mismo código. Es evidente, pues, que todos los organismos de la Tierra tienen un solo antecesor, de que en el planeta se produjo una única manifestación de vida hace aproximadamente cuatro mil millones de años”,
 
            Como comentaba un científico la posibilidad de que una molécula de DNA resultara diseñada por azar es la misma de que dinamitando una imprenta las letras caigan en orden formando un diccionario enciclopédico completo.
 
            En realidad esto es sólo una figura del lenguaje, la posibilidad es mucho menor. Vuelvo a Sagan: “Si un sólo cromosoma tiene cinco mil millones (5 x 109) de nucleótidos, contendrá veinte mil millones ( 2 x 1010) de bits de información... Veinte mil millones de bits corresponden poco más o menos a tres mil millones de letras (2 x 1010/6 = 3 x 109). Si una palabra consta por término medio de seis letras, el volumen de información que admite un cromosoma humano se eleva a unos quinientos millones de palabras (3 x 109/6 = 5 x 108)...”
 
            En la posición agnóstica y relativista, el diseño de tal portento de información fue obra del azar.
 
            Luciano. Y como es muy difícil que tal molécula se haya creado de forma azarosa, ¡pues ya está! Fue Dios. ¿Es así?
 
            Galileo. Fernando, muy buena tu respuesta. Resulta impresionante las cifras que se manejan. Ahora, Fernando, eso es lo único que demuestran: que son unas cifras impresionantes, nada más. El resto lo ignoramos, y de la ignorancia no se puede -no se debería- extraer ninguna consecuencia. Esa es la cuestión.
 
            Fernando Aguirre. Monod lo llamaba azar, aunque no logró explicarlo. Se supone que el caldo primigenio se recombinó durante millones de años hasta dar una molécula de ADN. Aunque como dijo un escéptico (hay creyentes escépticos también): si revolvemos millones de años una sopa lo único que vamos a obtener es una sopa muy vieja.
 
            Y en cuanto a que eso pudo suceder por selección natural, observo: hasta que no hubo ADN (una molécula capaz de autorreproducirse) no comenzó la selección natural biológica. Así que no me digan que fue por selección natural. De cualquier manera la selección natural está en el plan general del Universo y no es un argumento contra la existencia de Dios... repito lean a Theillard de Chardin. O si quieren algo más actualizado a conocimiento científico de última generación lean a Juan Luis Segundo (recomiendo “¿Qué mundo, qué hombre, qué Dios?”). Una frase de él: no todos los buenos científicos, hacen buena filosofía.
 
            En cuanto a mi observación sobre el ADN de que veinte mil millones de bits corresponden poco más o menos a tres mil millones de letras (2x1010/6 = 3x109) y que en la posición agnóstica, el diseño de tal portento de información fue obra del azar... Un Premio Nobel de Química, especialista en biogenética, Jaques Monod ha intentado saltearse este problema mediante la combinación de dos principios: la invariancia y la teleonomía. La invariancia sería una ley derivada de la propia estructura del DNA: como compuesto químico cuya característica principal es hacer copias de si mismo, puesto que lo que hacen son copias, en principio el DNA no varía, los descendientes de todo ser vivo suponen ser iguales. Pero el hecho comprobable es que sí varía. Monod explica esta variación por el principio de teleonomía, Aparentemente el hablar de una finalidad de los seres vivos o de la materia (viva o inanimada) resulta demasiado sospechoso. De cualquier forma Monod atribuye a los seres vivos “el ser objetos dotados de un proyecto”. Todo eso es una contradicción flagrante: ¿no eran mero azar? Ahora resulta que es azar con teleonomía o sea azar con un proyecto. ¿Y de quién fue el proyecto? No hay ninguna forma de explicarlo, sin una concepción del universo con una teleonomía (o sea con algo que lo dirige).
 
            Galileo. Fernando, tus intervenciones son muy documentadas, pero en definitiva lo único que aportas son incógnitas, circunstancias extraordinariamente excepcionales... que desconocemos cómo se han producido. Tampoco sabíamos no hace tanto cómo podía surgir de la materia del universos tantos y tan diversos fenómenos, como nuestro Sol. Pero la ciencia ha descubierto el cómo se forma una estrella y ese proceso es perfectamente explicable por las leyes conocidas. Y así todos los descubrimientos, y en ninguno se ha tenido que recurrir a intervenciones sobrenaturales y lo que antes eran portentos divinos, hoy se dan en clase de física, química, etc.. Queda mucho por descubrir, pero piensa que hace menos de 200 años íbamos en carreta y mira dónde estamos. La ciencia come terreno a Dios todos los días y lo que falta por descubrir no es sobrenatural es, simplemente, trabajo por hacer. 
 
            Luciano. Fernando, claro que la selección natural no es un argumento contra Dios, pero porque simplemente NADA puede ser un argumento contra Dios. Algo inmaterial, intangible, maleable y que ni siquiera goza de una definición aceptada universalmente no puede tener ni argumentos a favor ni argumentos en contra. Que no sabemos cuál es el origen de la vida es algo que todos tenemos muy claro. ¿O acaso crees que has descubierto la pólvora? Respecto a eso, te hice una pregunta que no me has respondido: como no sabemos científicamente cuál es el origen de la vida pues ya está! Entonces fue Dios. ¿Es esa tu conclusión?
 
            Fernando Aguirre. ¿Quién eligió la temperatura del primer segundo de la Creación? El amigo Galileo, se pregunta cómo nacieron las estrellas y dice que es un proceso natural conocido fácilmente comprobable. Nada es tan fácil. El hecho es que antes de los tres mil millones de años de evolución biológica, necesarios para llegar hasta nosotros, hubo más del doble de tiempo (entre siete y diez mil millones de años) de evolución de la materia inorgánica.
 
            Stephen Hawking ha escrito: “¿Por qué comenzó el universo con una velocidad de expansión tan próxima a la velocidad crítica que separa los modelos (ideales) que se colapsan de nuevo de aquellos que se expansionan indefinidamente, de modo que incluso ahora, diez mil millones de años después, está todavía expandiéndose aproximadamente a la velocidad crítica? Si la velocidad de expansión un segundo después del big bang hubiese sido menor, incluso en una cien mil billonésima parte, el universo se habría colapsado de nuevo antes de que hubiese alcanzado su tamaño actual”. Y ha agregado Segundo “Tampoco existiría el hombre en el caso contrario, pues una velocidad de expansión mayor hubiera producido un enfriamiento más rápido que el que fue necesario y suficiente para el desarrollo sucesivo de las especies animales hasta el hombre.
 
            ¿Quién eligió la temperatura y la velocidad de expansión del momento inicial? La respuesta agnóstica no conforma a nadie, en ella pesan más los prejuicios cientificistas que los hechos comprobados. La sensación de diseño consciente es abrumadora.
 
            Luciano. Una “sensación” no es una demostración ni una respuesta que merezca ser tomada en serio.
 
            Fernando Aguirre. Luciano, me increpa que me estoy dejando llevar por “sensaciones”. ¿Y la segunda ley de la termodinámica? Pues el azar puro como motor de la evolución que terminó en nosotros (seres pensantes capaces de cuestionarnos todo esto) va contra la segunda ley de la termodinámica. Es una tesis que está en contra de las leyes físicas conocidas. Se pretende que si se deja actuar al azar, en un caldo de cultivo químico, de millones de combinaciones durante millones de años, hasta que nos dé una molécula con cinco mil millones de pares de nucleótidos ordenados en una forma determinada y en forma absolutamente precisa: un sólo error y no es DNA.
 
            De nuevo, el sentido común nos indica que si dinamitamos infinitas imprentas, durante infinitos millones de años, lo único que vamos a obtener es infinitos caos. Que las letras caigan formando la Enciclopedia Británica armada y pronta para empezar a editarse (y reproducirse) no sólo va contra el sentido común, va además contra la segunda ley de la termodinámica. Sobre este punto dice Segundo: “Ya se ha notado que el azar puro tiende al desorden y a la inoperancia. Ese es el significado de la segunda ley de la termodinámica, o sea, de la entropía. Pero en la evolución vemos que, aunque la entropía gana siempre en el plano de la cantidad, existe una mente que aprovecha el paso del azar cósmico para obtener seres o funciones más complejas y finas”.
 
            Luciano. ¿Y la demostración? Fernando, te cito otra vez: “La sensación de diseño consciente es abrumadora”. No es que te increpe que lo estés haciendo, sino que has dejado bien claro que lo estás haciendo. Te dejas llevar por sensaciones. Tu postura es “como no conozco la explicación, pues debe ser Dios”.
 
            “Existe una mente que aprovecha el paso del azar cósmico para obtener seres o funciones más complejas y finas”. Ah, ¿sí? ¿y la demostración?
 
            Fernando Aguirre. El azar no es una explicación válida: no funciona. Estamos empatados: tu explicación es “no conozco la razón, así que debe ser el azar”. El problema es que el azar debería crear caos (eso se llama entropía). El azar creando organismos de complejidad cada vez más creciente, contradice la segunda ley de la termodinámica. No funciona, no puede ser así, iría contra la entropía del universo.
 
            Segundo dice: Por no pagar este precio con su falta de lógica, puede Monod, con toda (aparente) tranquilidad presentar la teleonomía de la evolución... Así el pecado lógico de una contradicción -la de suponer una necesidad surgiendo del puro azar- paga una negativa querida. Se teme a encontrar a Dios a la vuelta de cualquier esquina cuando se admite una teleonomía global para el universo...
 
            De cualquier forma una vez tenemos DNA podemos encontrar explicación en la selección natural. Pero antes no: y queda por contestar una pregunta : ¿y la primera molécula de ácido desoxirribonucleico, de dónde salió?
 
            Repito algo que ya dije: allí tenemos que dejar actuar al azar, en un caldo de cultivo químico, de millones de combinaciones durante millones de años, hasta que nos dé una molécula con cinco mil millones de pares de nucleótidos ordenados en una forma determinada y en forma absolutamente precisa: un sólo error y no es DNA (sigo en la siguiente y pido disculpas a los lectores a los que la ciencia pura y la teología los cansen). La salida de los agnósticos se llama “demonio de Maxwell”. Dado que el azar no puede acrecentar de manera continua la neguentropía (= creación de energía más rica y sistemas más complejos), tienen que inventar una función cognoscitiva (sic Monod) que corregiría la entropía (= tendencia a la degradación de la energía) surgirá en otra parte del sistema manteniendo la segunda ley de la termodinámica. A esa función cognoscitiva que capta el azar y lo transforma en un aparato teleonómico cada vez más potente se le da, en lenguaje figurado, el nombre de demonio de Maxwell, siguiendo el teorema que imaginó ese físico para explicar la posibilidad de la negentropía. Agrega Segundo: “Cada paso en la evolución ha sido, en realidad, obra de ese demonio. Digamos que no es posible tomar en serio científicamente qué es eso que actúa como el demonio de Maxwell. Esa metáfora le sirve al mismo tiempo para salir del paso al hablar de evolución y para desacreditar como mitología (o como animismo) lo que con más lógica otros científicos serios llaman mente (Bateson), el interior de las cosas o energía radial (Teilhard). El demonio de Maxwell es lo más cerca que pueden estar los agnósticos de admitir que Dios actúa sobre la realidad y que el universo corresponde a un plan.
 
            Galileo. No lo veo claro. Fernando, no quiero que pienses que tus datos pasan desapercibidos a la hora de tomar postura, pero también esos mismos datos crean muchas incógnitas que contrarrestan y ponen en tela de juicio el diseño dirigido. Para empezar, habría que saber si somos parte de un plan divino o, simplemente somos el plan. Pero aun aceptando que hayamos sido creados, el debate se trasladaría al creador, porque además de ser un diseño muy mejorable, el resto de la creación está en absoluto contraste. Solo hay que mirarse al espejo y después salir al balcón y mirar el firmamento, para darnos cuenta que somos, a lo sumo, un accidente prescindible con fecha de caducidad, aparecido en un insignificante planeta 13.000 millones de años después de iniciarse todo. Pues mira si hay un plan, nosotros no llegamos ni a comparsa. De manera, que dudo mucho que Dios nos mandara a su Hijo, a lo sumo sería un pariente lejano.
 
            Fernando Aguirre. Galileo: muy bueno tu aporte. Nos vamos entendiendo. Estoy de acuerdo que el hombre sobre el planeta tierra es una mota de polvo en un Universo enorme. No estamos solos. Si el Universo fue creado (prediseñado a partir de condiciones precisas de la primera explosión) para encender estrellas, crear en su interior átomos cada vez más pesados (del hidrógeno al hierro 53), sistemas de moléculas cada vez más complejas (hasta llegar al DNA) y luego sistemas biológicos cada vez más complejos y luego animales con un aumento creciente de los sistemas nerviosos (Theilhard lo llama “ley de la cefalización-conciencia”), y todo ello hasta llegar a criaturas inteligentes capaces de cuestionarse sobre el propio Universo, el sentido de la vida y su naturaleza, eso no debió suceder sólo en este rincón perdido de nuestra galaxia. Es un fenómeno que se debe haber repetido infinito número de veces. Algunos ateos han decidido escapar a la evidencia de la evolución (ahora demostrativa del plan de Dios y no enemiga de la religión) hablando de razas extraterrestres más avanzadas y muy antiguas que sembrarían DNA por la galaxia. Eso sólo traslada el problema del origen del hombre en la tierra al origen del DNA en el universo. Así que el estudio de la realidad material nos revela un universo material que evoluciona (contra la segunda ley de la termodinámica: así que no puede ser mero azar) hasta producir seres con consciencia. No se enojen, lo repito: la convicción de ´´prediseño´´ es abrumadora. Y dije “convicción” y no “sensación”.
 
            Al final me temo que lo que le resulta difícil de digerir a Luciano y a Galileo es que estoy contradiciendo la “la Ley de Hume”. La ley de Hume es lo único en que están de acuerdo los ateos y los creyentes: “el deber ser no influye en el ser”. Pues bien, me gusta patear mesas y declarar inválidos los axiomas en los que todos creen: la ley de Hume es un falso axioma. Cuando un problema no parece tener solución… desconfía de lo obvio. Lo que todos daban por obvio, resultó falso: el deber ser sí influye en el ser y ello puede comprobarse con evidencia empírica. Basta leer a Theillard que descubrió un deber ser inmanente al universo en la evolución. Y no lo descubrió en las sagradas escrituras, ni en un éxtasis místico. Lo descubrió en su trabajo científico como paleontólogo.
 
            Curiosamente durante el siglo XX las posiciones fueron invirtiéndose: toda una generación de filósofos, teólogos y científicos (que incluyeron a Bergson y a Teilhard de Chardin entre los pioneros) había ido descubriendo en la evolución, o bien la indicación de un plan de Dios, o por lo menos una demostración empírica del Omega hacia el que camina el esquema de evolución del universo. Si son ateos, no lo llamen “el plan de Dios”. Pero como dijo Galileo (el verdadero) “E pur si muove”. El universo evoluciona en un sentido y eso es percibible mediante investigación científica.
 
            Luciano. Fernando, o mientes o te equivocas de lleno. Estás atacando a un hombre de paja que has creado tú mismo, porque dices que yo he dicho algo que no he dicho. Mi explicación no es que “deba ser el azar”. Yo simplemente me quedo en la honesta postura de reconocer que por ahora no conocemos la explicación. Y punto. No digo que deba ser el azar porque eso sería concluir algo de manera anti-científica, que es lo que haces tú al concluir que la explicación debe ser un creador consciente.
 
            Fernando Aguirre. Estoy rebatiendo a Monod no a ti, Luciano. Dices que “miento”, lo cual me parece un poco duro. Es cierto que tú no dijiste (expresamente) que el azar es la explicación de todo. Sólo me acusaste de dejarme llevar por una “sensación” no científica con la explicación que yo acepto: el Universo tiene un diseño inteligente y dotado de teleonomía. Eso es comprobable empíricamente: el universo produce seres inteligentes capaces de medir el tiempo desde la creación e interrogarse sobre su significado. En todo caso no te estoy rebatiendo a ti, sino a Monod (premio nobel de química y agnóstico) que fue el que inventó que la explicación era el azar. Y como esa explicación contradice la primera ley de la termodinámica (entropía) inventó lo de la teleonomía de la materia (atea y tan indemostrable como la teleonomía del “diseño inteligente”).
 
            Si el mero azar fuera el motor entonces la evolución del universo no podría tener otro sentido que el de la entropía, o sea la ley física según la cual la flecha del tiempo se mueve en el sentido de una corriente desorganización. El nacimiento mismo del universo sería una improbable casualidad, y además no debería tener sentido, ni debiera ser comprobable, plantear la hipótesis de un nacimiento, el universo infinito en tiempo y espacio está allí y debería existir así desde siempre y para siempre. No obstante estamos en un universo, en el que las más modernas teorías científicas nos dicen que nació en un cierto momento (un big bang previo al cual no sólo no existía el universo sino que no existía el continuo espacio-tiempo como lo percibimos) y que se expande. O sea que estamos en un universo limitado en el espacio y en el tiempo y que evoluciona. Vamos más despacio, no digamos todavía que evoluciona: limitémonos a afirmar que cambia. La pregunta es ¿los cambios en la energía y en la materia, que ha descubierto la investigación científica en el s. XX revelan un sentido en la evolución o no? La evidencia empírica nos dice que sí tiene un sentido: o como le hacía decir Arthur C. Clarke a un personaje de 2010: No sabemos qué diablos es, salvo que es muy grande y que tiene un propósito.
 
            Luciano. Falacias. Primero: Fernando, también he dado la opción de que te equivoques de lleno. Tú sabrás cuál de las dos es. Segundo: Como quieras, pero yo no soy Monod ni comparto su idea. Tercero: Del hecho de que en el Universo haya seres capaces de medir el tiempo y preguntarse sobre su significado no se deduce que el Universo haya tenido un diseñador inteligente. Y mucho menos puede decirse que eso sea “comprobación empírica”. Es impresionante tener que leer tamaño disparate. Tu conclusión se llama Falacia Non Séuitur o falacia de la conclusión desmesurada. Ya llevas DOS falacias en tu discurso. Pero seguramente habrá más.
 
            Galileo. ¡Ay Fernando! Vas sobrao de datos, pero tu “convicción” no es fruto de ellos, sino de la falta de respuestas, que tú interpretas (esto es un ejemplo) como lo haría un primitivo habitante del neolítico: si no es humano, y aquí solo estamos nosotros, pues será que en algún sitio hay alguien que mueve los hilos. Por el contrario, yo veo una gran incógnita y no soy capaz de sacar de ello ninguna conclusión. Quizás influya, que las religiones en general y el cristianismo en particular, están basadas en hechos absurdos, imposibles y oscurantistas, que no invitan al optimismo. Si por algún motivo un día decidiera aceptar que existe un Creador, lo que nunca podría hacer es asociarlo a ninguna de las religiones que conozco. La posibilidad de un ente supremo que nos ha puesto aquí, tranquiliza y elimina esa negra idea de la eterna oscuridad o de la nada eterna, y ese, y no otro motivo, me ha parecido siempre el causante de nuestra credulidad. No tengo ninguna esperanza en el género humano y, por asociación de ideas, tampoco la tengo en un hipotético Creador, y mucho menos que seamos a su imagen y semejanza, que más que un halago es un insulto. El universo es brutalmente violento, como la naturaleza aquí en nuestro planeta, como los animales y como nosotros. Una creación deshumanizada, sin sentimientos, basada en la muerte de unos para la supervivencia de otros, en la destrucción como único camino para seguir creando. No puedo creer en un Dios que para salvarnos de no sé qué, no tiene una mejor idea que matar cruelmente a su hijo. Ni siquiera el más malvado de los humanos concebiría un plan tan cruel, y mucho menos si dispone de otras opciones donde elegir.
 
            Lo siento Fernando, pero la realidad es más elocuente que todo lo demás, y, además, está aquí a nuestra vista y no es necesario especular nada. Es difícil imaginarse un ente, que partiendo de una explosión generara de forma programada todo aquello que conocemos y lo que ignoramos, nosotros mismos, con la capacidad de tener conciencia de existir, e incluso capacidad para llegar a conocer cuál fue nuestro origen, aunque no sepamos el camino recorrido hasta llegar aquí. Si existiera algo así con ese poder ¿Su creación qué sería? ¿Su parque temático? Un entretenimiento. Un proyecto de algo. ¿De verdad piensas que nos está esperando para lo que sea? Vamos, que ha estado esperando13.000 millones de años a que yo muera para decirme que estoy destinado a Regulares en Melilla. No sé cuál es el porcentaje matemático de que esto o algo parecido sea cierto, pero sea cual fuere, me trae sin cuidado, porque la cosa es tan absolutamente kafkiana que flipo
 
            Fernando Aguirre. Amigos todos: creo que ya hemos tenido suficiente y pido disculpas por el exceso de mis datos y citas. Hemos llegado a un punto en el que lo que importa son las convicciones profundas. Yo no veo ninguna falta de respuestas, sino respuestas claras. Yo creo en el Universo en evolución de acuerdo al plan de Dios. Yo creo en el Alpha y Omega. Yo creo en el Dios de Amor. Pero además yo percibo esa realidad “del otro lado”, donde ustedes sólo ven oscuridad y desesperanza. Así que no pretendo convencerlos. Al final esta discusión se generó sobre un texto de un cientifico agnóstico que creía que podía dar porcentajes sobre la propabilidad o improbabilidad matemática de la existencia de Dios. Juntó la tontería con la soberbia, No los incluyo a ustedes en eso. Un abrazo grande.
 
            Impresionante, ¿no les ha parecido? Por lo menos… para pensar. Gracias Fernando, gracias Galileo, gracias Luciano. Un fuerte abrazo a los tres.
 
 
            ©L.A.
           
 
 
 
 
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